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52 Cultura SÁBADO 29 7 2006 ABC BLUES Veranos de la Villa Concierto de Marcia Ball. Lugar: Jardines de Sabatini. Fecha: 26 de julio LA HISTORIA DE ESPAÑA NOVELA A NOVELA Mañana, con ABC, decimotercera entrega de la colección de novela histórica. La duquesa de Alba de Carmen Güell, por tan sólo 1,99 euros más BLUES HECHO A MANO LUIS MARTÍN Reina de Madrid TEXTO: LUIS CONDE- SALAZAR INFIESTA Sharon Stone le bastó con un volcánico cruce de piernas para cobrar fama y mucho dinero. Marcia Ball, sentada ante su teclado Yamaha, se sirve de su pierna batiente para explicar los impulsos de la explosiva música de Nueva Orleáns. Lo dijo al poco de comenzar su concierto: Quiero cantar una canción de la ciudad de mi corazón La pizpireta Marcia podría haber sido una solvente intérprete de stride pianístico; técnica, nervio e imaginación no le faltan. Sin embargo, prefiere hacer sincero exorcismo con la propia historia musical. Boogie woogie, cajun, blues de los pantanos, country y rock and roll son algunos de los estilos que, bien abrazados, destila el alambique de sus aventuras. Marcia es una cantante de buenas hechuras y entregado y sincero ardor. Y su vitalismo pianístico y esmero en conservar las formas del achicharrante magma del blues sureño, son adivinables desde los discos, algunos de ellos aquí distribuidos por la inteligente fonográfica Karonte. Ambos detalles ya tuvimos oportunidad de comprobarlos en el desarrollo del Festival de Jazz de Vitoria de hace cuatro años, donde compareció por vez primera en España con su quinteto. Ahora ha venido en el mismo formato instrumental y con intenciones similares: hacer revisión de las canciones que ama. Marcia dibuja frases incesantes, largas y llenas de contenido en el piano. Es una contadora de historias animada y amable que goza y hace gozar desde que coloca su primer dedo sobre las teclas. Y tiene socios estupendos, con una filosofía musical compartida, en los músicos que ocupan la plaza del guitarrista y saxofonista, dos solistas que sólo necesitarían un brío equivalente al de la jefa para ser perfectos. La sección de ritmo se completa con un bajista demasiado discreto como para que se note su presencia, y un baterista disciplinado y expresivo. Lo de esta gente es blues hecho a mano, un delicioso desparrame adrenalínico con el repertorio vestido de archivo de toda la música de la que Marcia ha sido testigo y protagonista. Esta mujer se hace querer. No es política profesional. Y tampoco diplomática. Por eso se permite hacer bromas acerca de la expresividad, según ella bastante pavitonta, de los franceses. En La ti da nos mostró las fragancias menos favorecedoras de la vida cotidiana de las gentes del país de Victor Hugo. A En 1945 el cadáver de María del Pilar Teresa Cayetana de Silva y Álvarez de Toledo, decimotercera duquesa de Alba, era exhumado en Madrid. Casi siglo y medio después de su muerte, ocurrida en 1802 en su casa capitalina de la calle Barquillo, cuando la bella y popular aristócrata contaba con sólo 40 años, se intentaban esclarecer los motivos de su deceso, para muchos entonces (dentro y fuera de la Corte) un asesinato encubierto detrás del cual podría estar la mano de la Reina de España y rival de la duquesa, la poco agraciada María Luisa de Parma, esposa de Carlos IV. Los resultados de la autopsia practicada fueron inconcluyentes. Oficialmente una meningoencefalitis, agravada por otros problemas impronunciables, acabó con su vida. El misterio perdura y la leyenda sigue su curso. Nació la duquesa en el castizo barrio de Lavapiés en 1762, fruto de la unión del ilustrado duque de Huéscar, un hombre frío y distante, y de María del Pilar Ana de Silva, femme savante (académica, para entendernos) amante de los salones y de estar pocas horas en casa. La niña se crió, así, entre la aristocracia y el vulgo cañí de las calles gatas, siempre con la duda de no saber en cuál de aquellos mundos estaba el suyo. Retrato de la duquesa de Alba, de Goya Casada por conveniencia a los 13 años, decidió que eso del matrimonio no era para ella y que los hombres estaban para ser degustados de tres en tres. O al menos, eso es lo que se contaba: que por sus muchos aposentos frívolos habían transitado demasiadas calzas. Y pese a esa imagen, la duquesa era admirada por el pueblo, por encanto, belleza y salero y envidiada, por igual motivo, por no pocas y pocos cortesanos. Carmen Güell se adentra en La Duquesa de Alba (2002) relato narrado en primera persona, en la compleja psique de este intrigante y fascinante protagonista de nuestra Historia, desde su infancia hasta su muerte, desde sus primeros disgustos personales y escarceos amorosos a las más sonadas de sus compañías de sábana (Godoy, dicen; Goya- -ella era su musa- Pignatelli- -él era su hermanastro- Dice Güell sobre la duquesa que fue una mujer que marcó estilo dentro y fuera de su círculo. Una mujer que quiso ver y experimentar cosas más allá de los límites que podía permitirse por su rango. Aristócrata y maja a la vez. Su vida discurrió entre dos frentes: los salones cortesanos y el barrio castizo que la vio nacer. Entre linajudos y desheredados. Esto le costó más de un disgusto. Nunca acabó de encontrar la felicidad que perseguía con tanto afán. Su prematura y trágica muerte dio mucho que hablar. Eran aquellos años difíciles para una España en declive y enfrentada a la alternativa entre el progreso y la tradición: Nos encontramos ante una sociedad jerarquizada- -comenta la escritora barcelonesa- -que empieza a moverse. Dada la proximidad con Francia, las ideas iluministas procedentes de allí van calando poco a poco en un sector de la sociedad y surgen los llamados afrancesados entre los grandes y, también, entre muchos de las clases populares. Se enfrentan los que se apuntan a los cambios y los que desean que todo siga igual Una vida literaria Mucho es lo escrito sobre la duquesa, pero Güell apunta un tono de originaABC lidad en su percepción casi pictórica de esta alta dama, mecenas de artistas y sensible a las creaciones de su tiempo. Me fueron muy útiles los retratos de Goya y algunas películas sobre la época. Recurrí a todas las publicaciones que me parecieron oportunas. Hay mucho donde elegir; precisamente, porque se ha hablado largo y tendido sobre el personaje en cuestión, tuve que definirme en la medida de lo posible. La duquesa se me hizo atractiva desde el principio. Enseguida le cogí cariño, lo cual me sirvió de ayuda. Me facilitó las cosas. Se trata, por otra parte, de un personaje sumamente agradecido Agradecido, sí, porque la ambivalencia de sus costumbres, los rumores que la apuntaban y los devaneos jaraneros que siempre la acompañaron son argumentos para convertir en literatura todo lo que su vida tocó.