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ABC MIÉRCOLES 2 8 2006 49 FIRMAS EN ABC puso al descubierto a algunos de ellos, que por asistir al mismo se vieron desterrados. Los nombres de aquellos que bordearon la legalidad deben ser aquí citados: Joaquín Satrústegui, Juan Antonio de Zulueta, Joaquín Garrigues Walker, Enrique Larroque de la Cruz, Fernando Chueca Goitia, Antonio Fontán, Rafael Calvo Serer, Carlos Ollero, Antonio García Trevijano, Luis González Seara, Jaime Miralles, Vicente Piniés, Joaquín Muñoz Peirats, y un largo etcétera, entre los que se cuenta como testigo y necesario cooperador el que esto suscribe, y que al rebuscar en la hemeroteca, firmamos entre 32, el 2 de julio de 1976, un manifiesto, reclamando referéndum, reforma constitucional, amnistía y libertades. Allí nos acompañaban socialistas como Felipe González, Paulino Garagorri y Enrique Tierno Galván, democristianos como Oscar Alzaga y Ruiz Jiménez, socialdemócratas como Paco Fernández Ordóñez, y comunistas como Amando López Salinas y Ramón Tamames. El nexo, pues, existió y ni la dictadura, ni los nostálgicos del franquismo en 1976- 77, ni el 23 F, pudo con nosotros. Desde entonces ha llovido mucho, pero las distintas intentonas liberales: UCD primero, en solitario después, en 1979, el Partido Liberal, en el que compartía cartel en Madrid con José Alcalá Zamora y Emiliano Aguirre. La Federación de Clubs Liberales, con Antonio Garrigues; el CDS, con Suárez; y el Partido Reformista, con Miguel Roca, las Fundaciones Salvador de Madariaga, Foro Jovellanos (Eduardo Punset y más tarde el que suscribe) y Ortega y Gasset (hoy magníficamente dirigida por Antonio Garrigues Walker y Fernando Rodríguez de la Fuente, defendiendo el legado del Colegio Estudio y la Institución Libre de Enseñanza) jalonaron y jalonan la imposibilidad del centro izquierda liberal, pues es el sistema electoral, con la actual ley, el que prima las minorías localistas y que castiga a los partidos nacionales que no son hegemónicos. Como ya es sabido, con ochocientos mil votos, Izquierda Unida tiene 2 Diputados, y CIU, con idéntica cifra, tiene once. Habrá futuro sólo si se reforma la Ley Electoral, y esto, hoy por hoy, es un imposible metafísico, salvo cambio de régimen permitiendo, pues las últimas encuestas (Noxa- Vanguardia) dan un 44 4 por ciento al PSOE y un 36 8 por ciento al PP, IU anda por el 4,8 por ciento, CIU con el 3,2 por ciento, ERC, 1,8 por ciento, y PNV, 1,5 por ciento, y salvo que no nos pongamos a gritar ¡Viva Numancia independiente! lógicamente en Soria, o ¡Viva Cartagena! en la antedicha, nuestras probabilidades son inexistentes, salvo que nos insertemos en alguno de los grandes partidos, pues los quinientos o seiscientos mil votos de un centro liberal, en los que siempre hemos oscilado, inclinarían la balanza en un sentido u otro, evitando que sea el nacionalismo el que siga teniendo la sartén por el mango. Y eso que se palpa, se huele, la profunda decepción que el pueblo español tiene con la situación actual. Bueno, un vaso aguanta hasta que la última gota rebosa el borde. ¿Cuál será la última gota? ¿Falta mucho para ello? o más bien poco, si se hace caso a los rumores medioambientales crecientes. BERNARDO RABASSA ASENJO SOCIÓLOGO. PTE. DEL CLUB LIBERAL ESPAÑOL IN MEMORIAM DE LA SAGA LIBERAL Defendían el progreso, ante la miseria moral del Frente Popular... A izquierda liberal es el título de un libro de Javier Moreno Luzón. Un libro de biografías, de once biografías de los liberales con los que entroncamos los liberales del presente, exiliados por la apropiación del concepto izquierda por el PSOE en el poder, que muchas veces los hace suyos, olvidando que hay una pequeña pero inmensa diferencia, y es que no eran ni somos marxistas. No se debe olvidar que el socialismo procede de una escisión de la Internacional Comunista y que la dialéctica marxista enfrenta al capitalismo contra el proletariado. Claro, que se les han caído los palos del sombrajo, dado que la riqueza de los países propiciados por los liberales les han dejado sin proletariado obrero al que redimir, y por lo tanto andan a la caza de ideas falsamente progresistas con las que ilustrar una ideología socialista que ya no tiene ningún sentido, salvo el totalitarismo de pensamiento único, de las clases medias enriquecidas, y que han transformado los países occidentales en mesocracias que precisan de ideologías, como la liberal, que defiende las libertades ciudadanas, de los individuos, dándoles nuevas ilusiones, al hacer al hombre individual e irrepetible, el centro antropológico del presente, del pasado y del futuro. Es solamente sintiéndose uno a uno trascendentes, como podemos soportar te, ni quisieron instalar una república marxista, como sí lo deseaban Largo Caballero y los comunistas, Carrillo, Pasionaria, etc. sino única y exclusivamente ilusionar a la España de aquél entonces con el desarrollo de la ilustración, la educación y la riqueza. Defendían el progreso, ante la miseria moral del Frente Popular, algunos de ellos, los que tuvieron que convivir o enfrentarse con quienes querían implantar el sistema soviético, en la piel de toro. Se menciona su krausismo originario, pero se olvida que ese casi desconocido filósofo en Alemania fue inspirador de la Institución Libre de Enseñanza. Hubo también algunos otros intelectuales, que han sido injustamente olvidados en el libro antes mencionado: Ortega y Gasset, Salvador de Madariaga, Justino de Azcárate, Pérez de Ayala, Gregorio Marañón, el doctor Teófilo Hernando, que por modestia no aceptó la presidencia de la República, pero sí don Niceto Alcalá Zamora, y, por qué no, Julián Marías. A tres de estos últimos me cabe el enorme orgullo de haberlos conocido personalmente, y de poder decir que aportaron el hilo conductor que, salvando la dictadura, nos llevó a 1978, a los que habría que añadir a dos catalanes: Tarradellas y Ramón Trías Fargas. El franquismo impidió a los no exiliados ningún desarrollo liberal, pues de inmediato eran tachados, censurados, vituperados, impidiendo que sus escritos vieran la luz, hasta la muerte del dictador. No obstante, el contubernio de Munich L con paciencia o con alegría nuestro paso por este mundo, que de tan cruel como es a diario, sólo nos podría consolar la fe en la vida después de la muerte. Aunque mucho me temo que el hombre posmoderno se ha dado ya cuenta que esta hipótesis tiene pocas posibilidades de realización. ¡Ojalá pudiera ser de otra manera! De modo que si nos ponemos a vivir el día a día, o nos sentimos trascendentes por ser únicos y con ilusiones éticas y solidarias, o entraremos en la depresión, o en la dispersión artificial del hedonismo dominante. Once biografías: Canalejas, Melquíades Álvarez, Joaquín M López, Santiago Alba, Sagasta, Negrín, Salmerón, Flórez Estrada, Manuel Azaña, Victoria Kent y Fernando de los Ríos. Cada personaje es biografiado por un historiador distinto, pero todos ellos han sido seleccionados por ser progresistas, término polisémico del que hoy en día se abusa en forma masiva y monopolística, especialmente por los socialistas, que intentan apropiarse de esas figuras como propias, cuando no son sino intelectuales y políticos de origen burgués, catedráticos, médicos, ingenieros, que bebieron en las raíces liberales del siglo XIX: los liberales de Cádiz y los que formaron el Partido Liberal, hasta la Dictadura de Primo de Rivera. No fueron revolucionarios, ni siquiera en la República, y en la Monarquía preceden- JOSÉ MANUEL CUENCA TORIBIO CATEDRÁTICO IMPRECISIONES E ofrece aleccionador comprobar a diario cómo en una civilización que tiene como fundamento e ídolo la precisión, las referencias históricas suelen adolecer justamente de lo opuesto, esto es, de vaguedad extrema e inexactitud flagrante. Uno de los contenciosos diplomáticos más estridentes, el suscitado por el gas boliviano, se ofrece como un acabado ejemplo de lo antedicho. Con buena técnica propagandística, el presidente Evo Morales redondea los años de integración de su país en la corona española hasta elevarlos al medio milenio; redondeo a todas luces excesivo y, sin duda, carente de base cronológica e historiográfica. Ni aun a la mitad llegó la posesión efectiva de la tierra natal del famoso líder cocacolero del lado de su antigua metrópoli; cifra, según se observa, notablemente inferior en términos temporales a la vinculación de Hispania al imperio romano, cuyos dirigentes siem- S pre estuvieron muy imantados por las inagotables riquezas del subsuelo de nuestra Península... Pero, por supuesto, no vamos a engolfarnos aquí y ahora en la trillada controversia en punto al régimen colonial y balance de los sistemas de explotación de las potencias dominantes o invasoras. Unicamente se pretende observar como la fórmula efectista de los quinientos años repetida ad nauseam por el flamante gobernante boliviano le ha rendido unos réditos políticos entre la opinión pública muy superiores hasta el presente de los derivados de su propia gestión, reducida, en esencia, al plano del espectáculo. Aunque el expolio de las míticas riquezas de metales preciosos albergadas en las entrañas del territorio del Tihuantisuyo no estuviera, desde luego, en relación directa con el tiempo de estancia de los españoles y éstos pudiesen llevar a cabo su esquilmador latrocinio en una o dos centurias, es obvio que ni los resultados ni las secuelas de esta opresora actividad serían los mismos al recortar drásticamente la presencia y control hispanos de Potosí y demás legendarios lugares del solar de los antiguos los quéchuas y aymiraes... Mas, naturalmente, no admite comparación el efecto provocado en la angustiada conciencia de occidente y en la hiperestésica de las naciones empobrecidas del planeta por una requisitoria de cinco siglos que por otra de menor trayectoria temporal. En cualquier foro internacional o tribuna pública y, aún más, en toda mesa negociadora, la impresión producida por el mencionado argumento será de muy distinto calado en función de su fuerza temporal y no de su vigencia o exactitud histórica. En épocas de mayor densidad conceptual, la precisión del lenguaje y la solidez intelectual eran elementos muy preciados en los usos y costumbres públicos. De manera algo inconsciente si se quiere- -bien, sin embargo, que sería más justo atribuirlo al producto de una educación basada en el rigor y gusto por la verdad- las sociedades conocían que en tales comportamientos residían los mejores antídotos contra la demagogia y la manipulación informativa.