Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
32 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO VIERNES 28 7 2006 ABC La derecha religiosa de EE. UU. avala a Israel con la cita de preceptos bíblicos El conflicto militar impulsa un caudal de profecías apocalípticas b El telepredicador John Hagee, SOLUCIÓN DEL TODO IMPOSIBLE JOSÉ MANUEL COSTA con el grupo Cristianos Unidos por Israel, encabeza un intenso y conservador refuerzo al influyente lobby judío en Washington PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL WASHINGTON. A la hora de defender los intereses de Israel en Estados Unidos, sobre todo en una situación tan difícil como la actual, el influyente lobby judío empieza a contar con un peculiar aliado en la derecha religiosa. Ese bloque de cuarenta a cincuenta millones de evangelistas que desde los tiempos de Ronald Reagan se ha transformado en un factor indispensable dentro de la matemática electoral del gigante americano y que ahora, citando preceptos bíblicos, está tomando partido a favor de la causa israelí utilizando sin reparos sus estrechas conexiones con el Partido Republicano. En el centro de este movimiento se encuentra el notorio telepredicador texano John Hagee, famoso entre otros pronunciamientos por comparar la teocracia de Teherán con Hitler y defender la necesidad de un ataque preventivo contra Irán para prevenir un nuevo holocausto. Estas sensibilidades han sido canalizadas a través del grupo Cristianos Unidos por Israel (CUFI) que la semana pasada celebró en un hotel de Washington su primer gran conclave, con participación de más de tres mil activistas incluidos destacados miembros de la comunidad judía y políticos conservadores. El telepredicador John Hagee, durante uno de sus discursos ha dudado en recibir con los brazos abiertos esta ayuda de la derecha religiosa, a pesar de tensiones pasadas como el empeño de convertir judíos al cristianismo. Según ha indicado un portavoz de AIPAC, la organización del reverendo Hagee es representativa de la profundidad y amplitud del apoyo estadounidense a favor de Israel Todo este fervor pro- israelí de la derecha religiosa se encuentra cimentado en la creencia bíblica de que el pueblo judío recibió su tierra directamente de Dios, lo que impone el respaldo de los cristianos. Aunque el reverendo Hagee habría extendido esos argumentos hasta el terreno de lo apocalíptico en su último libro La cuenta atrás de Je- ABC rusalén: una advertencia al mundo Un best- seller con 700.000 copias vendidas que interpreta la Biblia para predecir que ejércitos árabes con ayuda de Rusia van a invadir Israel, siendo destruidos por intervención divina. Lo cual precipitará una confrontación entre China y Occidente, liderado por un anticristo europeo. La batalla final de este conflicto, Armageddon, precipitará la segunda venida de Jesucristo. Aunque no está claro cuantos miembros de la derecha religiosa creen en este tipo de profecías, las encuestas identifican claramente a los evangelistas de EE. UU. como el grupo religioso que más respalda a Israel al margen de la comunidad judía. Guerra santa Además de organizar su propia campaña de lobby ante el Congreso de Estados Unidos para que no se limite la guerra santa contra Hamás y Hizbolá, el grupo de John Hagee- -respaldado por otras destacadas figuras de la derecha religiosa como Jerry Falwell o Gary Bauer- -no solamente está canalizando donaciones sino que también ha empezado a crear su propia red de respuesta rápida Esfuerzo, que dentro de la tradición de efectivo activismo político de la derecha religiosa, aspira a lanzar campañas de movilización pro- israelíes con ayuda de correos electrónicos, faxes y llamadas de teléfono. Dentro de sus comentados esfuerzos, el reverendo Hagee ha fichado para dirigir su organización a David Brog, ex jefe de gabinete del influyente senador republicano Arlen Specter. Este insider un judío conservador, abiertamente ha justificado su trabajo como la cosa más importante que puedo hacer no solo a favor de Israel sino también en pro de la civilización judeo- cristiana hoy, que se encuentra bajo la amenaza del Islam radical AIPAC, el poderoso Comité de Asuntos Públicos Americano- Israelíes, no a muerte de cuatro observadores de la ONU en el sur del Líbano revela la peligrosa situación en que se encontraría una fuerza internacional (en torno a 20.000 soldados) cuya misión sería mantener la calma armados hasta los dientes. El hecho de que EE. UU. vetara ayer en el Consejo de Seguridad de la ONU cualquier tipo de resolución condenatoria de Israel de lo que según todas las fuentes fue un ensañamiento con la posición de los observadores, no anima a que otros países envíen sus soldados a una zona minada, no sólo militar, sino políticamente. Supongamos que se den las condiciones exigidas por Israel y los EE. UU. para un alto el fuego y el despliegue de una fuerza multinacional; que Hizbolá entregue a los dos soldados israelís; que se retire del sur del Líbano; y que cesen sus ataques con cohetes. Mucho suponer, pero supongamos. Asumamos también que Siria, principal suministradora de Hizbolá, mediase en el conflicto. Siria, obligada a retirarse del Líbano el año pasado tras el asesinato del político antisirio Rafik Hariri, apoyó la invasión de Irak pero sigue reclamando los Altos del Golán que Israel capturó durante la Guerra de los Seis días. Pero hay milagros, imaginemos que Assad transige. Sin embargo, tras la incapacidad de la ONU para condenar la muerte violenta de sus propios enviados, ¿cuál va a ser el Gobierno dispuesto a comprometer sus soldados en lo que puede ser una matanza de la que nadie se hace responsable? Los cascos azules podrían sufrir en breve ataques fortuitos de Hizbolá o de Israel y su capacidad de respuesta militar y política sería mínima. En realidad, todo el mundo lo sabe y por ello no llueven ofertas para dicha fuerza. Y es que, aunque suene raro, sólo un contingente compuesto principalmente por sirios y norteamericanos tendría alguna garantía de éxito. Esa fuerza mixta, radicada en bases operativas conjuntas, no sería atacada impunemente por ninguno de ambos contendientes, sino que podría estabilizar la situación y tendría como ventaja colateral frenar la creciente influencia de Irán en la zona. Por supuesto, se trata de un imposible. Ni en Damasco ni en Washington barajan esta idea. Prefieren seguir actuando mediante figuras interpuestas que controlan a medias. Simulan querer la paz. Pero no se sacrifican por ella. L