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12- 13 40 LOS VERANOS DE CIUDADES POR JUAN ÁNGEL JURISTO no jala y por eso metió gol el Panadero Díaz. Ese da gusto como traga. ¡Pum! de un huaracazo lo dejó sentao al arquero ése con nombre de pedo... Sí, sí, ése que se llama Pof, Mof, y quera el único de su equipo que no tenía apellido argentino. Pero yo me jugué mi partido aparte pa prepará el almuerzo de los muchachos: remojé unos pancitos en leche desde anoche, freí la cebollita en aceite de oliva- -oiga usté, con lo caro ques en Lima- y le metí el pollito todo desmenuzao y sancochaíto. Pero lo bravo fuel picante, poque como aquí nuay ají me fui a la plaza y le pedí a las caseras que me dejaran probar todo lo que picara. Se va morir, doña me decían, pero ellas qué saben de picante. Seguro que si les doy rocoto relleno me las despacho a todititas... Al final lo hice con unos que le dicen algo así como guindoncillos, oiga usté; pero como mi ajicito mirasol nuay nada... Ahora pa ganarle a los polacos voyacer un arroz con mariscos a la chiclayana. ¡Ay, caracho! Como cuete los voyaponé... No, señó, ají de gallina no sobró. Más bien le puedo calentar de ayer. ¡Qué decepción, señores! Después de una campaña digna, digna, digna, la selección peruana cayó por cinco a uno ante Polonia en un partido malo, malo, malo. ¿Qué ocurrió? esperemos que ellos lo sepan... Lo que pasa, señó, es quen el puesto de la plaza yo pedí diez kilos de caracoles y me los dieron todos empaquetaditos. ¿Cómo iba sabé lo que mestaban dando? ¡Eran caracoles de tierra, señó! Desos de los jardines, todos cachudos y babosos. ¿Quién se va comé tremenda porquería, oiga usté? Pero yo tenía que darle algo a los muchachos y lo único que tenía eran esos bichos. Entonces los saqué uno por uno de su caparazón, los enjuagué con vinagre, me puse arrebozarlos con harina pa que chupara toda la baba y los freí en una salsita de ajo y cebolla. Más tarde agarré y lo revolví todito con tomate, arroz, verduras sancochadas, y al final lo tapé bien solapa con perejil. Nadies se dio cuenta, señó, y se lostaban comiendo bien tranquilitos, señó. ¿Qué son estas cositas negras, Ña Cornelia? y yo les decía champiñón nomás. Estos champiñones tienen cachos, tía sí, sí, pa quen Lima no te saquen la vuelta, pues. Entonces se paró el desgraciado del Rojas que se fue al Cristal y que juega con unas brujas de Bélgica y dijo: ¡éstos son caracoles, carajo! ¡Ay, Diosito! Quescándalo se armó. ¿Cómo les voyadar caracoles? No sean sonzonazos, esto se llama arroz a la polaca- -les dije- pa que se almuercen a los polacos desde ahorita... Menos mal que yo tengo mi autoridá con ellos por que si no, ¡zamba canuta! Pero yo ya sabía que con tanto té y con los caracoles se les iba a soltar el estómago en pleno partido... Oiga usté, deso sí sobró bastante, ¿le sirvo un poquito? ¡Ojoal dato, señores! Gran alboroto en la delegación peruana: dirigentes cuestionados, jugadores que no regresan, cuerpo técnico en desbandada. Es una lástima observar tantas recriminaciones en una tienda que vino muy unida y ¡ojo al dato señores! en este mundial Perú ni siquiera se ha clasificado para la siguiente ronda como sí lo hiciera en México 70 y Argentina 78. Todo indica que se ha cumplido un ciclo en el fútbol incaico y ojalá que todos los peruanos regresen en armonía a su país... ostoy muy molesta, señó... Con el joven Aramburú, señó... ¿Cómo es éso quel jugador peruano está mal alimentao? Esoes mentira, pues. Allén la concentración de Lima yo les daba su menestra dos veces por semana junto con su caucau, sus patitas con maní y encima un bisté encebollao. Lo que pasa es que nos han perjudicao más quea todos con la comida, oiga usté. Los polacos en su país no comían bien y aquí se han beneficiao, los italianos están aquí nomás y seguro que hasta lonchera se han traído, y los de Camerún creo que se han estado papeando a los suplentes. En cambio a nosotros nos ha faltao limón, rocoto, ajicito mirasol, choclo que no he visto, ¡uuuff! De todo, señó, de todo. Por eso es questoy achorada con el joven Aramburú, porque no tiene derecho a estar diciendo poraí que los muchachos han venido mal comidos. ¿Que aquí han comido mal? eso yaé otra cosa, eses problema de organización, pues... Por eso me quedo en Espana, señó, poque estoy resentida y porque ya lescribí a mis sobrinas pa que se vengan con limones y rocoto pa poner ese chiringuito que usté dice... Ojalás que se venda el cebiche aquí en la playa y entonces nos vamos a medias... ¡Uyuyuy! si todos los españoles comen comusté nos vamos parriba... ¡A- rri- ba- Pe- rú! ¿Le sirvo otro platito? La fuente de Cibeles, un icono de Madrid JAVIER PRIETO Y La ciudad como istmo El madrileñismo es un sentimiento genuino que ha hecho estragos. Lejos de cualquier nacionalismo, lo sustituye restándole cualquier contenido reivindicativo para realizarse en una humanidad más amplia. Tiene de afinidad, sin embargo, con aquel el gusto por los colores, las fanfarrias y los trapos, aunque en este caso sean tan pobres que quedan en apaño de modistilla ella y limpia y honrada gorrilla de obrero él. Desde Arniches y Mesonero se quiere ver a un pueblo madrileño que existió sólo en el imaginario literario. De ahí la importancia de Ramón, que aunó el regusto madrileñista de la Restauración y el final de siglo con las vanguardias y un castizismo de nuevo cuño, pero muy real. Ramón metió a Madrid en una modernidad que ni siquiera soñaba, y lo hizo con los tipos populares que, en realidad, habitaban sus calles. Modistas, horteras, sí, pero también churreros, oficinistas varios y chulos solanescos. De Ramón sale el madrileñismo fecundo y poco comprendido, los tiempos no estaban para ello, de lo más fecundo que nos ha dado la estéril postguerra: Edgar Neville, Tono, Miguel Mihura... Pero es en Ramón donde esto comienza. Haga por ver Esencia de verbena película documental de Giménez Caballero donde miramos estupefactos a un Ramón que hace de títere al que se tiran pelotas, un Ramón que nos advierte con una mano enorme, pantagruelesca... Hay allí una visión de Madrid surreal, expresionista a lo Caligari, pero ello no impide que olamos casi la fritura de los churros. Ramón, que publicó una obra genialoide sobre las vanguardias, Istmos, proclama esta ciudad como un istmo más, junto al cubismo, el futurismo o el dadaísmo. Su madrileñismo se tiñe de cosmopolitismo mediante lo castizo. Giménez Caballero como un Marinetti mesetario y él, Ramón, presentándose como rey del Mambo. El secreto: le encantaba su papel de castizo de barrio. No hay más. Eso y un talento especial para la publicidad, que él llevó a lo más moderno de su tiempo, la radio. ¿Qué utilizaría Ramón hoy para hablar de Madrid? ¿y de qué Madrid nos hablaría? Imaginarlo es todo un placer.