Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 30 7 2006 Economía 87 TESTIMONIOS CONFLICTO DE LOS TRABAJADORES DE TIERRA DE IBERIA Pese al intento de recuperar la normalidad, los problemas persistieron ayer en El Prat, donde los afectados llegaron incluso a cortar los accesos al aeropuerto. Las compañías, además, dieron prioridad ayer los vuelos del día sobre los cancelados el viernes ELOGIO DE LA PIRATERÍA De la rebelión de los operarios a la guerrilla de los pasajeros TEXTO: ANNA CABEZA V BARCELONA. Tras un día de resignación, los pasajeros estallaron. Hartos de una espera en vano, un grupo de viajeros indignados cortó durante toda la noche del viernes y hasta media mañana del sábado los accesos al aeropuerto de El Prat, lo que agudizó aún más el caos en las instalaciones. Viajeros del día, pasajeros que habían visto cancelados sus vuelos el viernes y también próximos usuarios de aviones se reunieron en un aeropuerto que, pese a intentar volver a la normalidad, siguió siendo ayer un caos. No sé cómo voy a volver se resignaba Izaskun en el aeropuerto de El Prat. Esta asturiana, que había viajado hasta Barcelona por una visita médica, pasó anteayer más de diez horas en la terminal B y consiguió dormir en un hotel de la capital catalana. Eso sí, tuvo que abonar 60 euros pese a tener descuento. Como ella, otros buscaron cobijo antes que pasar la noche en El Prat, pero lo cierto es que si por la mañana los operarios de Iberia se tumbaron en las pistas, por la noche miles de viajeros se acostaron, como sardinas enlatadas, en las instalaciones de las terminales. Precisamente los viajeros pendientes de volar el viernes se quejaron ayer porque se sintieron el segundo plato de las aerolíneas, al ver que se daba prioridad a los vuelos del día. En lo que sí coincidían era en la falta de información, asistencia y atención, pese a que todos agradecían la comida y bebida que se había repartido durante los dos días. Unos más alterados y otros ya en plan pasota pero todos ellos en la cola de los pocos mostradores abiertos- -Iberia sólo tenía cuatro de atención al público abiertos- intentaban saber cuándo volarían. Además, los teléfonos de las aerolíneas estaban colapsados, lo que indignó aún más a los viajeros. hasta Ibiza me ha dicho que las maletas las cargaré yo en el avión Francesc, músico mallorquín, esperaba su vuelo fuera de las terminales. Su contrabajo, enfundado en una hermética caja de blanco inmaculado, destacaba entre las abarrotadas vistas que se veían ayer en El Prat. Tiene paciencia, pero también miedo por su instrumento, que viaja como equipaje extremadamente frágil pero que muchas veces llega estropeado. No quiero pensar en cómo llegará hoy asegura. El caso de Manuel y Lourdes es todavía peor. Acudieron a El Prat La principal queja de los miles de usuarios es la poca información y la casi nula atención que han recibido después de conocer los problemas para asegurarse de que hoy podrían viajar hasta Ecuador- -con escala en Madrid- Y nos vamos a casa a buscar las maletas y así esperaremos hasta mañana en la cola. Hace tres meses que tengo los billetes y yo no pierdo mi vuelo! comentaba ella, mientras él explicaba las dificultades que les ponía Iberia, su compañía de vuelo: Les digo que estoy dispuesto a ir a Madrid en tren, en coche... como sea! Y no nos dejan embarcar allí. Esto es estúpido A unos metros, centenares de extranjeros esperaban su turno para alquilar vehículos. Nunca habíamos encontrado tanta cola comentaba Julie, que acude cada año a Tarragona con su familia. Tras una hora y media esperando su turno y todavía estando a la mitad de la cola, su marido ironizaba: Este año tardaremos menos de Newcastle a Barcelona que en conseguir un coche Efecto dominó Los retrasos se acumularon a lo largo de todo el día y crearon nuevos problemas. Muchos usuarios, como Juan y Conchi que se iban diez días a Tenerife, perdieron su vuelo por la interminable cola- -en algunos casos de más de cuatro horas- -para facturar las maletas. Es un efecto dominó: esto sólo se arreglará cuando empiecen a quitar la gente se quejaban mientras llamaban de nuevo- lo hemos hecho quizás más de 50 veces -a Iberia. Los problemas con el equipaje se repitieron. Sin embargo, la compañía en la que viajaba María Ángeles amos a halar claro sobre los derechos de autor; ya vale de lágrimas de cocodrilo. La piratería no es del todo mala. Es mala para las compañías de discos, eso es cierto, pero no tanto para los artistas y desde luego es muy buena para los consumidores. La mayor parte del coste de un disco no es ni lo que cobra el autor ni los costes industriales. Es más, la industria de los discos debe ser la única que no ha aprovechado las ventajas de las nuevas tecnologías para bajar los precios y aumentar su productividad, como han hecho todas las demás. Y si algo han bajado los precios ha sido precisamente gracias a la presión de los barbarrojas del top manta cuya existencia ENRIQUE es la demostración palpaSERBETO ble de lo baratos que podrían ser los discos. Lo que nadie dice es que la mayor parte del precio que se paga al comprar un CD nuevo y legal sirve sobre todo para que las compañías recuperen la inversión promocional que han hecho para hacer que nos apetezca comprar específicamente ese disco. Es decir, que tenemos que pagar para que nos guste pagar más. Extraño ¿no? En una sociedad libre, los efectos de millones de decisiones individuales son una energía formidable para los cambios. ¿Se han fijado la cantidad de actuaciones musicales que hay ahora? Cuando los Rolling vinieron a España por primera vez sus conciertos se contaban con los dedos de una oreja. Ahora, hasta un orgulloso pueblo de Almería se permite el lujo de traer a esta cuadrilla de carcamales para verlos en directo, porque los ingresos por conciertos son más seguros que los discos. En los tiempos AdC (antes del CD) hubo intentos hasta de crear cantantes que ni siquiera cantaban, pero que daban bien en las fotos. Ahora todos los músicos más o menos decentes se tienen que remangar y trabajarse unas cuantas actuaciones en directo para mantener los ingresos. ¿Qué hay de malo en eso? Todo el verano los aficionados a la música de todo tipo tendrán espectáculos a elegir (y a pagar a tocateja, faltaría más) Se acabó el tiempo en que solo trabajaban las humildes orquestas que amenizan las verbenas rurales, músicos meritorios que vivían arrastrando los cachivaches en una furgoneta de mala muerte, corriendo por esas carreteras de Dios a las cuatro de la mañana, a cambio de unos modestos emolumentos que les permitieran pagar al menos la gasolina. Mientras tanto, las rutilantes estrellas de la música, no necesariamente grandes genios, las mas de las veces simples fenómenos de la popularidad, se tumbaban a la bartola viviendo de las rentas de los derechos de autor. Con un par de pelotazos (discazos, más bien) ha habido quien se ha pasado media vida como un marajá. Pues no. Ese tipo de propiedad intelectual no es la que merece protección.