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8- 9 40 LOS VERANOS DE Datos prácticos Al dar un paseo por el mercado nocturno del barrio musulmán, hay que vencer los escrúpulos sobre la higiene de algunos puestos ambulantes y degustar especialidades locales en los restaurantes abiertos en plena calle. Para los amantes del lujo, resultará crucial alojarse en el Hotel Hyatt Regency (Kaiyue Fandian. 156, Dong Dajie. Telf: 8723 1234) En las afueras, cerca de la Pagoda del Gran Ganso, también hay numerosos hoteles chinos muy recomendables y con una excelente relación calidad- precio. Una noche debe reservarse para cenar en el restaurante Tang Dinasty donde se puede disfrutar de la comida tradicional de esta estirpe imperial, mientras se contempla un colorista espectáculo de música y danza. (Tang Yuegong. 75, Chang an Lu. Telf: 8526 1633) Para las compras, nada mejor que perderse en el zoco chino del barrio musulmán, sobre todo en las calles alrededor de la Gran Mezquita. Debido al reclamo de los guerreros de terracota, Xi an suele incluirse en los recorridos por China que organizan las grandes agencias turísticas. Más información en: http: www. travelchinaguide. com http: www. sinohotelguide. com Los farolillos y el fuego de los fogones donde se asan los más variados pinchitos morunos en plena calle. Vendedores ataviados con el característico gorro blanco musulmán vociferan las bondades de sus artículos ral, esta fortaleza de 13,74 kilómetros de perímetro es la única que aún se conserva casi íntegra en China y fue erigida en 1374 durante la dinastía Ming (1368- 1644) Con 12 metros de alto y un grosor de entre 13 y 16 metros, se levanta sobre los restos de la Ciudad Prohibida de la dinastía Tang (618- 907) que coincidió con el apogeo de esta población. A escasos metros de la puerta sur del fortín se encuentra el Museo del Bosque de Estelas, que cuenta con 3.000 valiosas lápidas de piedra con escrituras en mandarín. Las más antiguas de ellas proceden de la dinastía Han (206 a. C. -220 d. C. y resumen la Historia de la grafía en el dragón rojo Justo en el corazón de la ciudad se alza la Torre de la Campana, fechada en la dinastía Ming. Edificado en 1384, este torreón de 36 metros que fue reconstruido en 1739 servía para dar la hora. En la vecina Torre del Tambor (1380) un conjunto de bellas y acrobáticas percusionistas también ofrece espectaculares y rítmicos conciertos utilizando sólo este instrumento. Fuera del casco histórico aún despunta la Pagoda del Gran Ganso, construida en el año 652 y de 64 metros de altura. Pero en Xi an no sólo se puede apreciar la rica Historia de China, sino sumergirse también en los oscuros y estrechos callejones de su barrio musulmán, exactamente iguales a los de cualquier zoco de Oriente Medio. En torno a esta zona se concentra la abundante población Hui de la ciudad, una etnia distinta a los Han (la mayoritaria del país) por seguir el rito musulmán. El hechizo de un zoco chino Alrededor de la Gran Mezquita de Xi an, se arraciman tiendas, restaurantes y puestos que cobran vida al ponerse el sol, por lo que su mercado nocturno tiene todo el embrujo de Oriente... tanto del Próximo como del Lejano. En medio de una oscuridad sólo rota por los farolillos y por el fuego de los fogones donde se asan los más variados pinchitos morunos en plena calle, vendedores ataviados con el característico gorro blanco musulmán vociferan las bondades de sus artículos. A pesar de la penumbra que envuelve a sus misteriosas callejuelas, aquí brilla con luz propia el hechizo que desprende un auténtico zoco chino. Hay miles de guerreros de terracota repartidos en tres fosas dados de caballería e infantes. Cuando el viajero haya terminado de maravillarse ante este imponente yacimiento tiene la oportunidad de hacer una visita a la cercana tumba del emperador Han Jing, mucho más sencilla que la de Qin Shi Huang, pero igual de bella. Una vez que haya cumplido con estas excursiones, al turista aún le faltará por descubrir toda la magia de Xi an, que se concentra tras la muralla que marca los límites de la ciudad antigua. Superviviente de los excesos destructivos de la Revolución Cultu-