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28 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO JUEVES 27 7 2006 ABC Los milicianos de Hizbolá plantan su cara más feroz a Israel en el sur del Líbano Al menos nueve soldados hebreos caen en los duros combates con la milicia en la frontera cohetes Katiusha impacta sobre la Galilea mientras Tel Aviv y Netania miran al cielo a la espera de los proyectiles prometidos por Nasralah JUAN CIERCO. CORRESPONSAL METULA (Frontera con el Líbano) Lo intentaron durante todo el día. Mandaron callar a sus contados compañeros de tertulia. Bajaron el volumen de la omnipresente radio. Apagaron durante unos escasos minutos la televisión. Afinaron los oídos algunos todavía taponados por los estruendos de días anteriores. Nada. Ni un rumor con acento italiano. Ni una media palabra. Nada de nada. Y mira que lo intentaron. El eco de las conversaciones mantenidas en Roma por los representantes de la renqueante comunidad internacional para lograr, antes o después, más después que antes, un alto el fuego en el sur del Líbano, en el norte de Israel, dio media vuelta en Chipre, acompañando quizás a los miles de evacuados que abandonan el país del cedro con el corazón agrietado, el alma empaquetada junto a la vergüenza y la rabia. Lo único que se oía ayer en Metula, en la mismísima frontera entre el Líbano e Israel, era el sonido seco, hueco, sordo de los proyectiles, todos y cada uno con dedicatoria de puño y letra de los soldados en el frente, lanzados por la artillería israelí. Un zambombazo tras otro. En algunos espacios de tiempo, una explosión cada treinta segundos. Y otra. Y otra. Al borde de una frontera regada con gasolina pese al fuego que todo lo quema. Un zambombazo tras otro. Y otro. Y otro. Cada treinta segundos. Menos a veces. Convirtiéndose a la postre en algo tan habitual, tan frecuente que no hace ya arquear las cejas, encoger los hombros, pegar un respingo a ninguno de los aquí presentes. Habituales, frecuentes, constantes, tozudos pero, en cualquier caso, zambombazos que sí impedían el mínimo rumor llegado de una Roma, que según en qué frentes, puede pagar a traidores. Como también despiden un rugido característico, angustioso, nada barroco, los cohetes Katiusha que no dejan de impactar, uno tras otro, sin ton ni son, de manera arbitraria, contra el norte de Israel, contra todas y cada una de las poblaciones desiertas b Un centenar de que jalonan la frontera. Y más allá, en Tiberiades, y en Afula; y más allá en Nazaret y en San Juan de Acre; y más allá todavía, en Haifa. Y quién sabe si en Netania o en Tel Aviv, tal y como ha prometido, nunca habla en balde, el jeque Hasán Nasralah, desde su escondite de Beirut que ya huele a podrido. Sólo ayer 125 cohetes. Más de 1.400 en lo que va de guerra, con 19 civiles israelíes abatidos. Es la guerra, que ya ha cumplido sus dos semanas de vida bajo tierra, de muerte en vivo y en directo. Muerte que con su guadaña afilada, su cara huesuda, su capa negra que lo envuelve todo en la oscuridad eterna hizo parada y fonda en la capital de Hizbolá en el sur del Líbano. Batalla de Bint Jbail La batalla de Bint Jbail tuvo principio pero no se vislumbra el final. El Ejército israelí ha asegurado en distintas ocasiones haber tomado el pueblo de casi 20.000 habitantes, hoy sólo ocupados por varios centenares de milicianos chiíes. Pero cada vez que sus portavoces sentenciaban al respecto, los hechos se encargaban de demostrar lo contrario. El Ejército, como siempre en estos casos pues antes de comunicarlo de manera oficial entra en contacto con las familias de las víctimas, puso a las ocho y media de la tarde, varias horas después de haber sido evacuados los cuerpos y los heridos bajo el fuego enemigo, cifra a la muerte: nueve militares caídos, varios de ellos quemados vivos en el interior de sus carros de combate alcanzados por los cohetes anticarro de Hizbolá, quien también contó con numerosas bajas. Batalla de Bin Jbail, que sucedió en el tiempo y en el espacio a la de Marún al Ras, cerrada en falso hace tres días y Un soldado israelí es trasladado al hospital tras caer herido en el sur del Líbano reabierta en la tarde noche de ayer con al menos cinco soldados israelíes heridos. La feroz resistencia de Hizbolá, mucho mayor a la que en el pasado han presentado ejércitos árabes a la postre derrotados por Israel en seis días, no ha sorprendido al Gobierno de Ehud Olmert. Eso dice al menos el primer ministro hebreo, quizás para atajar las muchas críticas que desde los medios de comunicación israelíes se han lanzado contra los servicios de inteligencia militares y civiles por la falta de previsión respecto al arsenal de Hizbolá y la falta de precisión sobre los objetivos militares, que es lo que está llevando a la crisis humanitaria en el Líbano. Los bombardeos israelíes contra el país del cedro, desde el sur de Beirut hasta Tiro, se sucedieron durante todo AFU Por primera vez en lo que va de guerra, los bombardeos afectaron a posiciones y oficinas del movimiento Amal Los cohetes Katiusha no dejan de impactar de manera arbitraria en las ciudades del norte de Israel el día, la noche y la madrugada. Con una novedad: por vez primera en lo que va de guerra, la aviación atacó distintas posiciones y oficinas de Amal, partido político chií primo hermano de Hizbolá, sin tanta influencia pero con un poder efectivo representado en la figura del presidente del Parlamento libanés, Nabih Berri. Y todo 48 horas después de que Berri, ya objetivo, antes interlocutor válido, se entrevistara cara a cara con la secretaria de Estado norteamericana, Condoleezza Rice, en la capital libanesa. Las cosas, los casos, las personas, los objetivos, la diana... todo cambia muy rápido. Pero una cosa sigue igual, aquí en una Metula que teme una incursión sorpresa de Hizbolá: el sonido seco, hueco, sordo, angustioso, tozudo, nada barroco de la guerra en vivo y en directo.