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52 VIERNES 4 8 2006 ABC FIRMAS EN ABC MIGUEL TORRES PERIODISTA DE PERIODISMO Y COMUNICACIÓN Pasan los siglos, y el periodismo sigue siendo materia de enfrentadas opiniones... E N el mismo día se han publicado dos noticias, en apariencia contradictorias, sobre periodismo. La primera informaba que el acceso a los estudios de periodismo y comunicación y audiovisual en el distrito universitario de Madrid, especialmente en la Carlos III, requería, junto a medicina, la nota más alta, por encima del ocho. Según la otra noticia, basada en una en- cuesta, la profesión de periodista, y la de militar, eran las que peor imagen tenía entre los encuestados. Pasan los años, y pasan los siglos, y el periodismo sigue siendo materia de enfrentadas opiniones. El periodismo es la locomotora del progreso (Víctor Hugo) Los periódicos son los ferrocarriles de la mentira (Barbey d Aurevilly) El periodismo conduce a todo, siempre que se sepa dejarlo a tiempo (sabiduría profesional) Al periodismo le ha hecho tanto daño esa imagen idealizada, mitificada, producto muchas veces de la literatura y el cine, como esa otra imagen denigratoria que el rencor político y social ha vertido sobre ella. Es posible que esa imagen idealizada sea el motivo de que actualmente haya en España diecisiete mil estudiantes de periodismo y cuarenta y cuatro mil de comunicación y audiovisual en treinta universidades y centros educativos superiores. Además muchas empresas periodísticas aceptan en sus master a licenciados de otras carre- SOLEDAD BENÍTEZ- PIAYA CHACÓN ABOGADA LA PROMESA DE MATRIMONIO L A Ley 15 2005 de 8 de julio por la que se modifica el Código Civil y la Ley de Enjuiciamiento Civil en materia de separación y divorcio, ha supuesto un giro de ciento ochenta grados sobre la concepción que hasta ahora teníamos de estos procesos. Tal como recoge la citada Ley en su exposición de motivos, el divorcio se concebía como último recurso al que podían acogerse los cónyuges cuando era evidente que, tras un dilatado período de separación, su reconciliación no era factible. Se exigía demostrar el cese de la convivencia o bien la violación grave y reiterada de los deberes conyugales Se ha pretendido con esta ley la libertad, como valor superior de nuestro ordenamiento jurídico, y que esta tenga su más adecuado reflejo en el matrimonio Hasta aquí no tengo nada que objetar, si bien entiendo que con esta reforma, parece que sólo se ampara el derecho a romper el vínculo argumentando que, nadie tiene que permanecer unido a quien no quiere La pregunta es: ¿quien ampara al que quiere permanecer unido? Con la nueva redacción del art. 86 de nuestro Código Civil, se decretará el divorcio, a petición de uno de los cónyuges, habiendo transcurrido tan solo tres meses de la celebración de la boda, y no siendo necesario alegar causa alguna: basta la decisión unilateral. En este punto, lo que me llama poderosamente la atención de esta reforma es la escasa ó nula relevancia que parece suponer el hecho de que, una persona se vea casada (por voluntad propia) y divorciada (sin que se cuente con ella para nada) en menos de cuatro meses. ¿Nadie ha pensado que esta persona ha podido cambiar muchas circunstan- cias de su vida movida por esa decisión, que le suponía un compromiso de futuro? Ha podido dejar el trabajo, su ciudad, su familia, ha podido vender su casa para adquirir otra en una ciudad diferente, etc. ¿quién la compensa por ello? Pues según la redacción de la ley, nadie. Sin embargo, hay que tener en cuenta que este razonamiento que hago no tiene aplicación cuando se producen situaciones de maltrato, en cuyo caso, tal como se establece en el art. 81,2 no debe existir plazo alguno para interpone la correspondiente demanda. Llegado este punto, no deja de causarme cierta sorpresa el hecho de que el artículo 43 del Código Civil permanezca sin reforma alguna por la nueva Ley. Este precepto señala expresamente que el incumplimiento sin causa de la promesa cierta de matrimonio hecha por persona mayor de edad o por menor emancipado sólo producirá la obligación de resarcir a la otra parte de los gastos hechos y las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio prometido De la lectura de este artículo se desprende que, si alguien promete a otro contraer matrimonio y no lo hace sin alegar causa que lo justifique, debe repararlo del perjuicio que le haya podido causar por ese incumplimiento. Como es lógico, al igual que, después de la reforma, no puede obligarse a nadie a permanecer casado si no quiere, tampoco puede obligarse a nadie a casarse si ese no es su deseo, tal como viene establecido en el art. 42 del Código Civil. La búsqueda de un consentimiento matrimonial libre en el momento de la celebración del matrimonio es lo que lleva a esta falta de eficacia vinculante de la promesa de matrimonio. Sin embargo, esto no puede servir pa- ra desproteger al interviniente que confía de buena fe en la realidad de lo prometido y realiza actividades económicas con las miras puestas en dicha comunidad futura. Por tanto, y según nuestro Código Civil, las consecuencias del incumplimiento, conllevan la obligación de resarcir al interviniente que no incumple (no al incumplidor, obviamente, que debe responsabilizarse de las consecuencias de su decisión) En este sentido, entiendo que son resarcibles los gastos hechos en consideración al matrimonio, es decir, todos aquellos gastos que realice el interviniente de buena fe con miras al futuro matrimonio, por ejemplo, los gastos que uno de los contrayentes realizase en concepto de obras en casa del otro contrayente en atención a la celebración del futuro matrimonio (en este sentido, STS 27- 3- 1958) o bien los derivados de la compra de una vivienda, traslados, etc. debiendo estar al caso concreto y valorando siempre la presencia de esa intencionalidad. También entiendo que son reparables las obligaciones contraídas en consideración al matrimonio, es decir responsabilidades generalmente económicas a las que hay que hacer frente, por ejemplo, la contratación de la fiesta posterior a la boda ó el viaje de novios, etc. Aquí valdría una frase de Baltasar Gracián A menos palabras, menos pleitos Y es que hay que tener cuidado con lo que uno se compromete. En este punto, la conclusión a la que he llegado comparando estos artículos es un poco disparatada: prometerse en matrimonio y no llevarlo a cabo puede dar origen a una demanda judicial que pretenda resarcir a la otra persona de los gastos y obligaciones contraídas en relación a este, demanda que podrá interponerse contra el incumplidor en el plazo de un año contado desde el día de la negativa a la celebración del matrimonio. Sin embargo, si el matrimonio se llega a celebrar y a los tres meses uno de los contrayentes decide divorciarse, dejando al otro literalmente en la estacada, el código nada prevé al respecto. ¿Es esto lógico? ras y les enseñan los conocimientos prácticos necesarios para trabajar en una Redacción, con lo que el volumen de aspirantes en busca de una salida se incrementa aún más. ¿Qué porvenir les espera a todos? Allá por los años cincuenta, en la vieja Escuela de Periodismo de la calle Zurbano de la que salieron tantas promociones de periodistas, cayó en mis manos una novela inglesa que en aquella edad me produjo bastante impresión. Se titulaba La calle de la aventura y se desarrollaba en Fleet Street, la calle londinense en la que residían las redacciones de los grandes periódicos británicos. El protagonista era un joven que acude a su primer día de trabajo lleno de esperanzas y de angustias. Al entrar en el despacho del director éste, sin corresponder al saludo, le lanza con sequedad: deje usted en el perchero, junto con su abrigo y su paraguas, sus ideas políticas Brusca manera de dejarle claro al neófito que no hay más ideas, ni más intereses, que los de la empresa, y que no hay más libertad que la que coincide con la ideología de la empresa editora. En aquellos tiempos se llegaba al periodismo con una fuerte vocación literaria y política, y con una inquieta ansia de reporterismo. En cierto modo las redacciones de los periódicos se asemejaban a las de las décadas anteriores en las que, como rompeolas, se fundían aspirantes a la gloria literaria, soñadores políticos y reporteros de muy críticas intenciones. No estaban tan lejanos los tiempos descritos en obras como La novela de un literato de Rafael Cansinos Assens, que retrata los tiempos que murieron con la guerra civil. Han cambiado los tiempos, y el periodismo es profesión universitaria, y ha cambiado la tecnología, con la locura de internet, hasta el punto de abrir nuevos caminos personales e independientes para el ejercicio de la información y la opinión, pero en condiciones heroicas. Difícil salida ahora para esos miles de estudiantes universitarios de los que hablábamos al principio. Serán muy pocos los que lleguen a ejercer el periodismo, porque hay pocos periódicos y porque las empresas atraviesan en general situaciones económicas difíciles. Lo mismo ocurre con las radios y las televisiones, cuyos servicios informativos son extraordinariamente costosos. Afortunadamente para las nuevas promociones hizo su aparición ese fenómeno de ambiguos límites llamado comunicación en el que pululan oficinas de prensa, gabinetes de comunicación, gabinetes de imagen, chiringuitos de asesoría, oficinas de relaciones públicas y de producción audiovisual, todo un entramado al servicio del gobierno o de la oposición, de las autonomías y de los ayuntamientos, de los partidos políticos, de los organismos públicos y privados, de empresas multinacionales y nacionales, de bancos y grandes corporaciones, de entidades y de clubes poderosos, todos dispuestos a pagar por una imagen pública saludable y a bombardear con sus propias noticias, naturalmente positivas, los medios de comunicación... Ahí habrán de buscar trabajo la mayoría de los actuales estudiantes. Y sentirse muy satisfechos lo que lo encuentren.