Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
62 Espectáculos VIERNES 28 7 2006 ABC VIERNES DE ESTRENO San Francisco (1936) El coloso en llamas (1974) Tiburón (1975) Hollywood vuelve a inspirarse en los desastres, naturales o no, para nutrir sus arcas. Si en los 70 tenía como subtexto los problemas con el petróleo, el del nuevo cine podría ser el 11- S y la condición de asedio mundial que empieza a percibir la sociedad Cine de catástrofes en tiempos de crisis TEXTO: ANTONIO WEINRICHTER MADRID. En 1970, en pleno apogeo de aquel nuevo Hollywood que por una vez se estaba dedicando a producir películas pequeñas, renovadoras y audaces, sobrevino el gran éxito en taquilla de Aeropuerto una aparatosa producción que recuperaba el dispositivo espectacular (y los seculares defectos) del viejo Hollywood. Aquel elefantiásico título de George Seaton volvió a instalar en el cerebro de los ejecutivos la mentalidad de el tamaño sí importa generando tres secuelas numeradas según su año de producción (75, 77, 79) y, el mismo año que se produjo la última de ellas, generó también- -de forma completamente involuntaria- -una memorable deconstrución paródica, Aterriza como puedas Hoy Aeropuerto se ve también como el inicio de un género que dominará el cine comercial americano durante la década de los años 70: el cine de desastres. No era, por supuesto, un género completamente inédito. Tenía antecedentes en títulos como San Francisco (1936) sobre el terremoto que asoló la ciudad californiana, o como Huracán (1937) del maestro John Ford, cuyo desastre titular transcurría en la Polinesia, y que fue rehecha con el mismo título en 1979, al final del ciclo del disaster film y la propia Aeropuerto era ya un remake de una oscura película de Byron Haskin de 1959, Jet Over the Atlantic Un precedente más cercano, por supuesto, era el ciclo de ciencia- ficción de los años 50, con sus tarántulas, mutaciones e invasores extraterrestres: como supo ver Susan Sontag en un ensayo ti- tulado precisamente La imaginación del desastre aquel cine fantacientífico no estaba muy interesado en la ciencia, lo que le concernía era una estética de la destrucción. La principal diferencia con el ciclo de los 70 es que el cine de desastres es realista (los desastres son naturales o revelan un colapso de la tecnología) y que no suele tener- -con excepciones como el Tiburón (1975) de Spielberg- -como protagonista al tradicional héroe individualista del cine americano, en ocasional alianza con las fuerzas institucionales: aquí es la sociedad civil en microcosmos la que debe cerrar filas y, olvidando al disidente héroe del cine del nuevo Hollywood contra el que en el fondo supone una reacción, juntar sus fuerzas para tratar de sobrevivir a la crisis que amenaza a toda la colectividad. Reunión Grand Hotel Este esquema dramático sugirió en la época una lectura bastante transparente del subtexto del cine de desastres como un rearme civil ante lo que se perci- No era un género completamente inédito. Tenía antecedentes en títulos como San Francisco (1936) o Huracán (1937) del maestro John Ford bía como una amenaza de descomposición de todo un sistema social, acrecentado por variables más concretas como la llamada crisis del petróleo de 1973. Desde un punto de vista más frívolo, el carácter coral del género se concretó en unos nutridos repartos llenos de viejas glorias de Hollywood, que salieron de su refugio en las series y culebrones de la tele para volver al cine a batirse el cobre con las estrellas del momento y con la pantalla azul de los efectos especiales, el verdadero protagonista del género. Así, el cine de desastres era también una forma de actualizar otro subgénero añejo de la industria: la reunión estelar al estilo Grand Hotel pero cambiando el glamour del modelo original por un vestuario progresivamente sudado, embarrado, chamuscado y hecho jirones. Ver a viejas y jóvenes estrellas convertidas en fashion victims tan baqueteadas como los decorados en los que naufragaban era sin duda una de las cosas que convertía al cine de desastres en camp instantáneo, por citar otro concepto estudiado por la Sontag, mucho antes de que Aterriza como puedas (y aún antes, en 1976, otra hoy olvidada parodia, The Big Bus una premonición cachonda de Speed viniera a demostrarlo por reducción al absurdo. Pero durante unos años Hollywood se tomó el género muy en serio, porque hablaba el único lenguaje que comprendía, el del dinero. Después de Aeropuerto vino La aventura del Poseidón la película de la que ahora se estrena su versión xerox y luego vino la avalancha: El coloso en llamas (1974) la mencionada Tiburón Terremoto (1974) Hindenburg (1976) la propia Avalancha (1978) y así hasta llegar a la fase final del ciclo en 1979, annus horribilis que produjo catástrofes (en todos los sentidos) como Meteoro Huracán y la secuela Más allá del Poseidón Desastres naturales Después Hollywood dejó descansar durante una década su conciencia apocalíptica, trasladándola al más lejano territorio imaginario de la ciencia- ficción estelar. Pero desde hace unos años ha vuelto a las andadas de los desastres naturales, no se sabe si por preocupación ecológica o por su congénita querencia por las películas grandes como godzillas y podría hablarse de todo un nuevo ciclo configurado por títulos como la underground Pánico en el túnel (1996) las eruptivas Un pueblo llamado Dante s Peak y Volcano (ambas de 1997) y las cuasi- fantásticas Impacto profundo (1998) Armageddon (1998) y El núcleo (2003) Y si el subtexto del cine de desastres de los 70 era la crisis del petróleo y el desgarro de la imagen propia de la sociedad americana, el del nuevo cine cuasi- apocalíptico podría serlo el 11- S y la condición de asedio mundial que empieza a percibir dicha sociedad. Claro que también podríamos decir que en la estela de este Poseidón sólo hay que ver un barco que se hunde. Aeropuerto 77 (1977) Volcano (1997) Armageddon (1998)