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6 Opinión SÁBADO 29 7 2006 ABC AD LIBITUM DESDE MI BUHARDILLA GALLARDÓN NO ENGAÑA UANDO, al fin de los tiempos, llegado el momento de la parusía, suenen las trompetas del Juicio Final, todos iremos al Valle de Josafat. Lo estoy viendo en la imaginación de Miguel Ángel, en su fresco de la Capilla Sixtina, y sólo me asalta una duda profunda: ¿qué haremos con Alberto Ruiz- Gallardón? Escucho, mientras llueve torrencialmente en Cantabria- ¡alabado sea el Señor! las trompetas del segundo Concierto de Brandemburgo, solemnes, intimidadoras y equivalentes a las que sospecho en el Apocalipsis; pero ni aún así, ni con Bach, encuentro acomodo para el alcalde de Madrid. ¿Debe formar en el lote de los que se sienten a la deM. MARTÍN recha de Dios Padre o en FERRAND el de la izquierda? César Alonso de los Ríos, viejo maestro del oficio y gran descubridor de supercherías, se pasmaba ayer en estas páginas, porque el alcalde que rompió su vara y despidió a los maceros se dispone a oficiar, en la plaza de la Villa, la boda entre dos varones que, a mayor abundamiento, militan en el PP. ¿Que eso no es coherente con la doctrina que predica el partido que preside- ¿sí? -Mariano Rajoy? Natural. La lógica, la ética y la estética, las tres juntas, han sido proscritas en la vida política nacional y, machacadas por la efervescencia nacionalista, han cedido su espacio a un concepto nuevo al que los expertos llaman rentabilidad electoral. Las trompetas ya no anuncian acontecimientos nuevos y, menos todavía, juicios que pueda imaginar un Buonarroti. Han quedado para la más utilitaria función de subrayar la gloria de los líderes después de unas elecciones y eso, por lo que llevamos visto, es lo único que mueve y apasiona a Gallardón, un gallo principal dispuesto al cacareo en todos los corrales. Enfermo de electoralismo, parece dispuesto a oficiar una boda gay lo mismo que a circular por la M- 30. Nada le arredra ni le detiene. Todo por un voto y, si es por dos, puede incluso llegar a vestirse de chispero y marchar de verbena a Malasaña, dedicarle unas endechas arrepentidas a Esperanza Aguirre y entonar alabanzas y loores a Rajoy. Ruiz- Gallardón, mi querido Alonso de los Ríos, es el político, entre todos los del muestrario nacional, que menos engaña. Ni tan siquiera utiliza su talento, que no es escaso, para un tenue disimulo. Va, por derecho, a por el voto de sus vecinos y, si le valiera, a por los de Cuenca o Almería. De hecho, mira hacia Seseña con ojos golosones pensando en que ahí, aunque sea sin agua y en Toledo, puede haber algún día votantes útiles para su personalísima causa. Si el personaje fuera vulgar, o menor, ya habría sido borrado de la nómina estelar de su partido de referencia; pero, ahí está el detalle, es una de las mejores cabezas de la formación y, si la ambición es un mérito, el máximo valor del partido en el que, teóricamente, manda Rajoy. Él mismo puede ponerse a tocar la trompeta y entrar en Josafat, según el tráfico, por la derecha o por la izquierda. LA MAMPARA rrota. Un sujeto claramente destinado a pasarse muI ese individuo, Txapote no perteneciese a chos años en prisión, un tipo verdaderamente atrala banda terrorista ETA, si no fuera un asesipado no tiene ni la desfachatez, ni el gesto de satisno de responsabilidad limitada -no diré facción, ni la pupila desafiante de ese individuo. que con licencia para matar, pero sí con respaldo Que, por cierto, no llegó a romper la mampara. suficiente como para creerse con derecho a no dar Quizás ese individuo ya sepa que de un modo u cuenta de sus crímenes ni ante la sociedad ni ante la otro le será perdonada su deuda. Quizá ya supiera, Ley- si fuera un energúmeno cualquiera, es decir, cuando disparó contra una nuca o una espaluno de esos renglones de Dios que un mal día da inocentes, que nunca le quemaría la garse tuercen por arrebato, rencor, codicia, ofiganta el amargo trago de sangre que él daba a cio o despecho, no creo que se hubiera tomabeber a otros. Supondría, me imagino, que en do la libertad, en el momento mismo en que el peor de los casos, si le detenían, tendría toda ella dependía del juicio de un magistraque acostumbrarse a la estrechez, o menos, do, de llamarle payaso. Tampoco me lo imagide una celda selecta. Seguro que más ancha no, sin la soberbia que da la impunidad, liánque un zulo Sin duda, más confortable y dose a coces contra una mampara. LAURA luminosa. Sin relojes que contaran sus días. Aparte del rostro del individuo, con esa CAMPMANY Sin patios comunes. Sin enemigos de quienes mueca aterradora que transmite la mezcla defenderse. Sin vejaciones de las que lamentarse. más perfecta que yo haya visto en mi vida de odio, Sin miedo. Con su mampara y todo. desprecio y locura, lo chocante de esta historia es la Si ese individuo hubiera dado cauce a su inclemampara. No he estudiado Derecho Procesal, e igmencia en un duelo cuerpo a cuerpo, habría temido noro por tanto qué razones pueden llevar a un juez a morir tanto como se ha atrevido a matar. Si ese inditomar la decisión de aislar a un encausado. No sé si viduo hubiera tenido que enfrentarse alguna vez a lo hará para protegerle de alguna posible agresión, la persecución de un sicario, o al sin perdón de o para impedirle la fuga. No sé, en este cuento de una viuda con el alma cortada, o a la repulsa activa urnas, cuál es la rosa vulnerable: si la seguridad del de su propio horizonte; si hubiera siquiera sospepresunto culpable o la integridad de los testigos. Si chado, como muy bien sabían los corsarios, que los la estabilidad del supuesto agresor o la serenidad de que enarbolan bandera negra no pueden permitirse la víctima cierta. O la propia Justicia. Tan frágil, se el lujo de dejarse apresar; si hubiera tenido que condiría, que precisa blindarse de mamparas. vivir en la cárcel con lobos más humanos, pero Admiro al hombre que ha tenido que juzgar a este igualmente fieros, quizás nos miraría- -desde esa individuo y soportar sus desplantes, desacatos e infoto insolente que no consigo olvidar- -con el missultos. No hay sueldo que pague tanta exposición a mo aborrecimiento, pero no con la misma sonrisa. la ira, o la creciente impotencia con que las judicatuSi hubiera podido percibir en su carne el hartazgo, ras de los estados democráticos se enfrentan a ciery la indignación, y el profundo asco de todos los que ta clase de delincuentes. Admiro, ya digo, su valor; hemos asistido a su miserable espectáculo, se hapero intuyo que tiene un fondo inútil. Porque la senbría inmolado como un demente, o habría callado sación que a uno se le queda en las tripas, después como un cobarde. Y es que aquí lo que sobra es la de ver las imágenes y leer las declaraciones del insumampara. rrecto, es la de una inmensa, descorazonadora de- C S