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34 Internacional MIÉRCOLES 26 7 2006 ABC En misión de ayuda a petición de la ONU, el Ejército español ratifica en el Congo su faceta más profesional y presta todo su apoyo a la fuerza internacional para garantizar que las elecciones del próximo domingo transcurran sin incidentes La Legión se bate el cobre en Kinshasa ALFONSO ARMADA. ENVIADO ESPECIAL KINSHASA. Yo soy africano Es lo primero que dice Antonio Ruiz Benítez en cuando choca esos cinco y mide el grado de confianza que le puede ofrecer su interlocutor. Es una constante legionaria. Nadie da la mano fláccida, como puro trámite. Sería un contrasentido. Y les gusta mirar a los ojos. Calar cuanto antes a quien tienen enfrente. Nacido en Ceuta hace 46 años, el teniente coronel Ruiz Benítez y buena parte de los 126 hombres y cuatro mujeres que constituyen la VII Bandera de la Legión desplegada en la capital de la República Democrática de Congo para ayudar a que el país celebre en paz sus primeras elecciones, son la cara más profesional de un Ejército que desde Bosnia a Irak pasando por Afganistán y Pakistán han demostrado su capacidad para propiciar empatía con la población civil. Parte de los militares al mando del teniente coronel Ruiz Benítez han hecho de las misiones internacionales en terreno más o menos hostil y del aprendizaje de idiomas banderín de un nuevo Ejército. Integrada en Eufor (las fuerzas de la Unión Europea desplegadas en Kinshasa a petición de las Naciones Unidas) el acuartelamiento español está todavía en fase de acondicionamiento tras 14 días en el vetusto aeropuerto militar de N Dolo, en el centro de la capital congoleña, un cementerio al aire libre de la aviación del antiguo Zaire, con modelos soviéticos que volaron cuando la guerra fría dividía en dos el mundo. Son dinosaurios tecnológicos, como lo fue Mobutu Sese Seko, de una política al servicio de potencias externas: en su caso, de Occidente como presa frente al comunismo a la africana. Un alineamiento que le permitió saquear a su propio país y abrirlo de par en par a la codicia de multinacionales mineras. Oyendo hablar al teniente coronel Ruiz Benítez, a su Estado Mayor y a parte de la tropa, uno comprueba a pie de obra que el Ejército- -aunque profesional en su totalidad- -ha cambiado al mismo ritmo que la sociedad de la que procede: El español es una persona solidaria y al margen de portar o no armas, se siente identificado con las personas que sufren y responsable de paliar ese sufrimiento Dos unidades de la VII Bandera de la Legión se disponen a patrullar la capital congoleña En N Dolo se ha creado una comunidad europea en miniatura, donde conviven 2.000 militares de países como Francia, Reino Unido, Alemania, Polonia, Finlandia, Suecia o España, donde el inglés y el francés son las lenguas francas, con letrinas, duchas, bar, comedor y telefonía para proporcionar mínimas condiciones de habitabilidad a una tropa que en teoría debe completar su misión en noviembre: en cuanto se celebre la segunda vuelta de las primeras elecciones democráticas de la historia congoleña y se constituya el nuevo Parlamento que debe poner fin a una década mortífera, que ha acabado de diezmar y hundir a un país que en su riqueza acaso haya tenido su maldición en palabras de un oficial legionario. Un ejercicio de emergencia pone a todo el mundo en armas en menos de ABC media hora. Una sección ha sido sacada de la cama pese a haber estado de guardia la noche previa y hace ejercicios de control de masas, una operación que sólo se abordaría si fracasaran la Policía, el Ejército congoleño y las propias unidades de la ONU (MONUC) en palabras de Jesús Ojea, jurídico de la VII Bandera y encargado de las relaciones con la prensa. Un Ejército humanitario Navegando por Kinshasa con mapas coloniales Al mando el alférez Juan Carlos Carrillo, Emilio de la Rocha al volante del blindado ligero y de Iván Ramos en la torreta aunque sin ametralladora, no hay que llevar nada, la cosa está tranquila se emprendió ayer una nueva exploración de dos horas por las endiabladas calles de Kinshasa. El destino era Gombe, el barrio de las embajadas, el menos castigado de una urbe de ocho millones de habitantes que un día fue bella y hoy trata de sacudirse décadas de cleptocracia y abandono, de los estragos de un Estado fantasma que desde la cúspide- -Mobutu Sese Seko- -incitaba a robar escalonadamente. La misión formada por dos unidades trataba de orientarse con un callejero del tiempo de los colonos belgas y un mapa actualizado por los franceses. Plagada de carteles electorales, las dos horas de patrulla, transcurrieron sin novedad, entre la perplejidad de las miríadas de viandantes y los mercadillos que surgen por doquier, algunos gestos hostiles (pasarse el pulgar por el cuello ofrece pocas dudas) y sonrisas amigables. No son pocos los que se preguntan ¿qué vienen a hacer los europeos aquí? ¿Van a disparar? El destacamento no pierde los nervios ni siquieracuando pierde el rumbo en el océano de Kinshasa. Soldados de todas las nacionalidades Aunque me parecen más felices, muestran más esperanza que por ejemplo en Kabul dice el capitán Carlos Pereira, responsable de logística. Tanto la fuerza como la comunidad europea estamos haciendo un esfuerzo enorme: ofrecer garantías para que puedan celebrarse las elecciones en las mejores condiciones de seguridad posibles remacha el teniente coronel, que depende de un general francés sobre el terreno. Al mando del oficial Javier Ríos, que ya se jugó el tipo en Irak, se encuentran dos de los 14 hispanohablantes (cinco ecuatorianos, tres colombianos, dos peruanos, un venezolano, un dominicano, un salvadoreño y un ecuatoguineano) que también han contribuido a cambiar la cara del Ejército español. Entre ellos, Óscar Edgardo Dulcey, nacido en Barranquilla hace 24 años. Se fue a Almería y se integró en la Legión animado por el hermano de su novia y buscando un clima más grato que el de Pontevedra, donde trabaja su madre, una atmósfera más parecida a la de Colombia, donde la pobreza es mucho menor que en el Congo Su compañero peruano que quiere preservar su identidad tras las iniciales R. C. se hizo legionario animado por los relatos de un tío, que estuvo en el Tercio Militar que luchó contra la insurgencia en su país, dice que pese a su férrea disciplina, la legionaria es menos brutal: Aquí no se pega