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32 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO MARTES 25 7 2006 ABC Nasralah, rehén de su propio mito, condena a muerte lenta a todo un país desde su particular Estado, Hizbolá Rice, Annan, los ministros de Asuntos Exteriores... reaccionan tarde, a cámara lenta como siempre Ehud Olmert Dan Halutz Hasán Nasralah Fuad Siniora occidental inminente sobre el programa nuclear iraní, todo por condenar a su pueblo a un ostracismo que ya padece desde hace demasiados años. Ismail Haniyeh y Mahmud Abbas quieren salir en esta foto de familia, que no es la misma que la de todas las cumbres porque hablamos de una guerra. El primer ministro y el presidente palestinos viajan en direcciones contrarias, en dos locomotoras que, tarde o temprano, acabarán chocando la una contra la otra. Problema, el pueblo palestino va en los vagones de tercera y, como siempre, sufrirá las consecuencias. Nada le importa en la distancia de su fanatismo mal regulado a Jaled Meshaal, el verdadero líder de Hamás. Hosni Mubarak, el Rey de Jordania, el Monarca de Arabia Saudí y otros líderes de un Oriente Próximo cada día más avergonzado de sus líderes se dicen decididos a apostar por una salida negociada, se dicen solidarios con el pueblo palestino, se dicen hermanos de los libaneses, se dicen tantas cosas que luego nunca cumplen. Condoleezza Rice, Kofi Annan, Javier Solana, los ministros de Asuntos Exteriores europeos reaccionan tarde, a cámara lenta, como siempre. Hablan mucho, como siempre. Viajan sin parar, como siempre. Estrechan manos, besan mejillas, dan y reciben palmadas en la espalda, como siempre. Se quedan cortos. Como siempre. Ehud Olmert. Amir Peretz. Dan Halutz. Hasán Nasralah. Fuad Siniora. Emile Lahoud. Bashar al- Assad. Mahmud Ahmadineyad. El ayatolá Jamenei. Ismail Haniyeh. Mahmud Abbas. Jaled Meshaal. Hosni Mubarak. El Rey de Jordania. El Monarca de Arabia Saudí. Condoleezza Rice. Kofi Annan. Javier Solana. Los ministros europeos de Asuntos Exteriores. Las caras largas de una guerra sin maquillar. Las otras, anónimas, moribundas, enterradas, mutiladas, agrietadas, ojerosas, asustadas, iracundas, libanesas, palestinas, israelíes, musulmanas, cristianas, judías, secuestradas, gachas, perdidas, impotentes, resignadas, entregadas, vengativas, ingenuas, inocentes, les miran a la cara y aguantan la mirada. Ellos no. Ellos bajan la vista, miran a otra parte, dan media vuelta, esquivan la mirada. Miradas que matan. Miradas que mueren. Miradas que huyen. Miradas ciegas. Las de las caras largas de una guerra sin maquillar, en la que unos pocos mandan y otros muchos mueren. En los dos lados de la frontera. Más en uno que en el otro. Así ha sido siempre. Así no debería seguir siendo. Bashar al- Assad Mahmud Ahmadineyad Ismail Haniyeh Condoleezza Rice El protagonismo de esta locura está reservado por desgracia para las víctimas, los muertos, los mutilados, los evacuados, los refugiados, sin presente, sin futuro. Ellos sufren. Otros mandan Las caras largas de una guerra sin maquillar J. CIERCO JERUSALÉN. Muchos de ellos no se han visto nunca cara a cara. No se han sentado el uno al lado del otro. No han compartido mesa, ni mantel, ni café, ni media palabra. Se conocen en la distancia. Se odian de lejos. Se desean lo peor. No se envían cartas, ni correos electrónicos. Prefieren lanzarse cohetes y misiles, proyectiles y bombas. Y así ha sido siempre. Y así seguirán siéndolo. No han pisado un campo de batalla. No han empuñado un arma. No han dormido a la intemperie. No han perdido a su familia. No se han quedado sin hogar. No han llorado de rabia e impotencia. No han pasado hambre, ni frío, ni miedo. Y así ha sido siempre. Y así seguirá siéndolo. Comen caliente todos los días. Duermen en sus camas. Desayunan con su familia. Algunos se tienen que esconder para evitar ser víctimas de un asesinato más o menos selectivo pero cuentan con guardaespaldas, medidas de protección y búnkeres a su disposición suficientes para mirar al frente y no de reojo. Y así ha sido siempre. Y así seguirá siéndolo. Hacen lo posible por evitar que sus hijos combatan. Algunos han muerto y ellos siempre lo recuerdan. Cuentan muchos de ellos con el respaldo mayoritario de sus ciudadanos, de sus partidos, de sus bases, de sus fieles. Salen demasiado en las noticias. Abren los telediarios. Pierden la noción de la realidad. Y así ha sido siempre y así seguirá siéndolo. Olvidan que no son más, ni menos, que otros muchos que les rodean y que, por desgracia mueren, resultan heridos o mutilados, tienen que ser evacuados, acaban como refugiados, se ven desplazados, pierden a los suyos, se despiertan sin hogar, se acuestan sin presente, se levantan sin futuro. Y así ha sido siempre. Y así seguirá siéndolo. Los que mandan tienen cara, y nombre, y apellido. Muchas caras cambian, se suceden en la historia, en los noticieros, en los informativos audiovisuales, en las portadas. Se ceden el testigo año tras año, lustro tras lustro, década tras década pero con el tiempo uno comprende que son las mismas de siempre. Que seguirán siéndolo. Estos son algunos de los que mueven los hilos, de los que ordenan apretar el gatillo, de los que diseñan secuestros y atentados, de los que tiran la piedra y esconden la mano, de los que, en teoría, tendrán que rendir cuentas a la historia de esta Segunda Guerra del Líbano, con la conciencia más o menos tranquila. Ehud Olmert dirige el Gobierno de Israel. Amir Peretz maneja los tiempos del Ministerio de Defensa. Dan Halutz, como jefe del Estado Mayor, orquesta todas y cada una de las operaciones militares hebreas. Son las tres caras más públicas de un Israel en guerra desde hace casi dos semanas, en realidad desde hace casi 60 años. Hasán Nasralah, rehén de su propio mito, condena a muerte lenta a todo un país desde su particular Estado, Hizbolá, dentro de otro Estado fraccionado, el Líbano. Fuad Siniora es el jefe de un Gobierno con tanto poder, casi ninguno, como su presidente prosirio, Emile Lahoud. Bashar al- Assad mira a otra parte para que nadie note la sonrisa siria, para que nadie se acuerde del asesinato de Rafic Hariri, para que nada caiga en forma de zambombazo sobre Damasco. Mahmud Ahmadineyad y el ayatolá Jamenei se pelean desde Teherán por controlar a Hizbolá con el mando a distancia. Todo por espantar la amenaza