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6 Opinión SÁBADO 5 8 2006 ABC AD LIBITUM DESDE MI BUHARDILLA CORRUPTORES Y CORROMPIDOS RANCISCO Hernando Contreras, más conocido por El Pocero ha pasado a ser el personaje del verano. El hombre entiende que, como los huevos fritos y los guardias civiles, los yates han de ir por parejas, y así los luce. Uno de ellos atracaba ayer aquí, en las páginas de ABC. Pero no en las de lujo y glamour, en las especializadas en la amenidad que viaja con el calor. Tampoco en las de sucesos, que, dicho sea de paso y como símbolo de nuestro tiempo, atiborran de contenido todos los medios de comunicación. El barco de Hernando ilustraba las páginas de la información política nacional, y no porque en su borda hayan sido vistos, más de una vez, figuras estelares de la vida pública, tal que EduarM. MARTÍN do Zaplana, José Bono o FERRAND Jaume Matas; sino porque, llegado al súmmum el runruneo de las especulaciones urbanísticas, sus 46 metros de eslora han pasado a ser el icono que resume la cara y la cruz del fenómeno. Visto con los ojos de la buena voluntad, el fastuoso yate de Hernando podría ser el emblema de su éxito. Empezó con poco menos de nada, en un pozo, como señala su apodo, y ha conseguido el gozo de la riqueza a base de trabajar mucho y seguido durante años. Hernando podría ser un héroe calvinista y recibir invitaciones para dar conferencias en las escuelas de negocios de medio mundo; pero en España, ya se sabe, cualquier euro obtenido en el negocio inmobiliario, en cualquiera de sus ramas, se convierte en sospechoso. Es natural. El caos urbanístico es tan grande, y tan irritantes los excesos que de él se derivan- -en las costas o en el interior, que ahí están Seseña, Morata de Tajuña y otros lugares de secano- que se ha generalizado el pensamiento de que las casas, mejor que con ladrillos, se hacen con influencias. Desde Marbella a Benidorm, donde los hoteles son más altos que la ley, no hay municipio en España, y creo que tampoco en la Europa continental, en el que parte de su porte pueda ser atribuida a los juegos del mercado. De ahí que, cuando se husmea sobre la potencial influencia de los hernandos que por el patio son, convenga elevar el punto de mira para encontrar la diana que interesa. No se puede inventar una ciudad nueva, de miles de habitantes, sin la autorización y o la complicidad de alguna instancia administrativa local o regional. Lo interesante no es, en este entendimiento, quiénes suben o dejan de subir a bordo del yate de El Pocero sino quiénes lo financiaron, generosos o interesados, con una vista gorda o una diligencia desusada en lo administrativo. Nos pasamos la vida dándole vueltas a la corrupción, el gran cáncer de la democracia; pero, por alguna extraña razón, nos interesan más los hipotéticos corruptores que los ciertamente corrompidos. Los corruptores son la patología de la iniciativa privada, pero los corrompidos suponen la descomposición de todo el sistema público, representativo, en el que asentamos nuestra convivencia. Por otra parte, tener barco no es pecado. CUBA LIBRE F C para el apetito local. Sí que había mucha flaca por las UANDO viajé a La Habana, no lo hice directaesquinas, dispuesta a darle un beso a cualquier jaramente desde Europa. Estábamos, el Vitorio y be de palo. yo, pasando unos días en Jamaica, y se aproxiEl guía que nos atendía y vigilaba, un muchacho maba la fecha de mi cumpleaños. En un hotel- poblado muy culto y nieto- -según nos dijo- -de emigrantes de la Bloody Bay- -una preciosa bahía que debe su canarios, nos llevó a los lugares de interés nos larnombre a una legendaria escabechina- en la intimigó el discurso oficial con sus pequeñas pinceladas de dad de un bungalow sitiado por aguas estancadas, miironía disidente, y luego, hastiado de su propia licias de cangrejos gigantes, tábanos del tamamonserga, nos propuso ir a tomar unos daiquiño de un dedo y otros enemigos del hombre ris. Nos acompañaba una pareja de daneses blanco (como los propios camareros, que se más interesada en los efectos del ron que en los partían de risa cuando un rostro pálido era víclogros del compañero Fidel, y un joven nortetima de alguna desgracia tropical: No proamericano que desapareció de repente y no volblem, man decidimos trasladar el festejo a vió a farsi vivo en toda la estancia, y al que algún puerto más franco del Caribe, más que nuestro ambiguo cicerone acabó denunciando nada para no acabar encariñándonos con la LAURA a la Policía. Todavía me pregunto si no he partisimpática malaria. La isla más cercana era CuCAMPMANY cipado de extra en una película de espionaje. ba. Tomamos un avión por no ir a nado. Viví en Cuba uno de los momentos más mágicos de Dios mío, ¡qué gozo, aterrizar en mi planeta! Allí los mi vida. Sentada en el lounge de un hotel, bajo una seres humanos hablaban español y no parecían deseocúpula de cristal por la que se filtraba una luz inenasos de rebanarte el pescuezo. El aire acondicionado rrable, con varios mojitos entre pecho y espalda, de la habitación goteaba, los muebles parecían salitreinta años recién estrenados, un penetrante olor a dos de una película de los años sesenta, había carteles tabaco y un infinito abandono a los sentidos, oí de del dictador por todas partes, a los palacetes del Malerepente, a mis espaldas, los acordes de una guitarra y cón se les caían los colores, los coches que circulaban una voz entre dulce y desgarrada que entonaba mi por las calles eran carne de desguace, La Habana Viebolero favorito. A Esteban (abreviatura de este ja recordaba a las ruinas de Babilonia, las nubes amebandido que es como llaman a Castro en la isla sus nazaban tormenta, la tormenta nos empapó hasta los aterrorizados detractores) sólo lo vi en pintura. En la tuétanos, pero aquello, de algún modo, era casa. publicidad de su propia barba. Demasiado augusta paEn la imponente catedral, rezaban muy a sus anra un país tan oprimido, y demasiado rala para un chas cuatro mujeres. En una tienducha de la plaza en país tan entero. Los más sospechamos- -si a estas altula que entramos por curiosidad, los estantes estaban ras no tenemos la certeza- -que al incombustible Cotan vacíos que daba vergüenza mirarlos: una garrafa mandante se le han cerrado los párpados. En buena de aceite, un saco de alubias pintas... Con eso tenhora. Y que empieza otro tiempo para el pueblo cubadrían que conformarse los muy livianos cestos de la no, quién sabe si de sangre o de rescate. Ojalá que de compra. Yo no vi leche para los niños en ninguna parjusticia y esperanza. Yo, como buena española transite. Ni chocolate, ni aceitunas, ni nada que les quitase toria, sé bien que sólo existe una receta: fabríquese el hambre a los desheredados del mundo. Los filetes con gracia un cubalibre, y añádanse unas gotas de de cerdo de la Bodeguita de Enmedio, o los casi manja requiescat in pacem res del Floridita, no estaban pensados, ni emplatados,