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ABC SÁBADO 29 7 2006 Nacional 15 LA REVISIÓN DE LA MEMORIA HISTÓRICA LEY DE VÍCTIMAS DE LA GUERRA CIVIL Y LA DICTADURA Los socialistas y la izquierda republicana se confundieron y creyeron ser la mayoría natural del país Hubo un claro desprecio por la España conservadora y católica que ellos consideraban ya caducada sa y la posibilidad de nacionalizar los medios de producción, con la que no sólo se amparaban las expropiaciones a la nobleza y los terratenientes, sino que podía facilitar un asalto general a la propiedad privada. En ningún caso, cuando republicanos y socialistas hablaban de consenso atendían a la visión conservadora, católica, de la vida política, que sí estaba presente en la sociedad española, aunque no se viera suficientemente representada en el Parlamento. Para ellos, el consenso constituyente era el de Izquierda Republicana, Partido Republicano Radical y PSOE. Por tanto, hubo un claro desprecio, podríamos decir, por la España conservadora que ellos consideraban ya caducada, y a la que, en todo caso, querían sepultar definitivamente con el instrumento constitucional y con el uso contundente del Estado El Gobierno Provisional del 14 de abril de 1931. En pie (i. a d. Prieto, Domingo, Casares, De los Ríos, Nicolau, Largo Caballero, Giralt y Martínez Barrios. Sentados: Lerroux, Azaña, Alcalá Zamora, Besteiro y Albornoz Para el historiador Manuel Álvarez Tardío, especialista en el PSOE de los años 30, los socialistas han sido los amnésicos, los menos interesados en hablar del pasado en la Transición La República está muerta Por eso, cuando pierden las elecciones de 1933, los socialistas anuncian que la República está muerta, que aquélla no era su República- -recuerda el historiador- Jiménez de Asúa, miembro de la Comisión Constitucional, manifestará que ellos estaban orgullosos de haber redactado una Constitución de izquierdas; es decir, no concebían el texto constitucional como un conjunto de reglas del juego que permitiera la alternancia en el Gobierno de otros partidos y programas políticos distintos. El PSOE no mantuvo un compromiso político claro y rotundo con la democracia Bartolomé Bennassar enumera en El infierno fuimos todos (Taurus, 2006) algunos atentados antidemocráticos que se cometieron durante la República, entre ellos, que el presidente Niceto Alcalá Zamora, presionado por los socialistas y los sindicatos, impidiera que la CEDA formara parte del Gobierno Lerroux pese a que había ganado las elecciones. Aquella clase política desconocía la lógica parlamentaria de los votos. Por fin cedió ante ella diez meses más tarde. Pero, cuando se iban a incorporar tres ministros cedistas, al grito de ¡Ya viene el lobo fascista! se desencadenó la Revolución de octubre de 1934. Anthony Beevor recuerda en La guerra civil española (Crítica, 2006) que Francisco Largo Caballero le había ganado la partida a Indalecio Prieto en el Comité Ejecutivo del PSOE y que éste se había bolchevizado peligrosamente. Ya en enero de aquel año podía leerse en El Socialista ¿Armonía? ¡No! ¡Lucha de clases! ¡Odio a (Pasa a la página siguiente) El PSOE no se comprometió con la II República TEXTO: TULIO DEMICHELI El PSOE ha apadrinado en el Congreso de los Diputados y en el Parlamento Europeo mociones que consagran a la II República como un periodo de idílica vida democrática y que condenan el levantamiento militar del 18 de julio de 1936 y la dictadura. El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, ha abanderado personalmente este proceso político que ha resucitado los fantasmas de la guerra civil en nombre de una memoria histórica que fue supuestamente silenciada durante la redacción consensuada de la Constitución de 1978, anunciando que se avecina una Segunda Transición La decidida intervención pública de los más importantes historiadores, a izquierda y derecha del arco ideológico, no sólo ha señalado la inconsistencia de tales pronunciamientos, sino que logró rebajar el tono y el alcance de una iniciativa legislativa dirigida más a calificar a la oposición de franquista que a solventar deudas impagadas con la Historia. Manuel Álvarez Tardío, autor de Anticlericalismo y libertad de conciencia: política y religión en la Segunda República Española (Centro de Es- tudios Políticos y Constitucionales, 2002) y de El camino a la democracia en España, 1931 y 1978 (Gota a gota ediciones, 2005) ha estudiado a fondo el papel que desempeñaron los socialistas en aquella tragedia. El PSOE, que era una formación marxista revolucionaria, mantuvo un compromiso accidentalista con la democracia- -explica el historiador a ABC- Los socialistas veían una República y una democracia burguesas y entendían que en España no se había realizado aún la revolución burguesa como paso previo a la instauración del socialismo. Justificaban su colaboración con el nuevo régimen para hacer esa revolución pendiente y luego dar el salto definitivo al socialismo Bien es verdad que en los años 30 eran muy pocos los actores políticos que defendían lo que hoy entendemos como democracia parlamentaria. Más bien eran antiliberales. Aunque los socialistas se manifestaran con cierta ambigüedad a la hora de ocupar cargos ministeriales, en ningún caso renunciaron a hacer la revolución. No eran demócratas en el sentido de asumir que hay diferentes opciones de actuación política y diversas ideologías, y que es preciso aceptar el juego del ir y venir de esas alternativas mediante elecciones El consenso constituyente de 1931 El 14 de abril cae la Monarquía tras las elecciones municipales y el Gobierno Provisional enseguida convoca a las urnas. La derecha no se organizó a tiempo y sólo conseguirá 85 actas parlamentarias, mientras que el centro y la izquierda republicanos, junto con los socialistas, bien organizados por la lucha contra Primo de Rivera y más resueltos, lograron 399. El 14 de julio, día en que se conmemora la Revolución Francesa, se inauguran las Cortes Constituyentes. La República tuvo un problema de origen- -señala Álvarez Tardío- Tanto los socialistas como la izquierda republicana se confundieron y creyeron que ellos solos representaban a la mayoría natural del país Algunos capítulos provocaron enfrentamientos entre los republicanos burgueses y los socialistas. Entre ellos, la enseñanza, la cuestión religio-