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ABC MARTES 1 8 2006 Opinión 5 UNA RAYA EN EL AGUA QANA U UN TERRORISTA ES UN TERRORISTA OS hubo que tardaron demasiado en aceptar y advertir la corrupción de la Autoridad Palestina bajo el liderato de Arafat, y así fue como el fundamentalismo de Hamás ganó allí las elecciones. Son prácticamente los mismos que prefirieron ignorar- -como las Naciones Unidas- -que el terrorismo chiita de Hizbolá plantaba sus arsenales en el sur del Líbano, desde donde comenzó la agresión contra Israel. Por idénticas razones, hay quien se resiste a aceptar que Hizbolá tiene por objetivo las bajas civiles, mientras que Israel- -puesto de nuevo en el punto de mira de la crítica- -hace lo que puede para que las víctimas civiles sean las menos posibles, incluso en el caso sangriento de Qana, ya bajo investigación. Pero un proporcionalismo ejecutado por un Estado de Derecho, y por uno de los ejércitos más capacitados del mundo, carece de credibilidad; mientras que el terrorismo de Hizbolá, fomentado VALENTÍ por un Estado teocrático y despótico PUIG como Irán, resulta ser el ideal de la agresión discriminada. La desproporción asombra, pero no a una opinión pública europea- -y menos todavía a la española- que acoge crédulamente lo que proceda de las terminales del terror más activo en Oriente Medio. Sea como sea, un terrorista es un terrorista. Mientras tanto, el jeque Nasrallah, líder de Hizbolá, pudiera estar refugiado en la embajada iraní en Beirut. O en Damasco. Es lo que le corresponde, entre otras cosas, porque Teherán paga al año cien millones de dólares para que Hizbolá exista, y porque Siria es el corredor de paso de las armas que van de Irán hacia el sur del Líbano. El sueco Magnus Ranstorp, del Colegio de Defensa Nacional de Estocolmo, es un de los mejores expertos en la estructura de Hizbolá. Calcula que en la cúpula de Hizbolá operan siete personas, dos de ellas pertenecientes a la embajada de Irán en Beirut, con consultas a Siria. Así fue orquestada la intervención iraní en la intifada palestina del L año 2000. Fruto de la experiencia previa, Hizbolá ha entrado a fondo en los modos de la guerra psicológica y ha organizado sus bases en el Líbano, con el criterio de movilidad constante, al amparo de la población civil y de una acción de guerrilla, ubicada en instalaciones subterráneas, sin ejército uniformado, inidentificable como objetivo militar desde el lado israelí. Se le supone un activo de no más de seis mil soldados que disparan sus misiles- -un arsenal calculado en 12.000- -desde casas, escuelas y mezquitas. Habitualmente usa escudos humanos, en algún caso incluso observadores de la ONU. Su actual popularidad en el extremismo de la calle árabe supera la de Al Qaida. Hay quien supone que la actuación de Hizbolá repercutiría favorablemente en su presencia electoral en el Líbano, con los vientos de la demografía soplando a su favor. Según fuentes de los servicios secretos de Israel, Hizbolá ha puesto en alerta sus células durmientes en el extranjero. La inanición del Estado libanés es notoria. Mientras tanto, Hizbolá ha actuado contra Israel pensando que estaba en situación de debilidad, o bajo una intensa presión de la escena internacional. En Oriente Medio, cualquiera sabe que la peor provocación es aparecer como débil. Las flaquezas de la comunidad internacional favorecen la fortaleza de Irán. El espejismo libanés casi siempre dura poco. Un despliegue internacional pudiera retirar a Hizbolá del sur libanés, pero no de los suburbios de Beirut. Los poderes están en Teherán, y Hizbolá es la mano ejecutora. Contribuyen las imágenes de televisión, sesgadas en muchos casos, de forma deliberada o espontánea. En la medida en que Israel ponga coto a los misiles de Hizbolá, la estabilidad de Oriente Medio será de uno u otro signo, aunque lo que ocurra en Hizbolá, en caso de ser vencida militarmente, es otra incógnita, desde luego no tan significativa como el calendario de la bomba nuclear iraní, que concrete en su día la reanudación del imperio persa. vpuig abc. es FFF, qué difícil. Qué complicada pone a veces Israel la defensa moral de su razón estratégica, qué insostenible vuelve en ocasiones la justificación de su derecho a la seguridad, qué comprometida deja la posición de quienes pensamos que incluso su brusco, desproporcionado Talión es el producto de una lucha descarnadapor la supervivencia en un medio hostil de agresiones sin tregua. Esa foto terrible, estremecedora, del niño muertode Qana rebasa todo argumento exculpatorio, todo casuismo benevolente, todo esfuerzo comprensivo. Sólo cabe el silencio, el espeso silencio del dolor, y la vergüenza. Y había muchos más. Más cadáveres de niños, quiero decir, sepultados bajo los escombros, hasta una treintena, por si algún espíritu rocoso quieIGNACIO re engañarse pensando CAMACHO en el aspecto de cruel propaganda de la imagen, por si algún corazón de metal prefiere escudarse en el apriorismo de la simpatía ideológica, o en la débil excusa de que Hizbolá camufla sus cohetes asesinos entre viviendas civiles. Esos niños, por Dios, desarman cualquier amparo moral, y sólo pueden provocar una profunda, insondable, y terminante repugnancia. Cuando ocurre algo así, ya no importa quién lleve razón, porque no se puede discutir de razón sobre los cuerpos de unos inocentes destripados. Y porque la razón que Israel tenía al empezar esta maldita espiral se ha quedado en gran parte enredada entre los escombros de Qana, víctima ella también de esta desmesurada barbarie, que refuerza a quienes sostenían el argumento de la desproporción de la respuesta. Qué penoso resulta hoy buscar premisas, tesis, razonamientos, cuando el propio sentido de la humanidad se tambalea ante la salvaje brutalidad de la tragedia, y lo único que surge de las entrañas de cualquier bien nacido es un clamor para que cese cuanto antes ese horror ante el que ya nadie está limpio de culpa. Cuánto me gustaría, querido embajador Víctor Harel, volver a insistir hoy en la superioridad moral de un Israel democrático que sostiene el orgullo de la libertad, como un muro azotado por las tormentas del fundamentalismo, la teocracia, el terrorismo, y el odio. Pero me temo que son malos tiempos para defender causas en las que a veces parecen no creer sus propios valedores. La superioridad moral hay que apoyarla en comportamientos moralmente superiores; cuando alguien se iguala en crueldad con su enemigo, no puede presumir de ser mejor que él. No valen ahora los recursos del trágico error, ni de los daños colaterales, ni de las razones de fondo, ni de quién empezó primero. Hoy sólo vale la contrición que enaltece las almas, y la enmienda que encauce este torrente de atrocidad. Eso se llama tregua, cese el fuego, fuerzas de la ONU, voluntad de pacificación. Los que deseamos que Israel gane su guerra- -no contra los palestinos, sino contra los terroristas- -queremos, aún con mucha más fuerza, que sepa ganarse honorablemente su paz.