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ABC MARTES 1 8 2006 45 FIRMAS EN ABC do al rumano como un impostor ávido de publicidad Los partidarios de ambos se enfrentaron en tumultuosas riñas a trompadas en diversos actos culturales. Breton proclamó el Dadá como una moda pasajera Al estrenar Tzara una pieza teatral Breton subió al escenario y la emprendió a bastonazos contra los actores, llegando a quebrarle el brazo a uno de ellos. Eric Satie componía las Tres piezas en forma de pera y las Gimnopédicas Man Ray exponía sus rayogramas, Alfred Jarry lanzaba su Ubu rey la Mona Lisa era engalanada con un espeso bigote, todo lo cual, unido a los collages de Arp y los caligramas de Apollinaire, constituía parte de las osadías formales de aquellos jóvenes que estaban decididos a todo con tal de introducirse, escandalosamente si fuere necesario, en un medio cultural competitivo y de dificultosa inserción. El punto de partida de aquella gran rebelión fue la guerra mundial que condujo a una carnicería entre 1914 y 1918. Reaccionaron contra la hipocresía patriotera y lograron modificar nuestra manera de mirar el mundo; un teléfono pudo convertirse en langosta y un reloj doblarse como una melcocha, la espalda de una mujer podía ser vista como un cello. El erotismo y la blasfemia alcanzaron categorías de códigos de interpretación de la realidad. Para ello fue necesario que mintieran, escandalizaran, acudieran a la algarabía y el estruendo para hacerse notar y denunciar aquella carcomida sociedad que los había conducido a desangrarse. LISANDRO OTERO ESCRITOR LA BATALLA DE LOS ISMOS Al estrenar Tzara una pieza teatral Breton subió al escenario y la emprendió a bastonazos contra los actores, llegando a quebrarle el brazo a uno de ellos... OS movimientos de renovación en la cultura siempre se han abierto paso con dificultad ante los estorbos que la tradición erige contra la innovación. Han sido necesarias grandes batallas del pensamiento, que a veces han asumido la forma de una mascarada con el fin de despertar el ánimo de los auditorios y convocar su atención. A inicios del siglo XX el dadaísmo, el surrealismo y el cubismo representaron grandes giros de la creatividad y se impusieron pese al rechazo de las rutinas y el miedo a las transformaciones. Para suscitar el interés sobre su doctrina los surrealistas acudieron a recursos extremos. André Breton y Louis Aragon ofrecían conferencias que comenzaban con solemnidad. Al cabo de un rato seis o siete del grupo surrealista diseminados en el público comenzaban a gritar mientras sonaban campanas y redoblaban tambores, a veces soltaban globos de colores L en la audiencia y los atacaban con cuchillos. Phillipe Soupault estrenó una pieza teatral en la cual los personajes hablaban de manera inconexa, sin relacionar una frase con la de su interlocutor, mucho antes de Ionesco. Ribémont- Dessaignes ofreció una charla que consistía en una arenga contra el público presente y terminaba cuando algunos de sus cómplices lo envolvían en una lluvia de huevos podridos y tomates. El Dadá acostumbraba poner en escena obras teatrales que consistían en un proceso legal contra algunas de las más notables figuras de la vida política del país. Los testigos concurrían protegidos con máscaras antigás y cubiertos de lodo y mugre. Benjamín Peret gustaba gritar en las solemnes ceremonias de estado ¡Vivan Francia y las patatas fritas! Soupault llegó a ofrecer una conferencia que consistió en la lectura de diversos menús de los restaurantes de París. Francis Picabia leyó en su teatro su Ma- nifiesto Caníbal. Marcel Duchamp exponía sus ready- made hechos con basura, fragmentos de máquinas, maniquíes y andrajos. Los surrealistas se aficionaron a los filmes del oeste de la época silente, que estimaban dotados de una singular poesía. Los spirituals y el jazz, las esculturas africanas y Chaplin marcaban el gusto de los revolucionarios creadores. Gala, la esposa rusa de Paul Eluard- -que más tarde sería la mujer de Dalí- inició una relación con Max Ernst, que consentía este triángulo amoroso compartiendo el mismo techo. Eran el ejemplo del amor nuevo. Pero la aparente amoralidad era epidérmica. Soupault llevó a Breton a un burdel, de donde salió espantado por la liviandad de costumbres de las prostitutas, que lastimó su sensibilidad. Cuando se produjo la ruptura entre Tzara y Breton éste hizo publicar anuncios en los diarios de París denuncian- OCTAVIO AGUILERA DOCTOR EN CIENCIAS DE LA INFORMACIÓN IBSEN: UN FEMINISTA Y UN ENEMIGO DE LAS MAYORÍAS EER Gynt es para los noruegos un personaje legendario, un símbolo del ser nacional. La obra homónima fue escrita, como es sabido, por el poeta y dramaturgo Henrik Ibsen, de cuya muerte, acaecida en Cristianía (actual Oslo) se cumplió el centenario el 23 de mayo. Para entender el valor de este simbolismo hay que recordar que en el momento en que se publicó Peer Gynt (1867) Noruega estaba unida a Suecia, pero la mayor parte de la población deseaba la independencia. Así, Peer Gynt puede decir: ¿Cuál es el primer deber del hombre? La respuesta es muy breve: ser uno mismo Aun la gente más alejada de la cultura escandinava conoce a este personaje, gracias sobre todo a las dos suites orquestales que compuso el músico Edward Grieg para ilustrar esta obra teatral de su compatriota y amigo. La obra dramática de Ibsen (que nació en Skien el 20 de marzo de 1928) ha P sido a veces comparada a la de Shakespeare, tal es su importancia y fecundidad. Gabrieli ha afirmado que puede situarse dignamente tanto al lado del inglés como al lado de los antiguos griegos. Aunque el triunfo le llegó tarde, su influencia llegó a ser enorme, hasta el punto de que se le consideró el padre de la dramaturgia moderna. Casa de muñecas, Los espectros y Un enemigo del pueblo, por solo citar tres obras de las más de veinte que estrenó, se han representado con gran éxito por todos los teatros del mundo. Casa de muñecas es un drama de conciencia sobre el tema de la mujer en el matrimonio y la historia de su emancipación. Ibsen fue un adelantado en el asunto del feminismo. Lo desvela una carta que escribió en 1878, un año antes de estrenar la obra. En la carta, escrita durante su estancia en Roma, dice: Existen dos formas de leyes espirituales, dos formas de conciencia, una en el hombre y otra- -distinta- -en la mujer. El hombre y la mujer no se comprenden entre sí, pero en la vida práctica la mujer es juzgada según la ley masculina, como si no fuese lo que es, sino un hombre. Una mujer no puede ser ella misma en la actual sociedad, que es exclusivamente una sociedad masculina, con leyes escritas por los hombres, y magistrados que juzgan la conducta femenina desde un punto de vista masculino Disculpe el lector la cita algo extensa, pero, según mi parecer, refleja muy bien las avanzadas ideas del noruego sobre cuestión tan importante. Un enemigo del pueblo (1882) por su parte, constituye una requisitoria contra la ignorancia política. Creo que se trata de un drama fundamental, aunque a veces pueda parecer reaccionario, sobre todo para las mentes que pre- El hombre y la mujer no se comprenden entre sí, pero en la vida práctica la mujer es juzgada según la ley masculina, como si no fuese lo que es, sino un hombre. Una mujer no puede ser ella misma en la actual sociedad sumen de modernas, democráticas y demás. Especialmente si se lee a la ligera o por fragmentos aislados. Vean, si no, algunos ejemplos. Dice el protagonista, el Dr. Stockmann: El peor enemigo de la verdad y la libertad en esta sociedad es la mayoría sólida. Sí, la maldita, compacta y liberal mayoría Y también: Los locos están en una terrible y aplastante mayoría en todo lo ancho del mundo Es decir: Ibsen reflexiona en profundidad sobre la discutible equiparación del valor de los votos, para llegar a la tremenda conclusión de que la minoría siempre está en lo cierto. Las palabras con las que se baja el telón final son harto elocuentes: El hombre más fuerte del mundo, es el que está más solo Como apuntó Jem Cabanes, traductor del teatro ibseniano, los opositores del Dr. Stockmann son unos desvergonzados, unos inmorales, unos cobardes que sobreponen el interés privado por encima del bien público más elemental y que se venden al licitador que más promete, siempre, eso sí, con la excusa del sentido común y de las formas. Un enemigo del pueblo es una obra arquetípica de la producción más crítica y moralista de Ibsen, cuya sombra a mí se me antojaba vislumbrar al pasear por las calles de Bergen, la ciudad marinera en la que residió durante siete años y en la que trabajó como director escénico del Teatro Nacional. Perseguir su rastro es uno de los encantos que ofrece esta villa pesquera.