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ABC JUEVES 3 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA PANTOJA O LA ESFINGE H DIFÍCIL COMERCIO MUNDIAL D ESPUÉS de varias sesiones agotadoras, el domingo 23 de julio, se suspendían en Ginebra las negociaciones de la Organización Mundial del Comercio. Fue un grave fracaso. El proceso, abierto en Doha hace cinco años, debía cerrarse con un avance del comercio multilateral. El 21 de julio se reunían el director de la OMC, Pascal Lamy, con la representante americana, el comisario europeo y los ministros indio, brasilero y japonés. Debían firmar un convenio multilateral que sustituyera los 200 acuerdos bilaterales que rigen hoy el comercio entre estados. Al final, de madrugada, la negociación encalló. Un clima de derrota se extendió por el mundo. ¿Fue la representante de Estados Unidos, Susan Schwab, quien impidió el acuerdo? Eso es sólo una parte de la verdad. Es cierto que las próximas elecciones americanas de noviembre influyeron. Pero el problema que late silenciosamente en el comerDARÍO cio del mundo viene de 50 años atrás. VALCÁRCEL Algunas previsiones anuncian que la administración Bush podrá perder en noviembre la mayoría en las dos Cámaras. Si fuera así, sería difícil lograr un acuerdo en junio de 2007 (desde entonces Bush no podrá ya firmar convenios comerciales multilaterales) Según se sabe, las empresas americanas han defendido sus productos industriales y sus servicios en los mercados del mundo. Pero la presión de los lobbies agrícolas americanos ha sido verdaderamente salvaje. La administración Bush, debilitada, ha acabado por ceder. Gran parte de los 300.000 millones gastados cada año en el mundo en subvenciones agrarias se destina a los agricultores de EE. UU. Una vez más, Bush ha tenido que elegir entre resultados a largo plazo y necesidades inmediatas. Roosevelt, Truman o Eisenhower también eligieron entre el corto plazo y la América futura, que ellos no verían. No dudaron. Se arriesgaron por el largo plazo. Enfrentado a EE. UU. en esta batalla, Peter Mandel- son, comisario de Comercio y representante de la UE en la negociación, ha repetido después del fracaso: sólo la OMC podrá anclar a las economías china e india en un verdadero sistema de comercio multilateral. El último viernes, Lamy describía en las páginas del Herald Tribune cómo el colapso de las negociaciones se sentiría de inmediato entre los cultivadores de algodón de Mali, los arroceros de Tailandia o los ganaderos de Brasil, aunque pasara inadvertido en las calles de Nueva York. Las mercancías agrarias, algodón, arroz, carne, son apenas el 2 por ciento de la producción mundial, pero permiten sacar la cabeza a un gran número de hombres y mujeres del mundo: 66 millones de africanos y asiáticos saldrían de la pobreza. El éxito de Doha generaría cada año 86.000 millones de dólares de intercambios, según calculaba el FMI. Hoy estamos ante una nueva amenaza. Todo está conectado. ¿Faltan líderes en el mundo? Tres ejemplos relacionados con la OMC: Peter Sutherland, Pascal Lamy, Rodrigo Rato. Sutherland, hoy presidente de British Petroleum, es antiguo director de la OMC. Hubiera sido candidato a la presidencia de la Comisión Europea pero su país, Irlanda, no lo presentó. Pascal Lamy fue también comisario europeo después de ser durante ocho años director del gabinete de Jacques Delors. Hoy dirige la fracasada OMC. Pero Lamy es un alto funcionario francés formado en la ENA incapaz de doblar. Rato, vicepresidente económico de 1996 a 2004, dirigió la recuperación económica: control de la inflación, del desempleo y del déficit. No fue propuesto como sucesor en el PP por José María Aznar. Quizá era demasiado capaz. De pronto, Rato fue elegido director gerente del Fondo Monetario. Hay algunas coincidencias en Rato, Lamy y Sutherland: son cabezas frías, con gran capacidad de calentamiento. Los tres son penetrantes, rápidos: poco tendentes a deformar, mentir. Los tres transmiten un mensaje tácito, siempre cumplido: pase lo que pase, yo no le voy a engañar a usted. En los tres el mensaje es convincente, de asombrosa fuerza. Los tres han mandado. Quizá vuelvan. A cumplido los cincuenta escondida en una finca sitiada por los paparazzi mientras por las noches en la televisión una tribu de frikis le hace la autopsia a su biografía sentimental con la dedicación forense de Jack el Destripador. Sus amores y desamores son materia fragorosa de un debate nacional a cara de perro, en el que partidarios y detractores se enzarzan en directo mediante una batalla de sms, cuya crudeza dialéctica alcanza la altura de nuestros mejores pleitos históricos de garrote y navaja. La Pantoja es un mito en estado puro, una figura desbordada por una leyenda abismal que brinca sobre los surcos de la sangre, el honor, el sexo, la corrupción, las pasiones, el espectáculo, IGNACIO la tragedia y el folclore. CAMACHO Ya lo era, pura leyenda castizade tonadilleraenamorada deun torero, aquella lúgubre tarde de septiembre en que la sombra de Manolete se dejó caer en Pozoblanco sobre un mozo de ojos azules cuya mirada de agonía se desparramó en un vídeo escalofriante en el que se le oía llamar al doctor Vila. La viuda de Paquirri se convirtió en la viuda de una España antigua de luto y encaje, y desde entonces le persigue una maldición tan honda como su determinación de hacerle frente con la intensidad de una heroína griega criada en la orilla del Betisromano, unamezcladesgarrada de Yocasta, Clitemestra y Carmen que debería encarnar en el cine Irene Papas. Ha cruzado sin complejos las fronteras borrosas del amor prohibido, ha desafiado convenciones y habladurías, se ha enfrentado a la vida con una furia mitológica y ha acabado asumiendo, con el semblante dolorido y la mandíbula alta de una cigarrera indomable, el papel de la hembra de un bandolero célebre. Ni Merimée ni Rafael de León habrían concebido una pasión tan turbulenta. Este país tan propenso a las dualidades dramáticas está ahora dividido entre pantojistas y antipantojistas, que se enfrentan en noches y sobremesas de infamia bajo los focos implacables de la telebasura. Los fiscales buscan en las cañerías de la corrupción marbellí el modo de hacerle un paseíllo judicial acusada de reencarnar a lady Macbeth, y algunos políticos contienen el aliento temerosos de que salgan a la luz ciertos conciliábulos y mediaciones por los pasillos del poder virreinal andaluz. Pero la Pantoja es una esfinge muda que purga silencio a sabiendas de que vale lo que calla, y sólo abre la boca para cantar viejos romances de pena negra en galas veraniegas que de repente se han convertido en citas de un morbo eléctrico, como preludios quietos de una tormenta. Yo la vi hace veinte años, en un estadio repleto, convocar los fuegos fatuos de la nostalgia por el héroe muerto; miles de mecheros se mecían en la noche al compás de una copla que hablaba de amor más allá de la muerte. Desde aquella sesión de espiritismo colectivo creo a esta mujer tan poliédrica capaz de cualquier prodigio esotérico. Incluido el de salir viva de sus cenizas tras dejarse quemar en la hoguera morbosa del misterio.