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8- 9 40 LOS VERANOS DE No se encontraron huellas dactilares, lo que indica que el asesino actuó con guantes sis. La primera, cómo accedió el asesino al piso de los Barrio, cuya puerta no fue forzada. Es una quinta planta y es posible descolgarse desde la azotea, aunque no se han encontrado evidencias de que eso ocurriera. Pero esta teoría plantea otros problemas, el más importante, saber si las ventanas estaban abiertas. Y eso es algo que se desconoce. Es posible que sí, porque el 6 de junio de 2004 fue el día más caluroso del siglo en la ciudad. Pero no está comprobado. La segunda posibilidad es que el criminal hubiera entrado por la puerta, bien utilizando unas llaves de las que habría obtenido copia o bien llamando al timbre. Si ocurrió esto último, se abre de nuevo el abanico: o era algún conocido de la familia o era un delincuente que logró que le abrieran con engaño. Poder determinarlo sería clave, porque las pesquisas se orientarían, por fin, hacia una concreta línea de investigación: el entorno de las víctimas o el submundo del hampa. Lo ocurrido en el interior del piso, aunque con algunos matices, sí está más claro. La reconstrucción apunta a que el primero en ser atacado fue el padre, un hombre de apenas 1,70 metros de estatura pero lo suficientemente corpulento como para enfrentarse al criminal. De hecho, muchas de sus heridas son defensa. Esa primera escena se produjo en el pasillo. La víctima iba descalza y estaba en pijama, como su mujer e hijo. Los investigadores creen que cayó al suelo y el asesino lo dio por muerto. A continuación el criminal entró en el dormitorio del matrimonio, donde encontró a la mujer paralizada por el pánico en la esquina más alejada a la puerta, al lado de la ventana. El miedo le impidió, incluso, abrirla para pedir ayuda. Acabó con ella a los pies de la cama. Al salir de esa habitación se dio cuenta de que el muerto había huido y fue en su busca. Lo encontró en la cocina, con la puerta cerrada. Pero la víctima estaba ya muy débil y no pudo impedir que entrara. Allí puso definitivamente fin a su vida... Quedaba el niño. Se había encerrado en su cuarto y escondido debajo de la cama. El desconocido pegó una fuerte patada en la puerta y dejó en ella impresa, con la sangre de las víctimas, la huella de sus La huella más clara de la zapatilla deportivas. Luego lo arrastró hasestaba estampada en la puerta del ta el pasillo y allí lo mató. La orgía dormitorio del hijo menor de violencia se había consumado. Tras los crímenes, el asesino vació los bolsillos de los pantalones del hombre y de su esposa, cuyos bordes se tiñeron de rojo. Además, volcó sobre la cama el Salón bolso de la mujer. Salvo las llaAscensor ves del coche de Salvador y del garaje, no se sabe si se llevó algo más, aunque parece que algo buscaba. ¿Dinero? Hijo No se encontró sangre ¿Un cheque? ¿Joyas? ¿Al 32 puñaladas ni en la escalera ni en gún documento compromeel ascensor tido? No hay respuestas. Al criminal aún le quedaba resolver su salida sin dejar rastro. Estaba ensangrentado y era difícil. Pero ni en el descansillo, ni en la escalera, ni en el ascensor, ni en las puertas, ni tampoco en el garaje aparecieron restos. Cogió ropa de las vícDormitorio timas para cubrir su indudel hijo mayor Padre mentaria y no delatarse una 50 puñaladas Cocina vez en la calle. Demostró la frialdad propia del psicópata. Dormitorio del niño Dormitorio de los padres Madre 17 puñaladas Rastros de sangre en la vivienda Cuchillo o machete de 12 cm de hoja enos interrogar al Cid, al resto sí lo hemos hecho dice con media sonrisa Alberto, uno de los cuatro investigadores de la Udev Central dedicados en exclusiva al caso. Desde el crimen la Policía ha entrevistado a más de 200 personas, del entorno de las víctimas y de fuera de él; se han hecho cinco inspecciones oculares del piso, además de otras en viviendas de allegados; se ha estudiado a todos los presos que estaban de permiso; se han enviado a todos los países, a través de Interpol, las huellas de las deportivas; se ha preguntado a confidentes y analizado miles de llamadas telefónicas hechas aquella madrugada. Se han investigado todos los móviles: venganza, celos, robo, la actuación de un profesional... ¿Lo siguiente? Investigar más responde sin inmutarse el comisario Galán, responsable de las pesquisas. Vamos a repetir todo lo hecho por si se nos ha pasado algún detalle. Es muy difícil, pero no vamos a parar hasta descubrir al asesino Palabra de Policía. M FERNANDO RUBIO ELENA SEGURA