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ABC JUEVES 27 7 2006 Internacional 33 VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO LOS SAUDÍES EN EL CONFLICTO HIZBOLÁ- HAMÁS STEPHEN Director Ejecutivo del Centro del Pluralismo Islámico de Washington y periodista Habiendo comenzado su gira por las zonas de crisis de Oriente Medio, la Secretaria de Estado, Condoleezza Rice, podría toparse con una trampa colocada por un amigo familiar, el reino de Arabia Saudí. El domingo 23 de julio, una delegación saudí visitaba la Casa Blanca. Incluía al experto familiar en publicidad, Adel al- Jubeir, así como al ministro de Exteriores, Saud al- Faisal, y al embajador en Estados Unidos, Turki al- Faisal. El mensaje era predecible: Estados Unidos debería imponer un alto el fuego inmediato en el Líbano. El enfoque saudí sugiere que América debería presionar a Israel para detener su campaña encaminada a neutralizar a Hizbolá. Pero la iniciativa saudí tiene otras implicaciones. La más obvia es que los saudíes quieren restaurar su anterior estatus como principal árbitro de Estados Unidos en el mundo árabe- -sin rendir cuentas siquiera de la financiación y el reclutamiento desde dentro de sus fronteras por parte de Al Qaida, así como del contingente de terroristas criminales que opera en Irak- Pero en realidad, los saudíes tienen poco que ofrecer y no pueden aportar nada en el presente conflicto del Líbano. Los saudíes carecen de gran influencia sobre los sirios o los chiíes, retórica acerca de intereses árabes comunes aparte. Las intenciones saudíes continúan siendo dudosas en general. El sábado 22 de julio, en un debate del canal de televisión en lengua árabe financiado por Estados Unidos Al- Hurrá, que emite a Irak y a Arabia Saudí, los defensores saudíes me decían continuamente que la democratización de Oriente Medio ha fracasado, que la transformación de Irak se ha salido de tiesto, y que Condoleezza Rice es irrelevante. Detrás de esta propaganda se puede percibir la jugada saudí destinada a que Estados Unidos deje de apoyar a la mayoría chií de Irak y vuelva a la rutina en Oriente Medio. Pero Estados Unidos e Israel tienen que distinguir adecuadamente a los terroristas suníes de los amigos suníes, así como a los terroristas chiíes, como Hasán Nasralah, de Hizbolá, de los amigos chiíes, como el ayatolá Alí Sistani en Irak. Las autoridades de Riad están en un aprieto. Cuando Nasralah lanzó su pro- vocación a través de la frontera norte de Israel, el mundo musulmán, al igual que el resto del planeta, fue pillado por sorpresa. El 13 de julio, los saudíes denunciaban públicamente a Nasralah por aventurerismo La agencia oficial de prensa saudí comentaba: Tiene que hacerse una distinción entre resistencia legítima y aventuras extemporáneas por parte de elementos dentro del Líbano y aquéllos detrás de ellos... estos elementos deben ostentar la responsabilidad de sus irresponsables acciones y solamente ellos deben poner fin a la crisis que ellos han creado Pero mientras que gran parte del mundo árabe y musulmán, casi dos semanas después, parece aún sorprendido y silencioso como consecuencia de los sucesos, los saudíes pronto tuvieron que hacer frente a las acusaciones El humanitarismo saudí siempre ha traído de la mano las doctrinas extremistas del wahabismo Riad quiere restaurar su anterior estatus como principal árbitro de Estados Unidos en el mundo árabe de haber vendido a los palestinos. Ahora los saudíes intentan equilibrar la balanza, negociando con Estados Unidos de un modo que mantiene en la reserva la incitación anti- Israel al tiempo que hablan de humanitarismo. El humanitarismo saudí siempre ha traído de la mano las doctrinas extremistas del wahabismo, ya sea en Afganistán, los Balcanes, o incluso en Estados Unidos, a través de las operaciones ilícitas de las organizaciones saudíes de caridad. Los mentideros mediáticos han iniciado un mantra a favor de los estados árabes moderados -léase los saudíes- -y su papel a la hora de aliviar el sufrimiento del Líbano. Pero mientras que Arabia Saudí puede ser un estado moderado en sus relaciones oficiales con Occidente, nunca podrá ser una potencia islámica moderada a menos que rompa con el wahabismo, el inspirador de Al Qaida. El Rey saudí Abdalá ha dado señales notables de estar a favor de un nuevo papel y una nueva imagen para su país. Si Arabia Saudí quiere jugar un papel constructivo a la hora de resolver la última confrontación, debería defender directamente la normalización árabe de las relaciones con Israel y el final del terrorismo por parte de Hamás, Hizbolá, y los restantes movimientos de resistencia armada. De otro modo, los saudíes sólo obstaculizan la política americana, y constituirán una distracción para la secretaria Condoleezza Rice.