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8- 9 40 LOS VERANOS DE Monjes del monasterio de Sera celebrando una de las controversias teológicas A tener en cuenta Cómo ir El mayorista Catai (www. catai. es) tiene un paquete llamado Monasterios del Tíbet que dura 13 días y vale 2.510 euros. Documentos Visado en el Consulado de China, Josefa Valcárcel, 40, Madrid. Tel 91 741 47 28. Cuesta 25 euros. Más información Embajada de China. Calle Arturo Soria, 113, Madrid (www. embajadachina. es) Oficina de Turismo de China. Gran Vía 88, Madrid. Tel. 91 548 00 11 Sus proporciones no son tan majestuosas como las del Potala, pero la religiosidad, el fervor de los miles de peregrinos que lo visitan cada día, es algo que le confiere un carácter muy especial. Constantemente, hileras de peregrinos llegados desde todos los confines del Tíbet lo circunvalan siempre en dirección de las agujas del reloj. Muchos practican el extraño ritual del klangchag o postraciones. Consiste en arrojarse al suelo con los brazos extendidos y la frente tocando el pavimento. Levantarse, dar tres pasos y volverse a postrar. Avanzando así, lenta y penosamente, los peregrinos más devotos recorren cientos o miles de kilómetros. Otros, más cómodos realizan la peregrinación caminando normalmente mientras hacen girar un molinillo de oraciones. Se trata de un aparato cilíndrico que gira alrededor de un eje y que lleva dentro tiras de papel escritas con oraciones, generalmente el mantra Om mani padme hum (La joya del loto) El enorme fervor que sienten los tibetanos no significa que todos acepten el sacrificio. Por eso han inventado todo tipo de ingenios para orar cómodamente. Además de los molinillos, están las banderas de oración lung ta literalmente caballos del viento Se ven por todas partes, en los templos, en las azoteas, en los cruces de caminos, en los pasos de montaña... Son trozos de tela de cinco colores (el azul simboliza el espacio; blanco, agua; rojo, fuego; verde, aire; y amarillo, tierra) con mantras impresos en negro. Cuando el viento las mueve, la oración se esparce por todo el orbe. Antes de salir de Lhasa conviene acercarse al monasterio de Sera, el segundo más importante del Tíbet, que se encuentra en las afueras de la capital. De entre sus muchos atractivos cabe destacar el patio del noviciado donde todas las tardes se celebran las controversias teológicas públicas, unos debates en los que los futuros monjes discuten apasionadamente sobre las enseñanzas de los 108 libros canónicos budistas. Si es posible, no hay que dejar de ver, aunque sólo sea de lejos, el sobrecogedor tutró el lugar donde se realizan los enterramientos celestiales práctica funeraria en la que los cadáveres se descuartizan y se dejan devorar por los buitres, encarnaciones de ciertas divinidades. La obra de un mago Por fin llega el día de visitar el templo de los templos, el más antiguo, el más misterioso, Samye, que en tibetano significa Inimaginable ¡Todo un vaticinio! Se encuentra junto al río Yarlung Tsangpo (Purificador) más conocido con el nombre hindú de Bramaputra. Es un conjunto de edificios colocados con la precisión de un mandala (representación simétrica de las fuerzas del universo) y sus muros rezuman misterio. Como ya advirtiera Alexandra David- Néel hace más de 80 años: Obra de un mago, Samye está impregnado de brujería por todas partes Y de entre todos sus misterios, el de la capilla Ugs Khang, Del Aliento Vital es el más impresionante. En ella- -dice la tradición- -habitan unas terribles diablesas con cabeza aleonada, arpías que ingieren el último suspiro y que sólo son vistas por los que están a punto de morir. Con razón el atento Gelek salió corriendo. Buda de la Medicina esculpido en una gran roca junto a la carretera que va del aeropuerto a Lhasa. Los pañuelos blancos son catas ceremoniales tro religioso y político del Tíbet hasta 1959, año en el que la máxima autoridad tibetana, el Dalai Lama, se exilió a la India huyendo del Ejército chino. En realidad se trata de dos palacios superpuestos, el Blanco y el Rojo, ambos del siglo XVII. Declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1994, en su millar de estancias encierra buena parte del secreto del budismo tibetano. Más interesante es sin duda la parte Roja, la dedicada a la religión (la Blanca era la sede del Gobierno) allí están enterrados ocho Dalai Lamas. Como primer contacto con el budismo tibetano, el Potala no está nada mal, pero su actual estatus de museo nacional, alejado del culto activo, le confiere cierta frialdad, que no es lo que buscamos. El monasterio de Jokhang (siglo VII) es otra cosa. Situado en el centro antiguo de Lhasa (barrio del Barkhor) es la gompa más venerada del Tíbet. Para entenderlo, algunos occidentales lo llaman la catedral de Lhasa