Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS El director de orquesta Herbert von Karajan y la soprano Elisabeth Schwarzkopf, en una imagen de 1983 AP Schwarzkopf Fallece la prima donna assoluta Ayer murió, a los 90 años, la soprano alemana, nacionalizada británica, Elisabeth Schwarzkopf. Contemporánea de María Callas, fue elogiada por la inteligencia con la que hizo uso de su voz POR ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE Elisabeth Schwarkopf disfrutó de una rigurosa y bien asimilada formación, pero también de la fortuna de ser partícipe de una de las épocas doradas de la interpretación, a la que, no debió ser por casualidad, pertenecen algunas de los más importantes grabaciones de la historia. Tiempo después, el productor John Cunshaw llamó a los sonidos congelados de aquel tiempo el teatro de la mente Y tenía razón. Cada uno de los milagros que la técnica fue capaz de fabricar, en varios de los cuales está impresa la huella de Schwarzkopf, se ha mantenido con el marchamo de lo que el mercado anglosajón bautizó como referencia Algo que fue posible gracias al trabajo de quien llegó a convertirse en su marido, Walter Legge, un rey midas capaz de equiparar una interpretación a un ideal. Por eso fue él quien quiso que Schwarzkopf añadiera los agudos que le faltaban a Kirsten Flagstad en la legendaria grabación de Tristán e Isolda dirigida por Furtwängler. Porque, por encima del testimonio personal del intérprete, importaba la más exacta recreación de la obra. La que más tarde, sin ayuda, Schwarzkopf fue capaz de otorgar a la mozartiana Donna Elvira o a la Mariscala del straussiano Rosenkavalier de una riqueza inagotable, elegante, mordaz, elegíaca, prácticamente perfecta Impecable en la técnica Se ha dicho de Schwarzkopf que fue la diva del siglo, la prima donna assoluta Impecable en la técnica, como demuestran las grabaciones realizadas desde 1946, momento en que conoce a Legge; hasta 1959, cuando la voz empezó a declinar. Coincidió todo ello con su lanzamiento internacional respaldado por unas Bodas de Fígaro cantadas en Salzburgo junto a Karajan, director también en su primera versión en disco. Elsa, Fiordiligi, Melisande, Margarita, Manon, Sophie, Butterfly... vinieron después, y todas ellas, al lado de una imponente carrera como liederista. Apoyada en su voz fresca y brillante, llena de alegría, no muy amplia pero admirablemente proyectada, con encantadores pianísimos agudos en palabras de su riguroso mentor y marido, tras cuya muerte, en 1979, Schwarzkopf se despidió definitivamente de los escenarios. Luego vinieron clases magistrales y alguna esporádica intervención como directora de escena. Y siempre, a su lado y ya en el recuerdo, el imborrable talento de quien fue confirmada por los dioses con todo aquello que jamás se aprende: el color, el matiz, la flexibilidad, la expresividad... el arte del bien cantar. in ánimo de ofender, entre todos los cantantes que por el mundo cabe encontrar habría que distinguir muy especialmente a aquellos que defienden la más importante de las tipologías vocales: la inteligencia. Tan peculiar instrumento es también, como la voz, inherente al cuerpo humano y, como aquélla, de naturaleza resbaladiza. Apenas algunos síntomas son capaces de revelar su existencia: el acierto a la hora de seleccionar el repertorio, la astucia para adaptar la técnica a las condiciones personales, la sabiduría para caminar por las obras con el rigor que el arte de la interpretación exige; encontrar la emisión adecuada, ajustarse a lo deseado por el compositor, en S definitiva, leer con provecho lo que la partitura expresa. Sin duda, Elisabeth Schwarzkopf, nacida en Jarocin (Poznan) el 9 de diciembre de 1915 y fallecida ayer en su casa de la localidad austriaca de pertenecía a semejante comunidad. Inteligente y aplicada, pronto manifestó sus condiciones en la Escuela Superior de Música de Berlín, donde acumuló primeros premios, y se ejercitó, al margen de con la voz, con el piano, el órgano y hasta con la viola. Elisabeth Schwarkopf disfrutó de una rigurosa y bien asimilada formación, pero también de la fortuna de ser partícipe de una de las épocas doradas de la interpretación