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2- 3 40 LOS VERANOS DE FACTOR 32 del primer héroe de color de los cómics, Luke Cage; y le quitó la letra h a su nombre de pila. Aprendí a leer en los cómics- -afirma Nicolas Cage- -Pero mi nombre, Nicholas Coppola, nunca lo cambié legalmente, aunque se haya convertido en mi nombre surrealista Su madre, Joy Vogelsang, fue coreógrafa; su tía es la actriz Talia Shire, la esposa de Rocky en la pantalla. A pesar de esas vinculaciones artísticas, Cage siempre escondió su vocación cuando era pequeño: El deseo de convertirme en actor lo mantuve en secreto bastante tiempo. Nadie en mi familia sabía que yo quería seguir esa carrera Su vocación surgió a los quince años, cuando vio Al este del Edén con James Dean. Me impresionó la escena cuando Dean ha conseguido los dólares para el cumpleaños de su padre, y éste lo rechaza recuerda. Nada me había llegado más hondo en mi vida, ninguna canción, ningún cuadro. Pensé que podía inluso cambiar el mundo con un buen guión ¿En qué gasta los millones que gana? ¿Cuánto dinero lleva encima ahora? ¿Quiere revisar mis bolsillos? (Se ríe) La verdad, nunca llevo dinero en efectivo conmigo. ¿Es verdad que vive en la casa de Dean Martín? -Es mi casa ahora. Pero mucho antes de ser famoso me compré un descapotable que también le había pertenecido a Dean Martin. ¿Admira tanto a Dean Martin? -Las dos cosas fueron pura coincidencia. No sabía que era su coche cuando lo compré. Y tampoco adquirí mi casa porque antes hubiera sido suya. Si se fija, también trabajé en la película Hechizo de luna donde se escuchaba la canción That s Amore que Dean Martin había hecho famosa. Es él el que me persigue a mí. -Y usted, ¿cómo reacciona cuando lo persiguen sus admiradores o lo reconocen en la calle? -Yo sé muy bien que si no fuera por mis admiradores hoy no estaría aquí. Por eso son muy importantes para mí. Y sé lo que significa el hecho de conocer a alguien que uno admira y que termina por desengañarnos personalmente. Por eso siempre hago lo posible por tratar bien a la gente, aceptando firmar las fotos y los cuadernos de autógrafos que ponen a mi alcance. De verdad, es un placer hacerlo. ¿La fama hace la felicidad? -No vas a encontrar la felicidad total como una estrella de cine. Siempre vas a sentir que hay algo mejor. Y eso es algo que enfrento día a día. Todavía hoy lucho entre lo material y espiritual. No todo luce como aparenta. Sin la cámara, yo soy igual que cualquier otra persona. Entre copas hasta que llegaron las burbujas orracha y más gorda que ayer (pero menos que mañana) he decidido que si me detiene la policía por hacer eses sin lápiz voy a proferir insultos contra los mormones. No tendrán la culpa de todas las guerras del mundo, pero a mí no me gustan las camisas de manga corta con corbata. Digamos que no ando borracha porque esté de moda, como demuestran Mel (opea) Gibson o Pamela Anderson y su marido, que en todas las fotos de la boda salían con una copa o botella en la mano. Estoy borracha (y voy a empezar a decir embriagada, que es lo que diría Doris Day) y más gorda gracias al Govern de les Illes Balears que nos ha llevado de excursión a un par de bodegas y al restaurante de Koldo Royo (donde Maragall compartía mesa con Alberto Aza, y de donde salió con cinco coches) Carlos García Calvo mantiene la divertida teoría de que los excelentes productos mallorquines, si los tomas en Mallorca, no engordan. Así que uno puede hincharse a sobrasada, a ensaimadas, a coca de trampó, a coca de verduras o a galletas de Inca en la isla sin miedo. Soy muy fan de Carlos, pero supongo que para no engordar tendría yo que ser ministra de Sanidad, princesa (que no es cierto que las niñas ya no queramos ser princesas; otra cosa es que queramos casarnos con un príncipe) o Miss China. Antes de sucumbir con los tres sorbos, tres, a los tres vinos (blanco, tinto y roble) de la exquisita y pequeña bodega Son Puig, he decidido que quiero vivir en Mallorca, como George Sand, pero sin tener al lado a un flojo como Chopin. Además, aquí, por si se me antoja delinquir, la cárcel tiene dos piscinas (y ningún famoso) Quiero vivir en una possesió como la de los Alabern (Son Puig) en el valle de Puigpunyent (con microcli- B ROSA BELMONTE A Pamela Anderson también le chiflan las burbujas ma incluido) en plena sierra de Tramontana. Hombre, una siempre ha querido ser Angela Channing, pero esto es como más fino, más tirando a los Gioberti. Bueno, más fino todavía. Y voy a empezar a cambiar la expresión más limpio que una patena por más limpio que Son Puig Viendo la propiedad y, como diría el anuncio, usted podría comer en su propio fregadero, que había que ver el del laboratorio, una pieza antigua rescatada. Se trata de una empresa familiar en la que hasta el arquitecto que ha acondicionado la planta baja de la possesió como bodega es uno de los hijos. Una empresa donde, al ser de reducidas dimensiones, se pueden permitir el lujo de hacerlo todo: la uva en sus viñas (entre ellas Callet y Premsall Blanc) la elaboración del vino (iba a poner caldo, pero es que me da la risa) y el embotellado. De Son Puig, nos fuimos para la bodega Macià Batle, en AFP Santa María del Camí. Después de la visita, más degustación. De vinos y de otros productos delicatessen que fabrican. Por ejemplo, unos deliciosos tomates secos con aceite de oliva que también elaboran ellos mismos. De aquí me llevaría la espectacular mesa de catas con tierra de Santa María bajo el cristal. Luego llegaría el restaurante de Koldo Royo. A esas horas ya cantaba Espineeete, el amigo de los niños Después de empezar con el Collit de Fruits (blanco) me quité la vergüenza y pedí una coca- cola (desde que Melanie Griffith se pidió un café con leche en Segovia mientras comía cochinillo, ya me corto menos) Es que más que de Entre copas soy de Entre burbujas Pero los efectos del vino todavía me duraban por la tarde. En la rueda de prensa de Maragall en el Parlament no le entendí nada. Claro, que sobria tampoco me entero. EL AGUIJÓN Si no fuera por Carmen Martínez- Bordiú nos aburriríamos muchísimo. En un alarde de imaginación, y en su nueva vida de señora de provincias, su última exclusiva nos la muestra en el mercado. Comprando como cualquier vecina. Cogiendo con las manazas un pedazo de pescado. Y poniéndose al lado de un puesto de verdura