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28 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO MIÉRCOLES 2 8 2006 ABC Bint Jbail es la auténtica espina clavada en el seno del Ejército hebreo. Allí tuvieron que retroceder la semana pasada al encontrar una fuerte oposición por parte de la guerrilla chií y ahora piensan volver para aniquilar a la resistencia. Por las farolas y postes eléctricos que quedan, cuelga la imagen del jeque Nasralah, el líder de Hizbolá Viaje al corazón de Hizbolá TEXTO Y FOTO: MIKEL AYESTARÁN BINT JBAIL. Todas las guerras tienen su punto clave. En el caso del enfrentamiento entre Israel e Hizbolá, este lugar se llama Bint Jbail, una pequeña localidad del sur del Líbano en la que la milicia chií tiene su cuartel general. Durante las últimas semanas el Ejército hebreo ha intentado tomar este pueblo empleando todo el poder de su fuerza aérea y de su infantería, pero no ha podido. El pueblo está destrozado. Parece que un terremoto ha asolado sus calles y apenas cuatro casas se mantienen en pie. Un terremoto provocado por bombas y misiles que ha dejado tras de sí una imagen apocalíptica. En sus calles huele a muerte y poco a poco se van rescatando decenas de cadáveres de civiles y milicianos que descansan bajo los escombros. Aquí se ve a la guerrilla. Un ejército fantasma, una fuerza oculta de gente joven, muchos vestidos de civil, que se mueve en motos y furgonetas con el AK- 47 y el walkie talkie preparados para dar la señal de alarma. Bint Jbail es Hizbolá. Las imágenes de su líder, el jeque Nasralah- -que nació en la cercana localidad de Bazorieh- las banderas amarillas del movimiento y las fotos de sus mártires cuelgan de cada farola, de cada poste eléctrico, que aún permanece en pie. Los tanques llegaron a escasos cien metros del hospital. Los podíamos ver desde la ventana. No pudieron avanzar más. Los soldados israelíes entraron al casco urbano con sus fusiles de asalto, pero no conocían el terreno y cada día era una masacre para ellos. Por eso tuvieron que retroceder, porque no estaban dispuestos a sacrificar sus vidas. Lo contrario que Hizbolá, cuyos hombres saben que están aquí para morir por Líbano El doctor Fouad dirige el hospital Mártir Salah Ghandour de Bint Jbail, bautizado así en honor a un miliciano del Partido de Dios muerto en la anterior guerra con Israel. No pueden matar a una ideología a base de bombas. Aquí todos somos Hizbolá y amamos al partido El ruido de las explosiones en la frontera anunciaba la nueva ofensiva del Ejército hebreo somos Hizbolá y amamos al partido porque es el único capaz de defendernos sentencia el doctor Fouad, que se salvó milagrosamente del ataque. El alto el fuego anunciado por Israel- -que se ha respetado sobre todo durante el día- -ha servido para que los supervivientes del pueblo abandonen los sótanos donde han permanecido los últimos veinte días. Convoyes de Cruz Roja, Médicos Sin Fronteras y prensa internacional han aprovechado esta tregua para acercarse a este lugar y todos han vuelto con familias locales en sus vehículos. El miedo, el hambre, la sed y la desesperación está marcada en sus rostros. Mohamed Abed Schara y su madre, Fátima Al Isra, salieron ayer de su casa por prime- ra vez. Han aguantado a base de aceitunas y no saben cómo ha quedado su pueblo después de los enfrentamientos. ¡Que nos lleven a Tiro! No hemos visto ni milicianos, ni soldados israelíes, ni nada. Nos encerramos en el sótano y hasta ahora, que han parado las bombas, no teníamos valor para salir. Ha sido horrible, sin comida, ni agua, no podíamos aguantar más. Las explosiones no paraban. Día y noche. ¡Que alguien nos lleve a Tiro, por favor! Su cara es la imagen de la guerra. Lloran y lloran cuando van dándose cuenta de que su Bint Jbail ya no existe. Madre e hijo, con el tiempo justo para cerrar la puerta de su casa, metieron algo de ropa en una bolsa de plástico y compartieron el camino hacia la salvación en el coche del periodista que firma esta crónica. En la vecina localidad de Tibnine, el hospital público servía durante las últimas semanas de refugio para más de mil civiles. Ayer por la mañana, confiando en la palabra del alto fuego israelí, la mayoría salía en autobuses hacia Tiro, donde fueron ubicados en campos de desplazados. El ruido de las explosiones en la frontera, a escasos cinco kilómetros de Bint Jbail, anunciaba que una nueva ofensiva del Ejército hebreo estaba ya en (Pasa a la página 30) Condiciones precarias En estos momentos, aunque no dispone de agua, electricidad, ni teléfono, funciona como centro de urgencias. Desde aquí, los heridos son evacuados a Tibnine, muchas veces a pie, y de allí a Tiro, en ambulancias, si el Ejército hebreo lo permite. El hospital, en el que de forma poco creíble aseguran no haber atendido a un solo guerrillero, está presidido por una enorme foto del jeque Nasralah en la que se advierten los impactos de las balas de los miembros del batallón Golán, el cuerpo de élite de la infantería hebrea que intentó tomar sin éxito Bint Jbail. A los lados de Nasralah, las banderas de Hizbolá y del Líbano. Dos misiles han impactado sobre diferentes salas del centro y los médicos saben que la próxima vez no va a quedar nada en pie. No pueden matar a una ideología, a una fe, a base de bombas. Aquí todos