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24 DOMINGO 30 7 2006 ABC Internacional Rice presenta a Olmert un plan de acción cogido con alfileres para acabar la guerra El jeque Nasralah reconoce avances, pero amenaza a Israel: Es un país momentáneo una tregua humanitaria de 72 horas solicitada por la ONU, después de que dos cascos azules hindúes resultasen heridos por las bombas israelíes JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. Palabras y bombas. Palabras y cohetes. Hechas públicas y entre bastidores. Palabras tímidas, contradictorias, imprescindibles, necesarias, que se abren paso de modo muy complicado ante una guerra que habla por los codos en el sur del Líbano, en el norte de Israel. Ahí están las palabras intercambiadas por la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, de nuevo en Jerusalén, con el primer ministro hebreo, Ehud Olmert. Palabras que buscan a la desesperada, hoy lo harán casi con total seguridad en Beirut, la luz al final de un túnel que ya ha dejado atrás centenares de muertos, miles de heridos, decenas de miles de refugiados, centenares de miles de evacuados y desplazados, el país del Cedro medio destruido y el tercio septentrional de Israel paralizado. Palabras que una detrás de otra se convierten en una frase. Frases que otra detrás de una completan una propuesta, un documento, un compromiso y quién sabe si una resolución mañana del Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas aceptado por todas las partes en conflicto, tal y como instab Tel Aviv rechaza ron el viernes en Washington, George W. Bush y Tony Blair. Palabras y frases, propuestas y documentos que, según informaciones filtradas desde el entorno de Condoleezza Rice, incluirían: alto el fuego inmediato; despliegue de una fuerza multinacional bajo mandato de la ONU en el sur del Líbano; desarme de Hizbolá y su integración en el Ejército libanés; liberación de los soldados israelíes capturados y de un puñado de presos libaneses de las cárceles hebreas; creación de una zona de seguridad en la frontera para evitar el lanzamiento de cohetes Katiusha negociación sobre las Granjas de la Shebaa, ocupadas por Israel y que Beirut reclama; y un plan internacional para, entre todos, proceder a la reconstrucción, otra vez, veinte años después, del Líbano. Algunos de estos puntos en discu- Soldados isrealíes entran en un barrio de la aldea Maroun al- Ras, al sur del Líbano sión, que Rice espera cerrar en las próximas 48 horas, han sido ya aprobados por el Gobierno de Beirut, incluidos sus dos ministros de Hizbolá, primera vez en que esta organización chií acepta poner sobre la mesa la cuestión de su desarme. Paso muy positivo sentenció Rice. Nasralah, a través de su cadena de televisión, Al Manar, con las banderas de su organización y del Líbano como fondo, con gesto cansad y sin su acostumbrada facilidad de palabra. Quién sabe desde dónde, quizás desde Siria. Hasán Nasralah se despachó a gusto, como suele hacer sin importarle las consecuencias: amenazó con más ataques contra el centro de Israel lo de Afula ha sido sólo el principio acusó a Estados Unidos de boicotear cualquier apuesta de alto el fuego; aseguró que Condoleezza Rice sólo sirve a los intereses de Israel y que Israel es un esclavo de Estados Unidos; negó cualquier victoria militar de Israel sobre el campo de batalla ¿cuándo se ha visto en una guerra árabe- israelí que dos millones de israelíes hayan huido de sus casas o se hayan escondido en los refugios? calificó a Israel de un país temporal, de un Estado militar llamó a la unidad de los libaneses, chiíes, suníes y cristianos, porque la victoria de Hizbolá es la victoria de todo el Líbano y acusó a Tel Aviv de provocar una catástrofe humanitaria. Pero incluso Nasralah, pese a todo, dejó una puerta entreabierta a la esperanza al señalar que se está avanzado en el frente diplomático, avances que se deben a nuestra fortaleza Más palabras teñidas del gris de los nubarrones, del negro de la desazón. Israel, a través de uno de sus portavoces diplomáticos, Avi Pazner, rechazó la tregua humanitaria de 72 horas solicitada por la ONU para permitir la llegada de ayuda a los más necesitados en el sur del Líbano y llevar a cabo la evacuación de miles de niños, mujeres, an- EE. UU. propone un alto el fuego inmediato, pero el jeque Nasralah les acusa de boicotear cualquier apuesta Ante la retirada del Tsahal Israel dice: misión cumplida Hizbolá responde: derrota sin paliativos Amenazas de Nasralah Estos pasos positivos, estas palabras entre bastidores que sólo emergerán cuando todos los detalles y los matices estén atados con doble nudo, chocaron con las palabras públicas de unos y otros, con las bombas y los cohetes de otros y unos. Palabras negativas, por ejemplo, para salir de ese túnel sin bombillas, las pronunciadas de nuevo por el líder de Hizbolá, el jeque Hasán Afula, con el miedo en el cuerpo J. CIERCO AFULA (ISRAEL) Miedo hasta en la sopa, que en verano nadie la toma. Miedo en la cama, que desde hace días son unas incómodas colchonetas colocadas en refugios, muchos de ellos insalubres por la humedad y la falta de higiene. Miedo de lunes a viernes, y también ayer, durante un sabat donde corrillos de personas, siempre con un ojo pendiente del cielo por si llueven de nuevo los cohetes de Hizbolá, comentaban la situación. Miedo en casa, viviendas que muchas familias de esta ciudad con importante presencia árabe han abandonado de manera momentánea para refugiarse en el interior de Israel. Miedo en la gasolinera, abierta incluso en sabat, abierta incluso bajo la amenaza de los cohetes chiíes, porque su operario, Yosi, no quiere rendirse ante el miedo. Miedo en los bosques cercanos, algunos calcinados por el fuego de los cohetes, y en los campos abiertos, como donde el viernes cayó por vez primera en esta guerra un misil de medio alcance, en este caso de fabricación siria y no iraní como se había dicho en un principio, cargado de 100 kilogramos de explosivos. Miedo en la cara de Liora, quien sentada en el porche de su casa se reconoce experta en la mate- ria al recordar los misiles Scud lanzados por Sadam Husein en la Guerra del Golfo sobre Ramat Gan, donde entonces vivía toda la familia Miedo al que nunca se acostumbra uno por mucho que ya lo haya sentido antes (no sólo los Scud también los atentados suicidas palestinos, de los que Afula, por su proximidad con algunas ciudades de Cisjordania, sobre todo Yenín, sabe de sobra por desgracia)