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30 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO JUEVES 3 8 2006 ABC Soldados israelíes se sirven de la ayuda de un mapa para interpretar las instrucciones de mando antes de cruzar la frontera hacia el sur del Líbano AP Es noche cerrada y de fondo se oye el constante cañoneo de la artillería. A sólo dos centenares de metros les espera la feroz resistencia de Hizbolá, en el sur del Líbano Shalom, morituri te salutant J. CIERCO METULA BEIT HILEL (Norte de Israel) Shalom, los reservistas que van a morir, y a matar, te saludan, y se despiden. Caras pintadas de guerra, de camuflaje. Camuflaje que puede servirles, o no, en un sur del Líbano que se parece demasiado al infierno al que se dirigen en un autobús como los que toman los chavales para ir a la escuela, no para ir a la guerra. Guerra que no cesa, que se prolonga, que se traga uno a uno a todo aquel que apuesta por llevar la contraria, por imponer su palabra. Palabras que no salen de sus bocas, cerradas a cal y canto para el periodista, pero no para su madre o para su novia. Novia que contesta, con la voz temblorosa, la llamada de un móvil que transmite una dramática despedida, un móvil que el recluta no llevará encima, que se quedará en el autobús. Despedida que puede ser un hasta luego, un adiós, un hasta nunca. Nunca se han visto en otra como ésta, a las diez menos diez de la noche, junto al paso fronterizo de Metula, a punto de subir a un autobús con su uniforme verde oliva, con su cara pintada de verde y de negro, con su mirada tan perdida como su sonrisa. Sonrisa que brilla por su ausencia en esas caras anónimas, que no desean identificarse por respeto a su familia- -muchas saben que sus hijos están en el norte, pero no se imaginan que entran en el sur del Líbano para medir sus fuerzas a Hizbolá- que no dicen esta boca es mía y se limitan a contestar al saludo cortés de este corresponsal con un shalom silbado entre dientes. Dientes que castañean. No de frío, sino de miedo, de respeto, de temores varios y diferentes a casi todo. Todo lo que les espera, en menos de cinco minutos de autobús, es como para echarse a temblar, como para sentarse a pensar. Territorio comanche Pensar en algo, en alguien, agarrarse a un recuerdo del pasado, a una mirada del presente, a una ilusión para el futuro. Futuro que pasa por territorio comanche, territorio enemigo, territorio desconocido, donde se juega a la guerra a cámara rápida, donde se disparan balas de verdad, donde caen proyectiles pesados, donde participan milicianos chiíes dispuestos a morir matando cuantos más judíos mejor. Mejor sería no estar aquí ahora debe pensar un chaval de menos de 20 años que sostiene unos segundos la mirada detrás de sus gafitas redondas de empollón de primero de carrera; que baja la cabeza poco después, para evitar una foto no deseada; que empuña con sus dos manos su fusil M- 16 con la misma fuerza con la que late su corazón. Corazón partío que dice una canción por aquí desconocida, pero que muchos tararearían a buen seguro de haberla escuchado antes, demostrando los sentimientos encontrados que se apoderan de ellos, ese miedo nada disimulado frente a ese orgullo compartido, ese respeto por el enemigo- Hizbolá no es Hamás dicen los soldados- -frente a un odio nada disimulado por todo lo que significa la amenaza chií para el norte de Israel. Israel ha llamado a filas a miles de reservistas que se mezclan y se confunden con otros miles de reclutas refugiados en un silencio atronador que corta la respiración, acelera el pulso, enturbia el alma. Alma, corazón y cerebro unidos para una batalla a la vuelta de una esquina por la que se gira a la derecha, se encara una cuesta pronunciada y se vuelve a girar, en este caso, a la izquier- da, para llegar a la puerta de ese infierno donde no hay taquillera que venda entradas, donde no hay acomodador que guíe a uno hasta el asiento. Asiento asignado en este autobús que va a oscuras, que arranca sus motores, que emprende su ruta, que esperará a los jóvenes reclutas y a los maduros reservistas, para traerles de vuelta. Muerte de ocho compañeros Una vuelta que a Moshe le costó mucho emprender, tras 48 horas de guerra en Bint Jbail donde murieron ocho de sus compañeros de armas; donde padeció cosas que no deseo ni a mi peor enemigo donde no tienes tiempo de sentir el miedo, ni de pensar donde miras, corres, te proteges, disparas, matas y mueres donde el destino decide lo que te toca vivir cada momento Un destino que parece más despejado que hace unas horas para Moshe, de regreso ya en Beit Hillel, donde narra en voz baja como sólo te das cuenta de lo que has vivido cuando regresas a la base, cuando te lavas la cara, cuando respiras hondo, cuando piensas en que a lo mejor no vuelves a ver a tu familia, cuando comprendes que la muerte ha pasado muy cerca y te das cuenta que las guerras son muy caras Shalom. Paz. Israel ha llamado a filas a miles de reservistas que se mezclan y se confunden con otros miles de reclutas