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64 MIÉRCOLES 26 7 2006 ABC Toros FERIA DE SAN JAIME FERIA DE SANTIAGO José Calvo malogra con el descabello una sensacional faena Plaza de toros de Valencia. Martes, 25 de julio de 2006. Última corrida. Más de media entrada. Toros de Sorando (1 y 5 nobles y buenos) Jiménez Pasquau (2 y 4 complicado; 6 bueno; 3 que fue devuelto) un sobrero de Sánchez Ybargüen (3 bis) manso. Paco Senda, de corinto y oro. Estocada (oreja) En el cuarto, tres pinchazos y estocada corta (silencio) Javier Rodríguez, de azul marino y oro. Tres pinchazos y bajonazo (silencio) En el quinto, tres pinchazos y media estocada baja (silencio) José Calvo, de azul marino y oro. Pinchazo y estocada desprendida. Aviso (oreja) En el sexto, estocada pasada y cuatro descabellos. Dos avisos (vuelta) Hay futuro en Daniel Luque Plaza de toros de Santander. Martes, 25 de julio de 2006. Cuarta corrida. Casi lleno. Novillos de Fuente Ymbro, muy desiguales de presentación, manejables, con movilidad y un punto de genio; destacaron el lesionado 2 y el extraordinario 4 por el pitón derecho. Daniel Luque, de rosa y oro. Pinchazo y estocada (saludos) En el cuarto, pinchazo, estocada corta perpendicular y tres descabellos. Aviso (vuelta al ruedo) Mehdi Savalli, de azul marino y oro. Estocada corta pasada (oreja) En el quinto, pinchazo, media y descabello. Aviso (saludos) Salvador Fuentes, de azul marino y oro. Pinchazo, estocada tendida y descabello (silencio) En el sexto, estocada y dos descabellos (silencio) FRANCISCO PICÓ VALENCIA. José Calvo perdió una puerta grande y un triunfo sensacional por marrar hasta cuatro veces con el descabello. Calvo firmó los mejores pases de toda la feria en un cartel netamente valenciano. Entendió perfectamente al de Jiménez Pasquau, que fue el de mejor nota de sus hermanos. Toreó a media altura sobre la mano diestra en muletazos de perfecta ejecución. Una serie de cinco naturales y el de pecho pusieron a los tendidos en pie. Pocas veces se ve torear al natural con tanta pureza como lo hizo Calvo. Siguió con adornos y, cuando las dos orejas de su enemigo estaban en el esportón, el éxito se le escapó por culpa del verduguillo. Calvo saludó al tercero y, luego al sobrero, con buenas verónicas. Se le aplaudió con fuerza. Arrancó faena con dos pases de los que los revisteros antiguos llamaban del celeste imperio. Calvo entendió al manso dándole las tablas y, a fuerza de aguantar y exponer, sacó algunos estimables muletazos. ZABALA DE LA SERNA SANTANDER. Día plenamente norteño en la festividad de Santiago, patrón de España o de lo que queda de ella. Día grande en Santander, que se volcó sobre su plaza en una doble programación que satisface la Alianza de Civilizaciones. Por la tarde, el morito Mehdi Savalli; por la noche, El Cid. Y que nadie pronuncie Santiago Matamoros. Cuestión de revisionismo histórico. Decíamos ayer, como Fray Luis de León, que el estado del ruedo traería más problemas. Y los trajo: el segundo novillo de Fuente Ymbro se descaderó en un doloroso derrape. Una lástima, porque apuntó una nota altísima dentro de la desigual novillada de Fuente Ymbro, más cuajada en su tramo final, que se movió mucho, que se pudo apurar más, y que siempre, o casi siempre, sacó un punto de genio difícil de digerir por los chavales. Savalli, con el lesionado torillo, terciado dentro del sexteto, cumplió con el objetivo de provocar el espectáculo: larga cambiada a portagayola, faroles de rodillas, potentes banderillas y tosca muleta telonera. El bravo jandilla de Fuente Ymbro aguantó todo hasta el fi- Daniel Luque, en un pase de pecho al de Fuente Ymbro nal, y si alguna vez se defendió fue por la lacra de sus cuartos traseros más que por una mala actitud. Al acabar tanta revolución cayó una oreja que el francés de origen marroquí celebró a lo grande en una vuelta al ruedo febril de gestos, saltos y alboroto. En su línea. En la misma línea del tercio de rehiletes al quinto. El gentío festejó las preparaciones de los pares con alegre palmoteo al son de la música. Savalli giraba por aquí, giraba por allá, como Andy Cartagena con sus caballos. Incluso citó de rodillas después de demostrar una gigantesca elasticidad para balancearse adelante y atrás. Clavó al violín y los tendidos estallaron y se pusieron al uní- SERRANO ARCE Lucidas series Paco Senda se hizo aplaudir con el capote al recibir al primero por verónicas. Con la muleta aprovechó las buenas condiciones para torear sobre ambas manos en series muy lucidas. Terminó de una gran estocada y se le concedió una oreja. Al cuarto lo llevó al platillo de la plaza y enjaretó estimables derechazos hasta que el animal se agotó y, ya en los terrenos de la madera se negó a embestir. De nuevo, anduvo premioso con los aceros. Javier Rodríguez nada pudo hacer ante el rebrincado segundo. Lo probó por ambos lados, pero sin resultado positivo. Mal con la espada. En el quinto se mostró muy decidido ante las buenas condiciones de su antagonista en tandas sobre la mano diestra que se vieron empañadas por dejarse tropezar el engaño. Mejoró por el pitón zurdo, pero falló de nuevo con los aceros. La gloriosa derecha de El Cid, negada con la espada Z. S. SANTANDER. La luz artificial hacía de Cuatro Caminos un sol azul en la noche. Oscuro destino le esperó al toro de El Pilar que se descordó contra un burladero. El terciado sobrero de Los Bayones manseó y arrolló capotes. El Cid lo fijó de principio en la muleta y lo toreó gloriosamente con la derecha, asentado como cuando rompió, con suprema despaciosidad. La faena no acabó en triunfo porque fallaron los finales. El feo y estrecho cuarto ya sentenció las muchas diferencias de hechuras de la mansa corrida de El Pilar, que no paró de hacer cosas muy raras con la vista, complicándoles la vida a los toreros. Otra vez se pronunció la diestra de El Cid, ligada pero menos sentida. El toro también tenía otro temple al anterior. Tampoco cerró el éxito con la tizona (saludos y saludos tras aviso) Sebastián Castella lanceó con suave trazo a la verónica a un grandón hueco de bravura con el que sólo pudo estar valiente y matar a ley. No mejoró su suerte con el quinto, que arreaba sin sentido, más en la distancia larga. Toro desagradecido para Castella hasta su muerte (silencio y silencio tras aviso) César Jiménez se arrancó con tres pases cambiados por la espalda, con la montera en la punta de las zapatillas, que propulsaron los tendidos a la estratosfera. No duró mucho el bonito toro, y mientras duró Jiménez no se inspiró. Toreó mecánico con la derecha, y a la pala del pitón y raramente enfrontilado con la izquierda. Así colocado el toreo natural es antinatural e imposible. Jiménez pegó un mitin con la espada con el morucho sexto, que finalmente se echó (petición con saludos y silencio tras aviso) sono en pie. Y todo para que luego, después de unos movidos pases cambiados por la espalda y unos cuantos derechazos, el toro se encogiese acobardado. A Daniel Luque se le vio una seria preparación que se traduce por una esperanzadora proyección, por un futuro sonriente. Luque afrontó con técnica y limpieza el abordaje del utrero que abrió plaza, un novillo montado que nunca descolgó. El joven sevillano siempre lo guió muy tapado en la muleta, que compone con estética. El geniecillo fuenteymbreño asomó en algún que otro pasaje para acabar claudicando con la cara entre las manos, queriendo, ni más ni menos, que ir a morir a chiqueros, donde fue. Que el cuarto no se malease con la pésima lidia que le administraron sólo es atribuible a su santo fondo, que, sin embargo, tendía a puntear los engaños por el pitón izquierdo desde que apareció. Tanto es así que hasta cinco veces desarmó capotes. Luque le halló el sitio, la distancia y la altura en el tercio de muleta, toreramente sobre la mano derecha y también alguna vez por el pitón rebelde. En redondo cuajó lo más importante de la tarde y si el acero no le traiciona a la vuelta al ruedo le hubiera acompañado un trofeo. Salvador Fuentes toreó con soberano gusto con el capote. Engancha las embestidas por delante a la verónica, y las mece. Pero se durmió con la franela y el novillo despertó con un nervio geniudo que le tropezó demasiadas veces. Se superó en fases con el sexto, que respondió en son a los largos y elegantes derechazos de Fuentes. Al natural la embestida era otra, y le quitó los pies del suelo en un par de ocasiones. Toreó sobre la derecha sin espada, después de ensimismarse varias veces como si se fuese a inspirar para resucitar a Juan Belmonte. La fenomenal estocada no tuvo el efecto deseado y, como escribiría nuestro querido Suárez- Guanes, se diluyó lo realizado.