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ABC SÁBADO 5 8 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC LA BATUTA DE VERDI El Estado es, se diga lo que se diga, un buen, cuando no el mejor, valedor de las políticas de solidaridad. El Estado fortalece la cohesión interterritorial y el desarrollo de las acciones de coordinación y colaboración... IVIMOS un tiempo en que el Estado, ese omnímodo Minotauro del que hablaba Bertrand de Jouvenel, se encuentra en franco retroceso. Hoy queda poco de aquel lo stato todo poderoso y aguerrido de los siglos XVI y XVII; del Minotauro que habilita la propagación de las ideas liberadoras del hombre durante la Aufklärung (la Ilustración) del Minotauro romántico y expansionista que, encabezado por Napoleón Bonaparte, lleva, a golpe de cañón, las ideas revolucionarias francesas a lo largo de un continente europeo transformado en campo de batalla; del Minotauro nacionalista de un Fichte, Madame de Staël, o Manzini- ¡nunca quizás tan floreciente! -que hace de los Estados- naciones el más ansiado modelo de convivencia política; en fin, del Minotauro incluso del extinto siglo XX, pues si bien imprime su afán expansionista en la fiebre totalitaria del nacionalsocialismo alemán y el comunismo soviético, éste conoce también ya los gérmenes de su autodestrucción- -la disolución del Imperio Austrohúngaro y la balcanización de la desaparecida Yugoslavia- Un Minotauro, en consecuencia, como el de las obras de Picasso, cansado, viejo y guiado por una niña, que en este caso no nos atrevemos a identificar. Mala tempora currunt pues para el Estado. En efecto, la Teoría del Estado, aquella disciplina ocupada tradicionalmente del estudio de su naturaleza y elementos, cada vez recibe menos atención. El jacobinismo- -como acontece con todo exceso descontrolado- -es denostado como la más perversa expresión de lo que no debe ser un modelo de organización política moderna y democrática. Y, por si fuera poco, el centralismo, frecuente en los Estados unitarios, se equipara a toda forma de Estado retrógrada y crepuscular, olvidando que existen importantísimos modelos de organización político estatales descentralizados- -Estados Unidos, Alemania y ¡la propia España de las Autonomías! así como Estados centralistas inequívocamente democráticos- -la actual Francia de la V República. V ne, aunque poco, a proceso de conformación nacional, y a elementos comunes, tiene que ser de forma inmediata e inexorable desechado. Sin embargo, a nuestro juicio, el Estado sigue desplegando una labor insustituible en la satisfacción de la seguridad de los ciudadanos, como atestiguan, cuando se produce su acentuado debilitamiento o fáctica inacción, los procesos de deconstrucción de las Repúblicas de la Unión Soviética y de algunas antiguas democracias populares. El Estado garantiza unos mínimos parámetros de unidad jurídica y económica en todo el territorio. El Estado es, se diga lo que se diga, un buen, cuando no el mejor, valedor de las políticas de solidaridad. El Estado fortalece la cohesión interterritorial y el desarrollo de las acciones de coordinación y colaboración. El Estado sigue presentándose, en la línea del artículo 16 de la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano de 1789, como un referente para la protección de los derechos fundamentales y libertades públicas del ciudadano, por encima de peligrosas políticas sectorializadas. El Estado, en fin, garantiza, como nadie, el mantenimiento de una idéntica forma ideológica (la conformación del Estado español como Estado social y democrático de Derecho) de su forma de Estado (la Monarquía parlamentaria) y de un único, aunque pluralista, ordenamiento jurídico. ¡Dicho todo lo cual, soy, desde hace mucho, un convencido asimismo defensor del Estado de las Autonomías! nomía- -a los casos de la Comunidad valenciana y Cataluña seguirán pronto Andalucía, Aragón, País Vasco y Baleares- desconocer su cualidad indefectible de centro de imputación política; siendo difícil argumentar sólidamente frente al mismo una construcción alternativa y superadora. Y si no lo creen, deténganse también a examinar el proceso, aunque de momento fallido, de la Constitución europea, construida básicamente sobre la realidad estatal, en cuyo artículo I- 1 se afirma, sin ambages, que La presente Constitución que nace de la voluntad de los ciudadanos y de los Estados de Europa... así como del artículo I- 5: La Unión respetará la identidad nacional de los Estados miembros... na realidad que se encuentra, es cierto, en retroceso en la política nacional, demasiado influenciada por las irredentas y perennes reivindicaciones nacionalistas, pero no así en muchos Estados del entorno. En efecto, Francia ya habría dicho no a un proceso de asunción competencial específico para Córcega en julio de 2003; después vendría la redefinición de la política del Reino Unido en Escocia, Gales y el Ulster; a continuación, el fortalecimiento del Estado federal alemán frente a los Länder, encabezada por la canciller Angela Merkel, en coalición con el Partido Socialdemócrata, hace unos meses; y ahora, recientemente, a finales del pasado junio, Italia ha rechazado el referéndum federalista que pretendía extender mayores cuotas de autonomía (educación, sanidad y orden público) De aquí que hayamos arrancado estas páginas con el nombre del gran Giuseppe Verdi, nacido en La Roncole, en un caserío del Ducado de Parma en 1813, cuando dicha región se encontraba aún ocupada por las tropas napoleónicas. Pronto nuestro hombre sufriría la influencia de Alejandro Manzini y su obra I Promesi Sposi (Los Novios) sin duda, imprescindible para entender la formación de la lengua italiana- -desde el toscano de la Florencia de Dante- -por encima de los distintos dialectos. Y qué les voy a decir, de su ópera Aida, donde su Va Pensiero Vuela sobre las alas doradas del pensamiento... himno del coro de Nabucco, se transforma en canción nacional frente al Imperio Austrohúngaro. Sin olvidar, como hasta su nombre era utilizado acrónimamente para referirse a Vittorio Emanuel, Rey De Italia el añorado Monarca escogido por Cavour para unificar Italia. Lo que explicaría su elección como diputado en el primer Parlamento del Reino de Italia y después su designación como senador vitalicio. Así las cosas, ¿dónde está hoy nuestro Verdi? Me temo que es más que problemático encontrarlo, aunque no sea músico. U E n suma, es imposible, ahora que se ha puesto en marcha un proceso creciente de asunción de nuevas competencias autonómicas, con ocasión de las reformas de los Estatutos de Auto- na existencia, por tanto, mortecina, que adquiere especiales tintes de desafectación en la España de hoy. Por más que, también hay que reflejarlo, el terreno venía, dados los excesos uniformizadores del franquismo, de alguna manera abonado. Un contexto pues tergiversado, que extiende la idea de que toda política nacionalista, especialmente si es activamente disgregadora, es intrínseca y apropiada para la renovación y mejora de la convivencia política. Habría que poner así término- -se nos sermonea- -al rancio, encorsetado y esclavizador Estado; una antigualla, la estatal, que asfixiaría y encadenaría las justas ansias de libertad- -y hasta de secesión e independencia- de los territorios de la España constitucional. En este contexto, todo lo que sue- U PEDRO GONZÁLEZ- TREVIJANO Rector de la Universidad Rey Juan Carlos