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ABC VIERNES 28 7 2006 Internacional 35 La ONU considera que ha sido removido el último obstáculo para lograr unas elecciones sin violencia regresar a sus hogares. Makizala, que piensa votar a Kabila hijo, dijo que los milicianos del FRPI siguen campando por Ngadju. Crímenes de guerra Aunque Mankarios matizó que la oferta gubernamental de amnistía sólo beneficia a quienes se levantaron en armas contra el régimen y no cubre crímenes de guerra ni crímenes contra la humanidad, no quiso restar relevancia a la noticia. Tanto las Naciones Unidas (con casi 18.000 cascos azules desplegados en Congo) y la Unión Europea (que financia buena parte de los 2.000 millones de dólares que ha costado pacificar el país y preparar sus primeras elecciones democráticas) como el Gobierno congoleño quieren y necesitan que los comicios del domingo sean un éxito tras una guerra que ha costado casi cuatro millones de muertos y décadas de degradación y miseria para el país potencialmente más rico del continente negro. Para ello se aceptó en la paz firmada en Suráfrica que antiguos señores de la guerra se convirtieran en viceministros. El FNI, que pretende extraer el máximo beneficio de bajar los fusiles, figura en un informe de Human Rigths Watch como firmante de un contrato con el segundo productor de oro del mundo, Anglo Gold Ashanti, para extraer oro de las minas de Mongbwalu y exportarlo a través de Uganda. Ajenas a los vaivenes de las noticias, un grupo de mujeres de Bunia se reúne a las siete y media de la mañana bajo la techumbre de hojalata de la Iglesia del Cristo del Congo, 39 comunidad de Emmanuel. Vestidas con casi todo el espectro del arco iris, huelen a tierra y cantan como el coro mejor timbrado, con voces de una armonía conmovedora, mucho más íntima y sutil que el altavoz de la cercana mezquita, que de madrugada volvió a perturbar el sueño de unos cuantos. Cuando las mujeres salen a sus tareas, las nubes siguen ocultando el sol. Jóvenes combatientes de una milicia en Ituri marchan por un camino del sur de la provincia, en presencia de cascos azules AFP Milicias de la región de Ituri se desarman y se integran en el Ejército congoleño Temor a que a cambio de unas elecciones en paz se venda impunidad beneficiará a quienes se levantaron en armas contra el régimen y no cubre crímenes de guerra ni crímenes contra la humanidad ALFONSO ARMADA. ENVIADO ESPECIAL BUNIA. El día amanece nublado sobre el fértil valle de Bunia, la capital del remoto distrito congoleño de Ituri, provincia Oriental, fronterizo con Uganda y Sudán y bañado por el lago Alberto. Fue en 2003 cuando la batalla de Bunia plantó el lugar en el mapa. Las operaciones de depuración étnica entre pastores hema y agricultores lendu, estimuladas a conciencia por Uganda y que se han cobrado desde 1999 al menos 60.000 almas, llevaron el espanto a las calles de esta ciudad ahora tranquila, pero tomada por las Brigada Ituri de la MONUC (Misión de la ONU en Congo) que con helicópteros y blindados se ha empleado a sangre y fuego contra las milicias que han ensangrentado el territorio. La misión ha tomado la calle mayor de Bunia, y su mástil de comunicaciones, iluminado de noche, parece el de un navío. Bajo la terraza, un mediador de la ONU anunció el miércoles la gran noticia: el acuerdo alcanzado entre el Movimiento Revolucionario Congoleño (MRC) y otros dos grupos con el Gobierno de Kinshasa a cuatro días de los históricos comicios del domingo. Tras aceptar la amnistía ofrecida por las autoridades congoleñas, el MRC depondrá las armas y se integrará en el Ejérb La oferta de amnistía sólo cito nacional. Según se lee en el folio escrito con caligrafía escolar, el pacto permitirá que las elecciones del 30 de julio se celebren con las máximas condiciones de seguridad A juicio de organizaciones como Human Rights Watch, estos dudosos gestos políticos de última hora acaso estén vendiendo impunidad a cambio de una votación sin pólvora. Por boca del eritreo Haile Mankarios, que asistió a la reunión entre el grupo armado y el coronel Mukunto Kiyana- Tim, consejero militar del presidente Joseph Kabila, y a falta de detalles técnicos para que otras dos milicias que operan en Ituri, el Frente de Nacionalistas Integracionistas (FNI) y el Frente de Resistencia Patriótica de Ituri (RFPI) se sumen a la firma, la ONU considera que el último obstáculo para que se celebren unas elecciones en paz en Ituri ha sido removido Sin embargo, Mankarios se abstuvo de animar a las decenas de miles de desplazados a que retornen a sus aldeas porque estén fuera de peligro. El maestro Jean Léonard Makizala, autonombrado presidente de los cerca de 2.000 vecinos de Kombokabo, Ngadju, Bungalu, Ibara, Rijunba y Makabo, aldeas de la periferia de Bunia, que se han instalado en chozas de fortuna junto a Dele, un poblado a unos kilómetros de la capital de Ituri, confiesa que no se sienten en absoluto seguros para Hemas y lendus, otra versión del odio entre tutsis y hutus A. A. BUNIA. La división y explotación de las riquezas de los Kivu e Ituri por Ruanda y Uganda no hizo sino atizar rivalidades tradicionales. En el caso de Ituri y Uganda entre pastores hema (de origen nilótico, instalados junto a las riberas del lago Alberto en el siglo XVIII) y agricultores lendu (de etnia bantú, que vivían bajo un sistema de tribus apenas organizado hasta comienzos del siglo pasado) Los primeros podrían ser equiparados a los tutsis y los segundos a los hutus. Como recuerda el experto Ramón Arozarena, se han destrozado mutuamente (robos, violaciones, asesinatos, venganzas) en Ituri, con una crueldad que hace inevitable el recuerdo trágico de Ruanda en 1994 Superpobladas, las tierras altas que se reparten entre Uganda, Ruanda, Burundi y el Congo se encuentran entre las más disputadas de África. Durante el período de autenticidad congoleña implantado por Mobutu, los propietarios belgas confiaron la explotación de sus tierras que todavía conservaban a los hemas, que aprovecharon para acaparar territorio a expensas de campesinos lendus, en su mayor parte iletrados y sin medios financieros ni intelectuales para impugnar los títulos de propiedad exhibidos por sus vecinos hema ante las autoridades, subraya Thierry Vircoulon en la revista Afrique contemporaine. Con unos cinco millones de habitantes y 18 etnias, fue la presencia ugandesa la que en 2003 volvió a aprovecharse de esas rivalidades étnicas en su propio beneficio. El siglo XX está marcado por una serie de enfrentamientos iniciado con la fatídica separación trazada en 1911. Choques que se repetirán en 1921, 1969, 1971, 1981 y 1992- 1993, y el brutal desenlace entre 1999 y la actualidad. Cosecha: 60.000 muertos y centenares de miles de desplazados.