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D 7 30 7 06 Ecléctico, creativo y apasionado, su nombre rubrica algunos de los espacios públicos con más clase y glamour del momento. Pero también dota de orden y belleza los lugares más íntimos, las viviendas, en ocasiones auténticos campos de batalla. ¿Sus armas? Una cultura cosmopolita, una mirada tan estética como práctica y mucha mano izquierda ISABEL GUTIÉRREZ- -Un arquitecto que triunfa en el mundo del interiorismo y la decoración. Hay quien pensará que usted ha hecho el camino a la inversa... -Es cierto que es más fácil pasar de la arquitectura al interiorismo, pero es que a mí me fascina. Y el caso es que nunca había reparado en ello, ni en la escuela ni en mi casa. Aunque tuve la suerte, cuando terminé la carrera, de entrar a trabajar en un estudio de arquitectura donde también se hacía interiorismo, y comenzó a gustarme. -Y hoy, ¿en qué campo se sitúa? -En el que me pone el mercado. A veces me preguntan por qué no hago edificios, y es porque no me los encargan. -Como decorador e interiorista, aparece asociado con los restaurantes, bares y discotecas más fashion del momento... -Es muy gratificante. Frente a la vivienda, donde todo es mucho más comedido, porque te tienes que adaptar a quien la habita, los espacios públicos te dejan más campo, pues los viven más personas. Además, te evitas a las ochocientas primas de la dueña de la casa opinando sobre esto o aquello. ¿Ha hecho cosas que le horrorizaran? -Claro, pero si me piden algo, lo hago bien. Por ejemplo, el restaurante Puerta 57, en el Bernabéu: a mí no me gusta, me parece una barbaridad, pero el cliente está encantado y siempre se llena. Yo no estoy para cambiar gustos. -Frente a la reforma de una casa, supongo que, además de su saber técnico y estético, tendrá que echar mano de la psicología. -Por supuesto, hay que ser un buen psicólogo. Desde el primer día, la gente tiene que abrirse y contarme tres cosas: lo que le ilusiona, lo que necesita y el dinero que puede gastar. -Y no siempre le dicen lo que necesita saber... -El cliente, muchas veces, no cuenta las cosas que realmente ha- GUTIERREZ Y DE LA FUENTE 16 D 7 LOS DOMINGOS DE Ignacio G. de Vinuesa ARQUITECTO, INTERIORISTA Y DECORADOR El español, todavía, no da a su casa la importancia que merece ¿Cómo se aprende a lidiar con todo ello? -Se aprende después de meter la pata muchas veces. ¿Es el español un cliente al que se le puede sacar partido cuando se mete en una reforma? -Depende del tipo. El cliente de estudio siente que su vivienda es algo muy importante, pero el cliente de tienda, no tanto: le basta con comprar un sofá. Y, ojo, que lo que a mí me parece una maravilla, al que entra por la puerta le puede resultar algo dislocado. El español, todavía, no da a su casa la importancia que se merece. Es muy convencional, sobre todo el madrileño. -Será porque aún se vive más en la calle que en la propia casa... -Eso es un tópico. La casa es la casa. Es una cuestión cultural. Si es que en Cataluña, cuando un señor quiere montar una carnicería, contrata a un arquitecto; pero en Madrid, a ver qué carnicero hace eso. Si hasta a mí me ha pasado: cuando empecé a ser consciente de la falta de decoración que impera en la realidad, me di cuenta de que la casa de mis padres era horrorosa. Y durante años ni me había enterado. Se habían dejado una pasta, pero aquello era imposible. -Vaya, con el amorcito que ponen las madres en vestir su casa a lo largo de los años... -Más tarde la cambié, por su puesto. Pero fue difícil, sobre todo por mi madre. ¿Y en qué tipo de casa vive usted ahora? -Yo cambio mucho, porque la utilizo como laboratorio. Y es que cuando no hay un cliente por medio, la creatividad es mayor. Prácticamente, cuando termino una, comienzo la siguiente. -Entonces, ¿no tiene un rincón donde echar raíces? -Tengo una casa en Canarias y otra en Colombia. Soy mucho más creativo allí que en Madrid. Aquí, sobre todo, estoy apagando fuegos. Mis fuentes de INSPIRACIÓN Aprendo viajando. En cuestión de estética, Suramérica tiene mucho futuro, sobre todo Brasil, que nos da muchas vueltas en cuanto a diseño. Va a crear tendencia. París y Londres marcan la pauta, porque mueven el dinero, pero hay otros lugares, entre los que incluyo España, con arquitectos y decoradores fabulosos VÍCTOR INCHAUSTI Mi GURÚ Philip Stark... es quien en los últimos cincuenta años ha creado la modernidad en la decoración. De él todos hemos aprendido, todos hemos copiado, todos hemos reinterpretado. Además, el tío sigue absolutamente activo ce en su casa. Hay señoras que no se atreven a decir que lo que ellas quieren es un bidé, porque les encanta; y señores que rechazan el cuarto de estar porque aseguran que no ven la televisión. Y al final, la tele acaba en la cocina y todos allí, en torno a ella. Ante una reforma, cuando la gente no es sincera, empiezan los problemas. Yo, incluso, he vivido divorcios. ¿Pero a qué tienen miedo? -Más que miedo, es vergüenza, porque entras en su intimidad y porque cuesta reconocer que querrían gastar un dinero que no poseen. El cliente tiene que decirme tres cosas: lo que le ilusiona, lo que necesita y el dinero que puede gastar