Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
8- 9 40 LOS VERANOS DE BANDIDAS Dos escotes y un destino FEDERICO MARÍN E l filme Dos hombres y un destino se abría con una confesión: Gran parte de lo que sigue es cierto En Bandidas no sólo habría que retocar la frase de forma sustancial, sino que además no hay nada que desvelar; lo más importante está a la vista. Paul Newman y Robert Redford no eran, desde luego, tan exhibicionistas como la humilde Pe y la aristócrata Salma, que si unen sus destinos y se convierten en atracadoras de bancos sólo es para luchar contra el opresor yanqui. Butch Cassidy y Sundance Kid, quienes además eran unos cobardes (los auténticos, no los de Hollywood) y se conformaban con el dinero. La película se mete así en un atolladero político del que sale airosa gracias a un guión plagado de eso que podemos llamar, de una manera un poco pedante, elipsis. Con dos puntadas de crítica antiimperialista, Luc Besson y Robert Mark Kamen (que empezó a hacerse un nombre con las tres primeras patadas de Karate Kid dan por sentado el bagaje cinematográfico del espectador y se toman con irónico distanciamiento lo que en otras manos habría derivado en una secuela necesariamente pobre de ¡Viva Zapata! Se agradece. La argucia les permite ir al meollo de un salto y concentrarse en lo que importa, rodar una comedia de acción con dos morenazas que se llevan la cámara al huerto sin necesidad de pestañear. Ahora bien, ¿qué hacen dos directores noruegos y un guionista francés con una española y una mexicana como pro- tagonistas de una película del Oeste? Errar el tiro, por supuesto. El guión es insuficiente y tacaño con el sentido del humor, mientras que su laudable ingenuidad parece fingida, una artimaña para no espantar al público familiar. Ni siquiera la pelea entre las dos mujeres, sin barro ni malicia de por medio, es suficiente para concitar el morbo. Por lo menos, da gusto o consuelo saber que las dos amigas se lo han pasado a lo grande. En las plateas, pese a las virtudes reseñadas y a que no faltan razones para el disfrute, será más difícil encontrar entusiastas. Ar meno un quejío Fusión musical y cinematográfica ERIK FAU El flamenco billy de los Mártires del Compás llega hoy a los cines de Madrid, Barcelona, Cádiz y la Línea de la Concepción con Ar meno un quejío segundo largometraje del director Fernando de France. Esta atípica road movie que entremezcla el documental y la ficción echando mano de recursos metacinematográficos, fue galardonada con la Biznaga de Plata a la Mejor Película en la sección ZonaZine del Festival de Cine Español de Málaga 2006. Los encargados de introducir la ficción en la cinta son tres actores, Vicenta Ndongo, Paul Berrondo y Álex Brendemhül, que comparten protagonismo con los componentes del grupo y, en especial, con su líder, Chico Ocaña. El director asegura que la elección de un género mixto responde a dos razones: por un lado, la naturaleza híbrida de la música de Mártires del Compás y, por otro, De France considera que sus conocimientos de flamenco son insuficientes para dirigir un documental estándar. El productor, Luis Miñarro, definió Ar meno un quejío como una película totalmente libre que se ha hecho al contrario de como se hace todo en el cine: no había guión previo y no se planificaron ni el rodaje ni las localizaciones, que se repartieron finalmente entre España, Italia y Cuba. Dir: Joachin Roenning, Espen Sandberg Int: Penélope Cruz, Salma Hayek, Steve Zahn, Sam Shepard Nac. Francia, México, EE. UU. 2006, Duración: 93 minutos Calificación VERANO EN BERLÍN Cine alemán de sangre caliente E. RODRÍGUEZ MARCHANTE E l cine alemán, así, de entrada, asusta un poco, por su densidad, su seriedad, su no sé qué plumbeo y tristón. Bien, pues quien así piense debe ver Verano en Berlín para equilibrar esa idea, porque la película que firma Andreas Dressen es justamente todo lo contrario, para bien y para mal. Se aborda una historia luminosa, soleada, con su punto triste y vecinal, que protagonizan dos mujeres berlinesas que viven intensamente sus gracias y desgracias, y que las trasmiten diluidas entre líquidos de humor y corrientes de simpatía. Tal vez Andreas Dressen sea un alemán muy serio y denso, pero en tal caso se esfuerza en liberar de ese peso la historia que nos cuenta, hasta el punto de introducir en ella a un personaje absolutamente caricaturesco, tan cómico como despreciable, que espanta a manotazos (en realidad, lo subraya) lo que de amargo y desagradable tiene el paisaje cotidano de esas mujeres solas o mal acompañadas, que viven al día el trabajo y el amor, ambos siempre maniatados con contratos basura... El principal rasgo de este nuevo cine berlinés consiste en su modo de mirar: Andreas Dressen adora a sus personajes feme- ninos, y esa simpatía es la que exhalan sus dos protagonistas. Del mismo modo, decide tener una mirada entre divertida y severa hacia el personaje masculino, tarea a la que contribuye con precisión el actor Andreas pues resulta absolutamente cargante y patéticamente gracioso. Hay también, entre todo ello, una contemplación ácida hacia los modos y maneras de la vida en la ciudad, a las penurias a que nos somete y las insatisfacciones que nos provoca. Y es una contemplación como de cámara urgente, que se amolda a la cotidianidad y a las prisas de haber tenido que rodar en el verano berlinés, algo que es visto y no visto. Director: Andreas Dressen Nacionalidad: Alemania, 2005 Intérpretes: Inka Friedrich, Nadja Uhl Duración: 107 minutos Calificación