Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
4 Opinión JUEVES 27 7 2006 ABC PRESIDENTE DE HONOR: GUILLERMO PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA DIRECTOR: JOSÉ ANTONIO ZARZALEJOS Director Adjunto: Eduardo San Martín Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca, Alberto Pérez, Alberto Aguirre de Cárcer Jefes de área: Jaime González (Opinión) Mayte Alcaraz (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Ángel Laso (Economía) Jesús Aycart (Arte) Adjuntos al director: Ramón Pérez- Maura, Enrique Ortego Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado, M. Erice (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) J. López Jaraba (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: José Luis Romero Adjunto al Consejero Delegado: Emilio Ybarra Aznar Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Francisco García Mendívil FRACASO DIPLOMÁTICO EN ROMA E PADRÓN E INMIGRACIÓN OS datos provisionales del Padrón Municipal a 1 de enero de 2006, publicados por el Instituto Nacional de Estadística, ofrecen resultados muy significativos desde el punto de vista del análisis sociológico. El número de personas empadronadas en nuestro país es 44,39 millones; de ellas, 3,8 millones (esto es, un 8,7 por ciento) son extranjeros. El aspecto más polémico es la eliminación en el Padrón de casi 500.000 inmigrantes, justificada formalmente por no haber renovado su inscripción una vez pasados dos años, como determina la actual ley de Extranjería. La explicación oficial, según la cual muchos de ellos ya no están en nuestro país, resulta poco convincente y revela, como denuncia la oposición, que ha crecido el número de sin papeles una nueva prueba de la política errática que practica el Gobierno y que ha recibido fuertes críticas en el seno de la Unión Europea. En todo caso, esta aplicación rígida de la ley supone una merma de la fiabilidad del Padrón como instrumento jurídico y estadístico, con los inconvenientes que ello implica para articular una acción realista y eficaz en tan delicada materia. Son interesantes también los datos concernientes al origen de los extranjeros empadronados, que encabezan los procedentes de Marruecos, Ecuador y Rumanía, debiendo añadirse que los ciudadanos de países comunitarios (en particular, Reino Unido, Alemania e Italia) alcanzan un volumen importante. Cataluña, Andalucía y la Comunidad Valenciana son las autonomías que más han crecido, mientras que- -curiosamente- -Madrid, que ocupa el segundo lugar, detrás de Cataluña, en términos absolutos, ofrece una variación negativa cifrada en 72.000 personas, en el marco de un crecimiento global del 4,13 respecto al año anterior para toda España. La inmigración es un fenómeno de largo alcance, con evidentes repercusiones políticas, económicas y sociales. Conlleva, como es notorio, un rejuvenecimiento de la población asentada en España, si atendemos al hecho de que, entre 16 L y 44 años, el porcentaje de españoles es del 44,3 y el de extranjeros es del 64. A la vista de nuestro bajo nivel de natalidad, la tendencia al crecimiento derivado de la población inmigrante plantea un reto educativo, asistencial y de integración que los partidos serios deben afrontar, con decisión y firmeza, antes de que prenda la demagogia de uno u otro signo, ya sea con el criterio sin sentido de papeles para todos ya sea en forma de rechazo indiscriminado y sin matices. En el plano político, es indiscutible que el arraigo de muchos inmigrantes va a derivar- -a medio plazo- -en su acceso al derecho de sufragio activo y pasivo. Los tópicos al uso pueden deparar muchas sorpresas en este terreno, ya que buena parte de los que vienen a trabajar a España son gentes que comparten valores morales y sociales, con posiciones que tal vez no coincidan con las de la izquierda. Parece que el Gobierno no tiene prisa por abordar esta cuestión, quizás ante la duda de que sea un colectivo proclive a posturas progresistas, como algunos habían supuesto de forma precipitada. En el plano económico, los inmigrantes equilibran un mercado de trabajo que muestra notables lagunas en cuanto a la aceptación de cierto tipo de empleos con baja retribución, pero imprescindibles. Sin embargo, sería una visión estrecha y a corto plazo quedarse con la idea de que solamente ocupan los puestos que rechazan los nacionales. En el futuro, el nivel de preparación y la ambición de progresar socialmente apuntan a una fuerte competencia para la que es imprescindible preparar a una sociedad que todavía no sabe cómo afrontar un fenómeno desconocido hasta hace pocos años. En todo caso, la única forma de hacer las cosas bien es exigir con rigor el cumplimiento de la ley: a los empresarios, al conjunto de los ciudadanos y, por supuesto, a los extrajeros que se instalan en nuestro país, que deben hacer un serio esfuerzo de integración con los valores democráticos y las pautas de comportamiento de la sociedad que les acoge. EL NACIONALISMO VASCO SE MUEVE AS expectativas abiertas por la tregua de ETA y el cambio de discurso oficial del Partido Socialista de Euskadi empiezan a causar deslizamientos del terreno político en el bloque nacionalista, al mismo tiempo que desvelan la red de solidaridad humana tejida entre los no nacionalistas durante los años de lucha contra el terrorismo. Entre los nacionalistas surgen los avisos de ruptura, ya habituales cuando se acercan citas electorales. Como ha publicado ABC, Eusko Alkartasuna se plantea no acudir en coalición con el PNV a las próximas elecciones forales y municipales. No es la primera vez que EA, partido independentista surgido de una escisión del PNV y que se define como socialdemócrata, plantea esta papeleta al partido que preside Josu Jon Imaz. Hasta ahora, EA mostraba sus desafecciones para evitar su absorción por un partido que, como el PNV, siempre ha tendido a neutralizar a todo el que colabora con él, como en su momento le sucedió al PSE. Sin embargo, las circunstancias han cambiado porque el PNV, tocado electoralmente desde las autonómicas de abril de 2005, ya no representa con certeza la opción hegemónica del nacionalismo y porque el cambio de posición del socialismo vasco- -dispuesto a participar en mesas políticas extraparlamentarias, para que quepa ETA Batasuna- -ha naturalizado en la normalidad política nacional las opciones soberanistas defendidas por el entramado batasuno, pero también por EA. L Es lógico que, en estas condiciones, la alteración de los factores varíe el producto, porque ya no es el PNV quien garantiza el mantenimiento del País Vasco en un statu quo nacionalista, sino el PSE, y lo que alientan estas nuevas coordenadas es la expectativa de un trasunto vasco del tripartito catalán, con PSE, EA y el nombre que tenga la actual Batasuna. En cuanto a los no nacionalistas, el amago de Patxi López de romper los pactos municipales que mantiene el PSE con el PP ha permitido que diera la cara el sentimiento de las bases socialistas y de las formaciones locales allí donde se mantienen esos pactos. Parece que no se van a romper, y no precisamente por evitar más crispación, como argumentó López, sino por algo más sencillo y profundo: porque, en esos niveles tan cercanos a la intimidación diaria del terrorismo, populares y socialistas aún comparten fines y medios. Fueron los propios alcaldes socialistas los que disuadieron a la dirección del PSE de dar ese paso irreversible de ruptura. Es evidente que la aventura negociadora del Gobierno ha roto puentes y consensos con el PP. Pero la presencia constante del terrorismo en la vida diaria de los pueblos del País Vasco ha sido determinante para que aquello que se llamó alternativa constitucional aún perviva, aunque a mucha menor escala que la que encarnaron Jaime Mayor Oreja y Nicolás Redondo Terreros. L primer intento diplomático de detener la guerra en el Líbano se ha saldado con un fracaso: no se ha logrado un alto el fuego, aunque todos los asistentes a la cumbre de Roma han aceptado que ése es el objetivo a corto plazo, una vez que se hayan dado las condiciones para lo que Estados Unidos considera una solución sostenible En el fondo, era bastante ilusorio esperar grandes resultados de una conferencia en la que no había más que ausencias. Los europeos y los árabes le pedían a Israel un cese de las operaciones militares, aunque fuera provisional, pero Israel no estaba presente para escucharlos, y si se toma como válida la palabra de Estados Unidos como intérprete de lo que los israelíes pretenden, queda clara cuál es la postura de éstos: que se detengan antes las maniobras que ejecutan, a través de los terroristas de Hizbolá, los regímenes de Siria e Irán, que tampoco estaban en Roma. Por tanto, en ausencia de los principales actores, lo que se acordó es lo máximo a lo que podía haberse llegado dentro de los límites del realismo político: se hará lo que se pueda en materia humanitaria, mientras esperamos que pase lo peor, más o menos como si fuera un fenómeno meteorológico. La propuesta de crear una fuerza europea de interposición ha quedado supeditada a que antes se consiga una solución que detenga la guerra: es decir, tan en el aire como la tregua. La comunidad internacional vuelve una y otra vez a toparse con la crudeza de una situación como la de Oriente Próximo, en la que hay tantos intereses entrecruzados que cualquier intento de simplificarla está condenado al fracaso. Sin embargo, si hay que buscar elementos esperanzadores, uno de ellos es que por primera vez se ha decidido que resolver las causas que provocan esos problemas es tanto o más importante que intentar aplacar los síntomas, que es lo que se había hecho hasta ahora. No podrá haber paz duradera entre el Líbano e Israel si entre los dos países continúa existiendo una milicia terrorista fuertemente armada que sigue instrucciones de países terceros. De alguna manera, el conflicto del Líbano ha puesto sobre la mesa el hecho de que Irán ha sido el país más beneficiado por los cambios recientes en el escenario geopolítico de la zona, y librados los ayatolás de sus principales enemigos- -Afganistán al este, e Irak al oeste- -la República Islámica se ha convertido ya en una potencia regional con capacidad para desestabilizar toda la zona y ambiciones nucleares. Ésa es la razón por la que Arabia Saudí, Egipto y Jordania estaban ayer en Roma, apoyando, aunque sea a regañadientes, las tesis norteamericanas de que, antes de pensar en soluciones permanentes para el Líbano o para Palestina, es necesario impedir que Siria e Irán formen un polo de extremismo antioccidental que siga sembrando cizaña en las sociedades de la región.