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26 MIÉRCOLES 26 7 2006 ABC Internacional Condoleezza Rice, secretaria de Estado norteamericana, y Mahmud Abbas, presidente palestino, durante la rueda de Prensa celebrada ayer en Ramala Cazas israelíes matan a cuatro observadores de la ONU al bombardear su base al sur del Líbano Tel Aviv reconoce la creación de una zona de seguridad en la parte fronteriza libanesa b Annan exige que Israel investi- gue el ataque deliberado mientras Rice y Olmert coinciden en que la guerra contra Hizbolá es otro paso para cambiar Oriente Próximo JUAN CIERCO. CORRESPONSAL JERUSALÉN. El día en el que el frente diplomático se abrió de par en par, en el que las palabras tuvieron, al menos durante unas horas, tanto protagonismo como las bombas, acabó con las bombas destrozando a las palabras. Sobre la medianoche de ayer, cazas israelíes, en lo que suele ser habitual desde que comenzara la guerra, bombardearon una y otra vez el sur del Líbano. En teoría, los objetivos eran posiciones de Hizbolá. En la práctica fue una base de la Fuerza de Internacional de la ONU para el Líbano (Finul) la alcanzada en Jiam, donde se erigía también la prisión más famosa y cruel durante la ocupación israelí de esa región durante 18 años. Como consecuencia del bombardeo, según confirmaron fuentes oficiales de la ONU desde el lugar de los hechos y desde su sede central en Nueva York, murieron cuatro observadores de la ONU y otros cinco resultaron heridos. Las nacionalidades de las víctimas, según informaron las agencias de noticias, diversas: Austria, Canadá, China y Finlandia. No se descarta a algún hindú. El portavoz de la ONU sobre el terreno, Milos Strugar, aseguró que el fuego israelí no cesó ni siquiera durante la operación de rescate de las víctimas, algo que ya han conocido asimismo los civiles libaneses en estos últimos días. Kofi Annan, desde Roma, se dijo conmocionado y exigió a Israel que investigue este ataque deliberado contra un puesto de observación de las Naciones Unidas. El alto el fuego entre Israel e Hizbolá es ahora más que nunca, una quimera. Ni siquiera es un fin en sí mismo. Palabras de Condoleezza Rice y Ehud Olmert en Jerusalén. La guerra entre el Ejército más poderoso de la región y la guerrilla mejor armada y entrenada del mundo trata de lavar la cara a tan convulsa zona del planeta y de moldear, al gusto de Occidente, un nuevo y más democrático Oriente Próximo. Un menú para Oriente Próximo en el que se incluya, como primer plato y único, la seguridad total y absoluta de Israel. Es decir, que el Estado judío no se sienta amenazado ni un día más, ni una hora más, ni un minuto más por los cohetes Katisuha de Hizbolá, desde el sur del Líbano, ni por los Qassam de Hamás desde el norte de Gaza. Un menú que no están dispuestos a ingerir a la fuerza el jeque Hasán Nasralah, líder de Hizbolá; el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad; el primer ministro palestino de Hamás, Ismail Haniyeh. Alá los cría y ellos se juntan bajo una misma premisa: El nuevo Oriente Próximo no puede con- El portavoz de la ONU aseguró que el fuego israelí no cesó ni siquiera durante el rescate de las víctimas Rice no puso límite a la ofensiva israelí contra el sur del Líbano e insistió en alcanzar un alto el fuego definitivo sistir en destrozar un país, el Líbano, y matar a cuantos más palestinos mejor De eso va esta guerra, de crear un nuevo Oriente Próximo. Guerra que no terminará nunca del todo (aunque se logren acuerdos de alto el fuego antes o después entre las partes) hasta que Hizbolá sea barrido por el tsunami del Tsahal del sur del país del cedro; hasta que Hamás sea metido en cintura, sobre todo en la Franja mediterránea pero también en Cisjordania y Damasco. Rice no puso límite a la ofensiva israelí contra el sur del Líbano; insistió en el objetivo de alcanzar un alto el fuego definitivo no quiero tener que volver dentro de 3 semanas, de 3 o de 6 meses recordó la importancia de la resolución 1559 de la ONU (no de las anteriores que Israel nunca se ha tomado en serio) y manejó, en privado, no en público, la cifra de 20.000 soldados para el despliegue multinacional. De esto último habló sobre todo con el ministro hebreo de Defensa, Amir Peretz, quien reconoció por vez primera (lo habían negado los políticos y los altos mandos del Ejército) la necesidad de crear una zona de seguridad en el sur del Líbano que será controlada