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2 8 06 GENTE Isabel Pantoja 50 cumpleaños sin celebraciones La tonadillera, que no pasa por su mejor momento, cumple hoy 50 años rodeada del calor de los suyos y protegida del acoso mediático en Cantora POR BEATRIZ CORTÁZAR T al día como hoy nació Isabel Pantoja en una calle de Sevilla. Hija de Juan Pantoja Chiquetete (como también se conoce hoy a su sobrino) y Ana Martín, la niña Maribel bien pronto despuntó como artista. Era normal. Su padre formó parte del grupo Los Gaditanos mientras que su madre fue bailarina en la compañía de Pepe Pinto y La Niña de los Peines y, más tarde, de Juanita Reina. Para colmo su abuelo fue El Pipono de Jerez un cantaor gitano que también dio que hablar en los tablaos. En este ambiente, lo normal es que Isabel pronto se hiciera artista. Tenía siete años cuando se subió a un escenario por primera vez, y fue en un homenaje a Juanito Valderrama y Dolores Abril, en cuya compañía trabajaba su padre, Juan Pantoja, a quien todos recuerdan como una buena persona. Desde que Isabel Pantoja probara el dulzor de los aplausos, la vida ya no fue igual. Aunque su padre no quería que la niña se dedicara al mundo de los artistas, la cantante, acompañada por su madre, fue poco a poco abriéndose paso en los tablaos. El resto de la historia es una carrera cuajada de éxitos y una gran tristeza: la muerte de su padre que se fue sin saber que su hija iba a triunfar. Para la Pantoja la pérdida paterna fue el trago más amargo de su vida. En 1974 Isabel grabó su primer disco con el maestro Solano. En 1980 conoció a Paquirri. Tres años después se casó con el torero, con quien tuvo a su hijo Francisco. El mismo año que la Pantoja debutaba como madre se vestía de luto por la muerte de su marido. La artista se convirtió en la viuda de España Tardó un año en volver a los escenarios y lo hizo por la puerta grande, con el disco que Perales compuso para ella, Marinero de luces que presentó en una gala inolvidable en el Lope de Vega de Madrid a beneficio de la Fundación Reina Sofía. Desde entonces la vida de Isabel siempre ha sido pasto de titular. Por su noviazgo con Paquirri, por su boda, por su muerte, por su regreso, por sus otros amores, por su amistad con Encarna Sánchez y María del Monte, por su historia con Diego Gómez, por la adopción de su hija... hasta que llegó Julián Muñoz. Es a partir de entonces cuando Isabel comienza lo que se podía llamar su calvario mediático. Está feliz al lado del hombre que ama, pero el escándalo que rodea a Marbella no le deja al margen. Por eso hoy Isabel no está para celebraciones. Tiene a su hombre ingresado en Alhaurín de la Torre. Tiene a todos los medios de comunicación pendientes de sus pasos por saber si finalmente acudirá a visitarle a la prisión. Tiene la angustia de no saber qué pasará, ni cuánto tiempo estará sin su pareja, ni hasta dónde llegarán las sentencias. Para evitar el acoso y en busca de una tranquilidad que anhela más que nada, Isabel se fue el pasado sábado a Cantora donde está con sus dos hijos y su familia. Hasta dentro de una semana no tiene que seguir con sus galas de verano y por eso se refugia en la casa donde también se cobijó cuando quedó viuda y donde puede llorar en silencio y hablar sin miedo a que utilicen sus palabras. Y es que desde que Muñoz fue detenido, Isabel no ha parado de llorar. Visiblemente más delgada y hundida por cómo muchos quieren implicarla en asuntos que ella asegura desconocer, desde luego los cincuenta que hoy cumple no son motivo de fiesta.