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6- 7 40 LOS VERANOS DE Múnich Mehta se despide El músico dirigió su último concierto como director musical de la Ópera Estatal Bávara, puesto que abandona para asumir el del Palau de les Arts de Valencia POR JUAN ANTONIO LLORENTE LA VERBENA DE LA PALOMA Noche de verano Música: T. Bretón, y otros. Dir. mus. M. Roa. Dir. escena: M. Bollaín. Int. Orcam. J. A. López, a. Navarro, M. J. Suárez, D. Rubiera, E. Sánchez, M. Pardo, F. Gallar, N. Castejón. Teatro- Auditorio de San Lorenzo de El Escorial. 30- 7- 06 POR ANTONIO IGLESIAS ubin Mehta no tuvo que esperar al final de la larga representación de Los Maestros Cantores para recibir los testimonios del público, que colmó de cálidas ovaciones cada una de sus entradas y salidas del foso. Eran conscientes de que el director judío de origen indio conoce bien esta obra, con la que, ritualmente, siguiendo una antigua tradición, ha cerrado el Festival durante ocho Z años. El tiempo que ha permanecido al frente de la dirección musical de la Ópera Estatal Bávara, que ahora abandona para hacerse cargo en parte del nuevo teatro lírico de Valencia, en cuya apertura recurrirá, como cordón umbilical, al Fidelio que hace unos días dirigía en su casa de Múnich en el que, si bien cambiará la producción de Mussbach por la nueva de Allí, para el cuerpo central del reparto repite elenco. Entre ellos, Peter Sei- Sir Peter Jonas (izquierda) abraza a Zubin Mehta tras el concierto EFE ffer, el tenor triunfante- -en la realidad, y argumentalmente como Stolzing en Los Maestros Cantores wagneriano de primer nivel, con una claridad única en la dicción y una incomparable potencia de voz, capaz de rodar sin aparente esfuerzo. Con él, como Pogner, el inefable bajo Matti Salminen, que también estará en el Fidelio valenciano, y sus colegas de registro Jan- Hendrick Rootering (el amable Sachs) y Eike Wilm Schulte (el retorcido Beckmesser) fueron los destinatarios de los grandes tributos de la noche, junto con la soprano Adrianne Pieczonka, cuajando una abnegada Eva. Al margen, cabe destacar los cinco minutos de gloria que le correspondieron en solitario a otro bajo: el histórico Kurt Moll, que tras 47 años de actividad, 33 de ellos ligado a la ópera bávara, quiso despedir su carrera haciendo su último cameo como el homeless en que se transforma el sereno de la obra original, por gracia de la producción con que Thomas Langhoff da la vuelta al clásico planteamiento de esta obra wagneriana, demostrando que, lejos de faltarle el respeto al compositor y a su obra, este nuevo concepto, aproximándola al tiempo del espectador, trasladando la acción del templo de Santa Catalina de Nurenberg a una anónima iglesia presbiteriana de un barrio popular sin ubicación precisa, hace partícipe al público, que se divierte con los hallazgos que Langhoff introduce en la escena, en la que no faltan peleas callejeras, cheerleaders, turistas inmortalizando con sus cámaras las fiestas, o una televisión retransmitiendo cada detalle del torneo vocal del tercer acto. Una emocionante noche de pañuelos blancos- -la dirección del teatro facilitó uno a cada asistente- -testimoniando despedidas, ya que, a las mencionadas, hay que unir la de Sir Peter Jonas, que, después de 13 años ocupándolo, deja su puesto de sobreintendente. El testigo lo recoge Kent Nagano, que, junto a la dirección musical, se hará cargo del cometido durante dos años, hasta que Klaus Bachler, cumplido el compromiso como Intendente que le une al Burgtheater de Viena, asuma el papel. Tras las más de seis horas del espectáculo, llegó el turno oficialista, cerrado por el secretario de Cultura de Baviera, Thomas Goppel. No. No tenían razón los que discrepaban- -que los hubo al final y a la salida en considerable medida- -de una sesión que si bien tenía como base musical la inefable página de Tomás Bretón, su zarzuela genial sobre un libreto de Ricardo de la Vega, que a todos nos encanta, sin embargo, se titulaba bien a las claras Noche de verano en La verbena de la Paloma sobre la que Marina Bollaín hace una versión dirigiendo una escena que, aunque recuerda a aquellos tipos del Madrid castizo, sobre unos elementos que se nos presentan en un cubo con doce cuadros, o la misma verbena en un vídeo con imágenes tomadas en las fiestas en agosto de 2001, cambia del todo una postura o actitud. Todo cabe, hasta una suerte de glorificación de aquella conocida canción Dos gardenias para ti utilizada como final glorioso de este complejo teatral madrileñista- -en un apreciación personal, jamás admisible- Su interpretación resultó de alta clase tanto por las voces como por su calidad actoral, sin olvidar una bailarina, la iluminación... Existen puntos gratos como esos personajes que juegan a las cartas o a la petanca en la terraza de los cubos, una suerte de leit motiv sobre la china- na con un movimiento de piernas que es personalísimo enganche de una muy conocida actriz. Pero en definitiva, no, no me mueve a elogiar lo presenciado y oído, sino es por su buena traducción y el inevitable recuerdo del garbo y castizo Madrid. Bien la orquesta, mejor todavía los coros. El todo, gobernado por Miguel Roa, siempre campeonísimo en sus lides.