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2 8 06 CULTURA Y ESPECTÁCULOS Stephen Gould y Hans- Peter Koenig, en una escena del Ocaso de los dioses en Bayreuth EPA Bayreuth Cara y cruz POR OVIDIO GARCÍA PRADA Con el El Ocaso de los Dioses ha concluido la decimotercera escenificación de la tetralogía de El Anillo del Nibelungo en los 130 años de historia del festival. Una pura y simple decepción B ayreuth es el único lugar del mundo capaz de estrenar el ciclo- -16 horas de duración- -en el lapso de una sola semana. La expectación que ha acompañado este montaje desde que se conoció que Lars von Trier y Christian Thielemann asumirían la dirección escénica y musical, se mantuvo hasta el último acto del ciclo. Escenográficamente, esta cuarta parte, salvo la sidérea escena inicial de las nornas, ha sido una pura y simple decepción. El palacio de los gibichungos asemeja la subestructura geométricamente estéril de un estadio deportivo con pilares y escaleras. Lo demás fue un hastiante reciclado, incluso incongruente, de decorados anteriores, con las hijas del Rin convertidas en ninfas de estanque y la misma cantera- roca de la valkyria, sin un leve giro siquiera, utilizada también hasta la saciedad en La Valkyria y Sigfrido La escena final de la destrucción de Walhall se reduce a la quema de los dioses en efigie y el ajetreo de una falsa alarma de incendio en el palacio real. Originalidad incomprensible, perturbadora del flujo musical. St. Gould cantó un Siegfried mejorado, pero sin cumplir las expectativas. Mostró una alternante desigualdad, indicativa de inmadurez: a pasajes cantados con bello timbre, a veces baritonal, y destellos heroicos, sucedían otros con voz opaca, inexpresivos e incluso desafinando notas. Es aún joven y, en principio, puede madurar. Otro de- butante, Hans- Peter König (Hagen) fue la voz descollante, tal vez la mejor del ciclo: su fulminante bajo es vigoroso y posee la suficiente oscura aspereza para transmitir la perversidad del personaje. Suficiente vigor tiene también la voluntariosa L. Watson (Brünnhilde) pero su gran riesgo es caer en las alturas en un vibrato estridente, y cae con frecuencia. Con estos mimbres se trabaja. Las voces que en el mundo pueden cantar con aplomo las partes de Wotan, Siegfried y Brünhilde se cuentan en cada caso con los dedos de la mano, y aún sobran dedos. Completaron el reparto G. Fontana (Gutrune casi inaudible paradójicamente en los registros medio y grave) A. Marco- Buhrmester (Günther) no tuvo su día, y M. Fujimura (Waltraute no muy sobrada y público benevolente) Cumplieron A. Shore (Alberich) y el trío de nornas, superior al de las ninfas. El coro masculino, como siempre, explosivo, dúctil y compacto. Se rumorea que Thielemann intervino masivamente en la escenificación, no sólo imponiendo los preludios e intermedios a telón cerrado, como quería Wagner. Declara que no puede dirigir algo que visualmente le molesta La producción está verde, muy verde. En vista de las insuficiencias escénicas y canoras la inspiración dramática se ha refugiado en el foso. Thielemann elaboró con claridad transparente la densa textura de motivos, especialmente compleja en El Ocaso Abucheos a la dirección escénica y aclamación a la musical con 30 minutos de aplausos.