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16 Nacional LEY DE VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL Y LA DICTADURA SÁBADO 29 7 2006 ABC LA REVISIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA (Viene de la página anterior) muerte a la burguesía criminal! A juicio de Álvarez Tardío, en el PSOE se produjo una reacción visceral, que ya se veía venir, de no aceptar los resultados electorales. Sus hombres se pusieron a trabajar en algo que creían legítimo: derrocar al Gobierno mediante una huelga general revolucionaria El partido se lanzó en masa a ese proyecto, que tampoco era extravagante, pues formaba parte de la tradición política española: hacerse con el poder por la fuerza. Se desconfiaba de la movilización electoral al tiempo que se malograba la consolidación de una cultura democrática. Ésa era una patología política nacional ba eran mantener unidos al partido y a UGT. Hizo una defensa corporativa: no había que tirar por la ventana años de sindicalismo socialista por un acto de infantilismo revolucionario. En ese sentido contemporizó y se mostró pragmático y realista. Tampoco asumió que la democracia parlamentaria y representativa fuera un fin en sí mismo. Nunca dijo: Vamos a defenderla como una vía de acceso a reformas que van a beneficiar a los trabajadores; vamos a renunciar a nuestro objetivo último, el Estado socialista, y vamos a convencer al electorado de que no hay que estar siempre con las espadas en alto para destruir el sistema Prieto se arrepiente Por su parte, Prieto comprendió que se había involucrado más de lo que hubiera deseado en el proceso revolucionario. Sin embargo, el arrepentimiento de Prieto más bien obedecía a una postura de puro realismo político. Nunca llegó a decir, de manera sincera y clara, que estuvieran equivocados en el objetivo, que debían haber perseguido una democracia liberal, donde lo básico fuera el respeto por los derechos fundamentales y la alternancia de partidos, además de un programa de reformas sociales y económicas Tampoco lo hizo el PSOE, un partidio que conservó hasta finales de los años 70 el adjetivo de marxista Aun en plena Transición, suscribió documentos y manifestaciones teóricas que no albergan, precisamente, un fondo liberal y democrático consistente- -conluye Álvarez Tardío- De hecho, los socialistas jamás han acometido una gran revisión doctrinal sobre las posiciones que mantuvieron durante los años 30. Algo que la derecha se ha visto obligada a hacer casi a a diario. Ellos han sido los amnésicos, los menos interesados en hablar del pasado durante la Transición La amenaza fascista Yo creo que ni ellos se creían que existiera tal amenaza fascista y que la representara Gil Robles- -matiza Álvarez Tardío- Ese fue uno de los grandes errores de la República. Pudo haberse rectificado el sectarismo del año 31 y haberse revisado la Constitución en un sentido más integrador, si la reacción de la izquierda republicana hubiera sido decir: Bueno, hemos perdido, vamos a ver qué hacen estos señores y cómo gobiernan, a lo mejor podemos llegar a un compromiso de reforma constitucional. Pero no ocurre nada de eso. La izquierda republicana mantuvo una posición ambigua, acudía al Parlamento, discutía pero, desde un primer momento, intentará deslegitimar al Gobierno de centroderecha. Luego, no se mostró abiertamente contraria a la Revolución de Asturias. Sin embargo, a pesar de los elementos autoritarios o corporativos, Gil Robles no representaba ninguna amenaza fascista En fin, dos escándalos de corrupción de gran envergadura: el del estraperlo y el Tayá- Nombela, provocaron la caída del Gobierno y el presidente Alcalá Zamora convocó elecciones. Largo Caballero, que había aprovechado el año de cárcel para leer por primera vez a Lenin, proclama: Quiero una sociedad sin lucha de clases, pero para ello es necesario que desaparezca una clase y en un mitin aun amenazó: En caso de una victoria de las derechas tendremos que ir forzosamente a la guerra civil Toda la campaña electoral estuvo encaminada a liberar a los presos. Hasta los anarquistas votaron aquel 16 de febrero, rompiendo el gran tabú de su fe política. El Frente Popular ganó por un mínimo dos por ciento de los votos, pero la ley electoral, de criterio mayoritario para evitar la fragmentación parlamentaria, le concedió la mayoría absoluta. Antes de que se hubiera firmado el decreto de amnistía, las multitudes liberaron las cárceles. La izquierda se sentía legitimada para acometer grandes reformas de carácter revolucionario. Julián Besteiro fue uno de los pocos dirigentes políticos que se opuso y condenó públicamente la Revolución de Asturias. Sin embargo, aunque a veces se le tacha de socialdemócrata, él era un marxista- -señala Álvarez Tardío- Y en ningún caso hizo una revisión profunda del socialismo: no fue un Bernstein español, para desgracia del PSOE nunca hubo un Bernstein en España. A Besteiro lo que le preocupa- Estatua de Indalecio Prieto en los Nuevos Ministerios de Madrid JULIÁN DE DOMINGO GONZÁLEZ NO MIRÓ AL PASADO CÉSAR ALONSO DE LOS RÍOS N la pizarra de Suresnes no figuraron términos como República o Guerra Civil. El nuevo PSOE había roto con Rodolfo Llopis. Se lo había regalado a Tierno Galván. Los socialistas históricos no sacaron un solo diputado en las primeras elecciones y González se dedicó durante las dos primeras legislaturas a abrir brechas en UCD, que era por donde podía llegarle el crecimiento. En sus discursos, rara vez miraba al pasado y cuando lo hacía prefería decir el régimen anterior a dictadura ¿Por qué molestar a un hombre como Paco Fernández Ordóñez, que había sido presidente del INI y ahora hacía de topo para el PSOE desde el consejo de ministros de Adolfo Suárez? Los miembros más lúcidos de la que pronto iba a ser la vieja guardia del PSOE pensaban que Francisco Largo Caballero había si- E do una enorme desgracia para España. En los medios más cualificados del PSOE se le consideraba el responsable de la guerra civil. Siempre se ha hecho el vacío a la Fundación dedicada al Lenin español Con la entrada de Claudín en el PSOE aumentaron las críticas a la República. Para el viejo camarada de Santiago Carrillo la Guerra Civil no puede entenderse sin la revolución de Asturias. Si el triunfo de la izquierda en las municipales resolvió el problema del pasado con los cambios de nombre de algunas calles, como Generalísimo Franco, José Antonio, General Mola o Víctor Pradera, la victoria de González no supuso reivindicación histórica. En realidad, en los últimos años del franquismo y en los primeros de la democracia se había hecho casi todo lo que cabía esperar en rela- ción con el exilio o la recuperación de la mayor parte de los creadores... Más aún: para algunos, ciertos escritores o intelectuales o artistas habían sido sobrevalorados por razones estrictamente políticas. Quizá por simple ignorancia, una buena parte de los dirigentes socialistas no son conscientes del sentido parcial que ha tenido la recuperación de la Historia desde finales de los sesenta. Y no precisamente a favor de la versión de los vencedores De ahí la perplejidad que está produciendo el texto de Schlayer sobre el Madrid en guerra. ¿Qué decir de las recuperaciones históricas que se vienen haciendo en las escuelas del País Vasco, Cataluña y Galicia o, incluso, en algunos museos de los que lo mejor que se podría decir es que son beligerantemente antiespañoles? Era de esperar que en los comienzos de la democracia se diera un movimiento pendular a favor de algunos aspectos del pasado. Era inimaginable, sin embargo, que a los setenta años de la guerra José Luis Rodríguez Zapatero siguiera buscando enemigos...