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ABC LUNES 31 7 2006 Opinión 3 LA TERCERA DE ABC BOULEVARD BALBOA El capitán del comando había tenido la prudencia de estar atento por otra radio a las noticias de Washington. Entonces supo que el Senado había refrendado los acuerdos Torrijos- Carter y, aunque la orden era prender fuego al Canal si no recibía ninguna noticia directa de Torrijos en una hora determinada... E L Boulevard Balboa, entre la 31 y Avenida Balboa, es un popular restaurante con grandes cristaleras al sol y al mar cercano en el centro de Ciudad de Panamá, mesas de madera y aire acondicionado fuerte en su interior: no en vano, para Álvaro Mutis, Panamá es el país más frío del mundo, gracias precisamente el aire acondicionado. Bajo la cuidadosa mirada de los Muntadas Gallardo, sus propietarios, el Balboa lleva abierto más de cincuenta años a un público variopinto y múltiple que abarrota el local a partir de las once de la mañana y hasta primeras horas de la tarde con sus voces, discusiones y risas. Ahora el Balboa corre el riesgo de desaparecer porque un grupo financiero español ha adquirido la cuadra entera para hacer un edificio de más de noventa alturas En el Boulevard Balboa, y a esa hora trasegada de comandas de cocina y conversaciones de la multitud asidua, quedé citado con Lucas (llamémoslo así, para preservar su anonimato) uno de los componentes del comando que el General Torrijos había organizado y elegido para destruir el Canal de Panamá si el Senado de los Estados Unidos de América no hubiera refrendado por votación (dos votos de diferencia, al final) los acuerdos que unos años antes habían firmado Torrijos y Jimmy Carter, un hombre de púlpito según el propio Torrijos. taba dentro de la Zona del Canal dice Lucas mientras degusta su wkisky en las rocas. Cada uno de esos comandos ocupó su lugar de combate a la espera de la orden directa que Torrijos diera esa misma noche. Uno de los comandos estaba en Pedro Miguel, otro en Gatún y el tercero en Corte Culebra, tres lugares estratégicos del Canal. Y el objetivo era romper las paredes del lago artificial, y que el agua contenida (y necesaria para el buen funcionamiento del Canal) en el lago Gatún se desparramara por la selva y los ríos aledaños hasta anegar su lugar natural e inutilizar el paso del Canal. D asi sesenta años de edad al día de hoy, curtido por la vida y superviviente de mil peligrosas aventuras en las que pudo tomar parte y de las que guarda buena memoria y silencio, Lucas regenta una gasolinera en su país, como Boris Martínez en Miami me dice con una sonrisa de complicidad (Martínez fue el oficial de la Guardia Nacional que, desde Chiriquí, una provincia del norte de Panamá, se sublevó junto a Torrijos contra Arnulfo Arias) Pero en aquel momento crucial de su vida era un hombre muy joven, capaz de cualquier cosa, aunque un soldado muy experimentado- muy bien entrenado -cuando fue escogido por Torrijos para participar en uno de los comandos cuya operación, de haberse llevado a cabo, hubiera seguramente cambiado la historia por una larga temporada: hacer estallar el Canal de Panamá hasta provocar su inutilización total. Pero, ¿en realidad Torrijos estaba decidido a esa locura? Claro que sí. Decía que la dignidad era la mejor inversión del panameño. Y fíjese que nos iba la dignidad de Panamá y la del propio General. Éramos tres comandos, alguno de los cuales ni siquiera es- C ejar el lago sin agua, ese era el objetivo. Mientras Lucas habla, recuerdo las magnificas páginas de The Path between the seas, traducido al español como El cruce entre dos mares, donde David Mc Cullough dibujó la historia entera de la construcción del Canal desde 1870 a 1914, un libro que se parece mucho al mural de un artista que va retratando en la tela a los personajes que hicieron posible la epopeya, con todos sus fracasos y sus triunfos, desde Ferdinand de Lesseps (y Charles, su hijo) Julio Verne, Paul Gauguin, Gustave Eiffel y Richard Harding Davis a Philippe Bunau- Vanilla, un personaje de novela que pasa por inventor de Panamá Williams Gorgas, los gringos John Stevens y G. W. Goethals y, desde luego, Theodore Roosevelt; recordaba el libro- -más bien mediocre- -de Graham Greene sobre Torrijos Getting to know the General, en cuyas páginas descubrimos a otro personaje de novela, el sargento Chuchú Martínez, poeta, dramaturgo, escritor y profesor de Matemáticas y Filosofía que a los cuarenta y cinco años de edad deja la universidad e ingresa en la Guardia Nacional como recluta y llega a ser escolta personal de Torrijos; recordaba el libro Mi General Torrijos, del propio Chuchú Martínez, donde el escritor describe desde su criterio de inmensa admiración quién era el Hombre Fuerte de Panamá; recordaba los retratos de Torrijos que había hecho por escrito García Márquez, luego de morir en accidente el General, el 31 de julio de hace ahora 25 años justos, y Mario Vargas Llosa, el último que pudo entrevistarse con él; y recordaba las palabras de Rory González, intimísimo amigo de Torrijos, con quien había hablado el día anterior sobre el General como ahora lo hacía con Lucas: dejando que se explayara en su relato e interviniendo sólo para darle ánimos para que siguiera contándome. Torrijos estaba en la casa de la calle 50, en Panamá, con Rory González y otros más de sus íntimos, oyendo por radio las votaciones del Senado americano me dijo Lucas. Si ellos estaban en tensión escuchando las noticias, imagínese nosotros, metidos en la Zona y a punto de reventar el Canal Y hubo un momento, durante esa noche, en que la Historia se detuvo en el aire de Panamá: la radio en la que Torrijos se comunicaría con el jefe de los comandos para ordenar que suspendieran el operativo no funcionó en el Canal. Pero el capitán del comando había tenido la prudencia de estar atento por otra radio a las noticias de Washington. Entonces supo que el Senado había refrendado los acuerdos Torrijos- Carter y, aunque la orden era prender fuego al Canal si no recibía ninguna noticia directa de Torrijos en una hora determinada, el capitán decidió prudentemente esperar. Así se salvó el Canal, convertido en estos momentos en debate nacional por su hipotética ampliación. No soy partidario añadió Lucas cuando le hablé del inminente proyecto de ampliación en el Boulevard Balboa, nos vamos a caer en un hoyo de más de 20.000 millones de dólares de deuda. Eso no lo pagan ni mis nietos... Pero otros muchos panameños, como el abogado y escritor Juan David Morgan, presidente de la Ciudad del Saber y del Museo del Canal, son partidarios de la ampliación del Canal, porque hoy sólo maneja el 5 por ciento del comercio mundial. Pero fíjese si tantos esfuerzos de Torrijos valían la pena. Hoy, contra viento y marea me dice Lucas, el Canal y la Zona son de soberanía panameña. Y a punto de cumplirse veinticinco años de su muerte, estamos discutiendo los panameños sobre la ampliación. Y su hijo, Martín Torrijos es el presidente civil de Panamá. Electo, ¿eh? Dígame si no valía la pena obre el accidente que acabó con la vida de Torrijos el 31 de julio de 1981 existen varias versiones. No hay indicios reales de atentado, pero las dudas son grandes y permanecen vivas. ¿Lo mataron? Lucas se encoge de hombros, pero yo tengo en mi memoria las palabras de Rory González, el día anterior a la cita con Lucas en el Boulevard Balboa: No lo sabemos, pero tenemos la sospecha de que lo mataron. Molestaba a mucha gente que celebró su muerte. Dentro y fuera de Panamá, tú me entiendes, ¿no? S J. J. ARMAS MARCELO Escritor