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58 Cultura VIERNES 28 7 2006 ABC Dorst, Schlössmann y Thielemann forjan en Bayreuth El Anillo del Nibelungo El oro del Rin presentado recuerda la visión para antiwagnerianos de Karajan en 1967 M. Fujimura (aquilatada Erda) A. Bezuyen (ágil Loge) A. Shore y G. Siegel (la pareja de nibelungos) y un F. Struckmann (Wotan) prometedor OVIDIO GARCÍA PRADA BAYREUTH. Comenzó la forja tan esperada de El Anillo del Nibelungo a cargo del prestigioso y octogenerario dramaturgo Tankred Dorst (dirección escénica) Frank Philipp Schlössmann (escenografía) y Christian Thielemann (dirección musical) Dorst sólo ha hecho teatro y debuta ahora como director operístico, nada menos que con la obra más larga y difícil del repertorio. Schlössmann es su polo complementario: sólo ha hecho ópera y ha escenografiado ya cuatro obras wagnerianas. Para ambos, el montaje supuso un enorme desafío, debido a la premura temporal en los preparativos. A Dorst le fascinan los relatos míticos y fabulosos, y como autor (por ejemplo. de Merlín ocho horas de teatro sobre el mismo tema de la ópera de Albéniz) trabaja un ámbito mitológico similar al wagneriano. Contempla El Anillo como un gran cuento, pero, a diferencia de Wagner, no lo entiende como una unidad, sino con cuatro partes diferenciadas. Fiel a su propósito de tematizar la foraneidad de los dioses en nuestro tiempo y, por tanto, de no humanizarlos presentando a un alto ejecutivo, Wotan con maletín como hizo el errado Jürgen Flimm, concibe a los dioses y semidioses como entes reminiscentes de tiempos arcanos. Sitúa su problemático hábitat en nuestra intimidad y en nuestro entorno. Vagabundean sin rumbo y se manifiestan en lugares marginales de un planeta carente y despreocupado de la dimensión trascendente. Se mueven, por tanto, en los márgenes de nuestra civilización y frente al total desinterés de quienes deambulan a su lado. La atemporalidad de su origen y ubicación histórica la subrayan los extraños atuendos b Cantaron la ópera blancos de extraterrestre. La ambientación, en cambio, es- -en el marco de un realismo fantástico- -crudamente realista. Por ejemplo: una fábrica o un anticuado gabinete de física. Ésa es lo propuesta, veamos ahora su realización. Tres decorados panorámicos El oro del Rin se desarrolla en tres decorados panorámicos: el interior de un estilizado curso del Rin con lecho roqueño y la superficie como pantalla de proyección de ninfas desnudas inaprehensibles para Alberich; la terraza de un parque donde merodean los dioses y el sótano de una fábrica, cuyo lienzo mural se rompe oportunamente para mostrar la cueva de Nibelheim. Del olimpo germánico, a Dorst le interesa congenialmente Loge, la figura de un escéptico hombre moderno, el único presentado con atuendo callejero actual. Técnicamente, impoluto todo. En cambio, la dirección actoral es, de momento, muy sobria, inexistente a veces: dioses náufragos en un mundo extraño, abandonados por el destino y el director. La prestación canora fue también desigual, destacando M. Fujimura (aquilatada Erda) A. Bezuyen (ágil Loge) A. Shore, G. Siegel (la pareja de nibelungos) y un F. Struckmann (Wotan) prometedor. Thielemann, que considera haber alcanzado así la cumbre de sus sueños profesionales, tejió en el foso un primoroso brocado sonoro, Andrew Shore, Ulrike Helzel, Fionnula McCarthy y Marina Prudenskaja en El oro del Rin con la cuerda aportando las hilaturas de seda, y el metal, el filamento dorado. Pura orfebrería orquestal. Se percibía el retozar arpegial de las arpas y surgían continuamente ignotas sonoridades, filigranas e incluso disonancias pretristánicas, ocultas en los recovecos de la notación. El mismo acorde en mi bemol mayor que inicia musicalmente el fluir del agua y el misterioso devenir de la nada, surgido casi inaudible en la oscuridad de la cuerda, contrastó ya abiertamente con el reciente Oro de Simon Rattle, extremoso y radical, en Berlín y Aix- en- Provence. El Oro es principio y no fin, según Thielemann una gran obertura, fraseada con infinita ligereza, legato y pura ROCK The Who Vocal: Roger Daltrey. Guitarra: Pete Townshend. Batería: Zar Starkey. Teclados: John Bundrick. Lugar: Palacio de Deportes de la Comunidad de Madrid. Fecha: 27- VII- 2006. VIVOS Y COLEANDO PABLO CARRERO EDICTO D ÑA. MARIA ASUNCION PERIANES LOZANO, MAGISTRADO- JUEZ DE PRIMERA INSTANCIA N 78 DE LOS DE MADRID. HAGO SABER: Que en este Juzgado y con el n 1229 2006- A se sigue a instancia de D TERESA PEÑA PEREZ expediente para la declaración de fallecimiento de FRANCISCO PEÑA DIAZ DEL CAMPO, nacido en Aranjuez, el día 7 de noviembre de 1937, hijo de Francisco y Luisa, quien se ausentó de su último domicilio en Madrid c Tenerife 45, no teniéndose de él noticias desde 1984, ignorándose su paradero. En cuyos autos, de conformidad con lo establecido en el artículo 2.042 de la Ley de Enjuiciamiento Civil, he acordado la publicación del presente Edicto, haciendo constar la existencia de este procedimiento a quienes pudiera interesar. Dado en MADRID, a veintidós de mayo de dos mil seis. EL LA MAGISTRADO- JUEZ EL LA SECRETARIO. o son pocos los motivos de los que podía echar mano cualquier buen aficionado al rock para ir a ver anoche a los Who. No solamente era el primer concierto que la formidable banda británica ofrecía en nuestro país, sino que, sobre todo, se trataba de asistir al directo de una formación que, a pesar de los muchos pesares con los que carga desde hace N décadas, mantiene viva su leyenda gracias precisamente a una imbatible solidez en sus actuaciones sobre las tablas, a una contundencia de la que carecen la mayoría de los músicos de su generación todavía en activo. La gran noticia es que los Who están bien vivos y en una forma extraordinaria. Después de tomar la controvertida decisión de seguir con la gira de aquel año, solo unos días después del fallecimiento del bajista John Enwistle en junio de 2002, Roger Daltrey y Pete Townshend, los dos únicos supervivientes de la formación original del cuarteto, vuelven a estar en la carretera, apañándoselas para mantener en pie un nombre que está entre lo más sobresaliente del rock británico de todos los tiempos. Sobreponiéndose a unas pintas que los alejarían definitivamente de la ortodoxia rock, Daltrey y Townshend atesoran la energía necesaria para defender con dignidad, fortaleza y credi- bilidad un repertorio lleno de esplendorosas canciones. Ante un público que casi llenaba el Palacio de los Deportes de la Comunidad, y con la mejor disposición, estos Who de 2006, completados con una base rítmica impecable y un teclista igualmente excelente, se dispusieron a ofrecer un concierto potente, enérgico, honesto... sin trampa ni cartón. Tocaron un par de canciones nuevas, pertenecientes al que habrá de ser su primer disco con material original en más de veinte años- -canciones ágiles y prometedoras- pero basaron su repertorio en una muy atinada selección de temas emblemáticos no solamente de la banda, sino de la música popular de los últimos cuarenta años. No faltó, naturalmente, un trepidante My generation cuya ausencia nadie habría perdonado, pero es que también dieron cuenta de joyas como Anyway, anyhow, anywhere Substitute o, ya en la generosa y arrolladora sesión de propinas, The kids are al-