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ABC SÁBADO 29 7 2006 Internacional 33 en los nefastos efectos del calentamiento global en el Tíbet, donde la temperatura ha aumentado un grado desde 1980. Cada año de las últimas cuatro décadas, los glaciares de la cercana cordillera del Himalaya se han derretido un 7 por ciento propiciando la aparición de un gran río y medio centenar de lagos que se alimentan del deshielo. Los climatólogos ya avisaron Si el proceso afecta a la capa subterránea congelada sobre la que se asienta el tren, su seguridad quedará seriamente comprometida, como advirtieron reputados expertos en climatología durante un simposio celebrado el año pasado en Pekín. Junto a esta amenaza para el trazado, destaca la inestabilidad de las arenas que forman la altiplanície desértica del Qinghai- Tíbet. Varios días después de subir a bordo del tren en su primer viaje entre Pekín y Lhasa, este corresponsal siguió el trayecto de la carretera contigua y observó numerosas cuadrillas de operarios efectuando reparaciones. Tales labores no se pueden concluir con rapidez porque, como admitió Wang, las condiciones de los trabajadores son duras debido al mal de altura ya que 960 de los 1.142 kilómetros de nueva construcción discurren a más de 4.000 metros sobre el nivel del mar. Cada vez son más frecuentes las interrupciones de los convoyes porque manadas de pesados yaks se saltan las barreras de protección e invaden vías, obligando a los trenes a detenerse para no atropellarles y causar un accidente. Los problemas dificultan la realización de un vieja aspiración del régimen comunista: llevar el tren hasta el Tíbet y facilitar la colonización de la etnia Han, mayoritaria en una región invadida por el Ejército chino en 1950. Ideado hace cinco décadas, Pekín ha invertido el proyecto 3.300 millones desoyendo ecologistas a los que el tiempo, más bien temprano que tarde, puede acabar dando la razón. Unos niños observan el paso de tren chino que lleva a Lhasa por la dehesa tibetana AP Las vías del tren chino al Tíbet se hunden al mes de su inauguración El Ministerio de Ferrocarriles detecta varias grietas peligrosas PABLO M. DÍEZ. CORRESPONSAL PEKÍN. Uno de los proyectos más colosales de los últimos tiempos en China, el tren al Tíbet, amenaza con descarrilar tan sólo tres semanas después de que Hu Jintao, el presidente chino, inaugurara la línea ferroviaria más elevada del mundo. Las vías han empezado a hundirse al ceder el terreno en algunos tramos. El problema ha sido detectado en parte de los 550 kilómetros del trayecto que discurre sobre una capa subterránea helada permahielo lo que obligó a construir los raíles varios metros por encima de la superfície y apoyados en grandes pilares. Según reconoció ayer el portavoz del Ministerio de Ferrocarriles, Wang Yongping, al diario Noticias de Pekín, la tierra congelada que sostiene las vías se está hundiendo y resquebrajando, haciendo que la línea sea inestable en algunos lugares Por eso, Wang alertó de que el cemento se está agrietando en algunas estructuras de las vías y los puentes, generando peligro para la línea y pasajeros Aparte del enorme peso que debe soportar dicha capa subterránea congelada, otro de los mayores riesgos radica