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22 MARTES 1 8 2006 ABC Internacional Olmert descarta un alto el fuego y amplia su ofensiva terrestre en el interior del Líbano La aviación israelí continúa bombardeando objetivos pese al anuncio de una tregua de 48 horas b La ofensiva contra el terrorismo llegará a su fin cuando acabe la amenaza de Hizbolá y regresen los soldados secuestrados, afirma el primer ministro israelí JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. No se le conocen aficiones culinarias a Ehud Olmert pero aún así el primer ministro israelí entró ayer en su cocina de Carmiel, eligió un delantal verde oliva, color de los uniformes del Ejército, se arremangó las mangas, calentó el horno, preparó la masa y presentó un pan recién hecho con forma de guerra sin cuartel, nada tierna, contra las posiciones avanzadas de Hizbolá en el sur del Líbano, contra sus arsenales (se han destruido dos tercios de sus misiles de largo alcance) contra sus líderes en la sombra. Pese al compromiso de poner fin durante 48 horas a los bombardeos aéreos sobre el sur del Líbano- -compromiso que no se cumplió, pues la aviación hebrea atacó distintos puntos de ese territorio- -Ehud Olmert se mostró tajante. No habrá alto el fuego, ni ahora ni en los próximos días. Israel no tiene más opciones que combatir contra Hizbolá, que sirve a Irán y a Siria; debe además luchar contra el terrorismo- -que no contra el Líbano- Sólo detendremos la ofensiva cuando acabemos con la amenaza de Hizbolá y vuelvan nuestros soldados secuestrados. No pediremos perdón a quienes cuestionan nuestro legítimo derecho a existir Eso sí, Olmert lamentó la pérdida de vidas inocentes en Qana. Se dijo dispuesto a llorar, sudar y sangrar junto a los suyos y a su pueblo, y pasó de nuevo al ataque: esta es una ocasión única par cambiar las reglas del juego en el Líbano Soldados del Tsahal operan sobre un tanque mientras misiles israelíes caían ayer sobre la aldea de Kila, en el sur del Líbano de subir a su avión rumbo a Washington, se había metido en la cocina de su hotel en Jerusalén, había alumbrado los fogones, calentado agua en una olla de grandes dimensiones y puesto a hervir, a fuego lento, los ingredientes necesarios para servir en la cena de gala del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas un menú que permita, tras ser degustado por todos los comensales, entrar a los postres con un decreto que signifique el final de la guerra entre Israel e Hizbolá. No es nada fácil que a Rice, tal y co- AP mo están las cosas y, pese a su probada experiencia en las cocinas de la Casa Blanca, no se le pase el guiso, o se le quede corto de sal, o necesite un poco más de harina para ligar una salsa en condiciones. Las cocinas echan humo, pues. Las Hasta dos semanas más Apenas horas después de estas palabras, el Gabinete de Seguridad de Israel iba un poco más allá en su drástica postura y aprobaba una ampliación de la ofensiva terrestre en el Líbano, al tiempo que se rechazaba un alto el fuego hasta la llegada de una fuerza internacional a la zona del conflicto. La posición israelí es diáfana. Necesita entre diez días y dos semanas más para acabar su trabajo y crear una zona de seguridad de dos kilómetros en sur del Líbano que evite el lanzamiento de cohetes Katiusha (ayer no cayó ni uno solo) Su objetivo es tierra quemada de nadie en la que no quede atisbo de Hizbolá. Horas antes, Condoleezza Rice también se había puesto el delantal antes El Gobierno de Tel Aviv pierde la batalla de la imagen J. C. JERUSALÉN. Un repaso de la prensa hebrea e internacional de ayer demostraba hasta qué punto la matanza israelí de niños y mujeres libaneses en Qana ha supuesto un punto y aparte en la guerra de la imagen que, junto a la que se libra en el campo de batalla, tanto importa a Israel y a Hizbolá. Los medios de comunicación judíos se hacían eco de la reacción en cadena de la comunidad internacional y se rasgaban las vestiduras ante la incomprensión general sobre la guerra que, en nombre de los valores de Occidente lleva a cabo Israel. Las críticas se centraban, conscientes del varapalo sufrido- -en lo que a opinión pública se refiere- en la tardanza con la que la censura militar permitió que se mostraran las imágenes de cómo Hizbolá lanzaba sus cohetes entre la población civil desde zonas habitadas, precisamente como la bombardeada Qana. Dichas imágenes no fueron facilitadas por el Ejército hasta las ocho de la tarde del domingo, doce horas después de que comenzaran a verse las dantescas escenas llegadas desde el pueblo libanés. Demasiado tarde para tener influencia. No es de extrañar que, ante imágenes como esas, imposibles de combatir con la fuerza de las declaraciones oficiales, los diarios internacionales advirtieran de lo caro que le va a costar a Israel la matanza de Qana. No es de extrañar que los rotativos egipcios y jordanos exigieran la llamada de sus embajadores y la invitación a volver a los jefes israelíes en El Cairo y en Amán, las dos únicas capitales árabes de Oriente Próximo con las que Israel mantiene relaciones diplomáticas a pleno nivel. Más aún, consciente de la presión interna, Hosni Mubarak pronunció un discurso a la nación en el que, como resumen, acusó a Israel de poner en peligro, con sus acciones en el Líbano, todo el proceso negociador en Oriente Próximo. Para que no quepan dudas.