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16 Nacional MARTES 25 7 2006 ABC Cientos de símbolos recuerdan a la II República mientras el Gobierno elimina los franquistas López Aguilar dice que la ley de la Memoria Histórica afecta a ambos bandos estatuas rinden homenaje a personas como Azaña, Largo Caballero, Santiago Carrillo o la Pasionaria, sin que su permanencia se vea amenazada P. DOMÍNGUEZ A. MARTÍNEZ- FORNÉS MADRID BARCELONA. Cientos de calles, plazas, avenidas, estatuas, edificios y colegios repartidos por casi toda España rinden homenaje a las personas o acontecimientos más destacados de la II República, sin que su permanencia se vea amenazada por la ley de Memoria Histórica que prepara el Gobierno socialista de José Luis Rodríguez Zapatero y que pretende eliminar todo símbolo franquista. Un texto que, en principio, se discutirá en el Consejo de Ministros de este viernes, y que, según explicó ayer el ministro de Justicia, Juan Fernando López Aguilar, pretende buscar una reparación moral a las víctimas de ambos bandos. Las víctimas de la Guerra Civil fueron todos los españoles afirmó, lo que implica a quienes combatieron por uno y otro bando que podrán vivir en paz y libertad Aunque la intención de Zapatero es sacar adelante lo antes posible esta ley, es probable que el jefe del Ejecutivo tenga que retrasar los plazos, ya que IU y ERC- -precisamente quienes le pidieron que resucitara el recuerdo de la Guerra Civil- -amenazan con votar en contra si la ley no incluye la anulación de los juicios sumarísimos, algo que descartan los juristas. Los símbolos republicanos de los que más se ha hablado últimamente b Calles, plazas y Algunos vestigios republicanos Madrid Estatuas de Indalecio Prieto y Largo Caballero, calles de Pablo Iglesias, Federica Montseny, Manuel Azaña, Alcalá- Zamora, Dolores Ibárurri, José Prat, y el paseo de las Trece Rosas. Francisco Franco, hasta que este último fue retirado de madrugada en marzo de 2005. Sin embargo, casi toda la geografía española alberga vestigios de ese periodo histórico. Hasta los propios Nuevos Ministerios, diseñados en 1931 por Secundino Zuazo, presentan una planta que, según algunas interpretaciones, se ajusta a una versión rectangular de la hoz y el martillo. Bilbao De Pablo Iglesias a Montseny Avenida Lehendakari Aguirre, en recuerdo del que fuera primer jefe del Gobierno vasco cuando estalló la Guerra Civil, y calle Sabino Arana, ideólogo del nacionalismo vasco. Estos dos políticos, además de estatua, también tienen calle en Madrid, donde otros destacados republicanos prestan su nombre a distintas vías, como son Manuel Azaña, símbolo de este periodo histórico; Pablo Iglesias, fundador del PSOE y de UGT; la destacada comunista Dolores Ibárruri (Pasionaria) la parlamentaria republicana Clara Campoamor; Niceto Alcalá- Zamora, primer presidente de la II República; la anarquista que llegó a ministra Federica Montseny, u otros como José Prat, Luis Jiménez de Asúa o Pedro Rico. En algunos casos el bautizo es muy reciente, como el de la calle Arroyo de la Media Legua, que, a petición de IU, cedió el pasado 28 de marzo parte de su recorrido al nuevo paseo de las Trece Rosas, en homenaje a otras tantas muchachas fusiladas tras la Guerra Civil. En Barcelona, tras la muerte de Franco, la catalanización del nomenclátor ha corrido paralela a la sustitución de los nombres vinculados con la dictadura y la recuperación de personajes y figuras relacionadas con la República, que dan nombre a al menos una veintena de calles y plazas, según informan À. Gubern y A. Marín. Los ex presidentes de la Generalitat Sevilla Plaza de Indalecio Prieto (de reciente denominación y que ha enfrentado a los vecinos con el Ayuntamiento) y calles de Diego Martínez Barrio y de Dolores Ibárruri La Pasionaria. Barcelona Catalanización del callejero de la Ciudad Condal con las plazas dedicadas a Francesc Macià y Buenaventura Durruti, el paseo y el estadio Lluis Companys, y las calles Joaquim Maurín y Federica Montseny. son las estatuas del ministro Indalecio Prieto y de Francisco Largo Caballero, apodado el Lenin español por su radicalismo. Ambas efigies, situadas en Madrid en los Nuevos Ministerios, han convivido durante más de dos décadas con el monumento ecuestre de Francesc Macià y Lluis Companys dan nombre a una plaza (primero de Alcalá- Zamora y después de Calvo Sotelo) y a un paseo y al Estadio Olímpico, respectivamente. También a Josep Irla y Josep Tarradellas se les recuerda en el callejero de Barcelona. A estos nombres se suman otros que por su trayectoria pueden ser más controvertidos. Santos Juliá dice que imponer una memoria histórica es propio de regímenes totalitarios A. L. G. MADRID. Imponer una memoria colectiva o histórica es propio de regímenes autoritarios o de utopías totalitarias Esta es una de las expresiones que utiliza el historiador Santos Juliá en su artículo Bajo el imperio de la memoria publicado en el número de verano de la Revista de Occidente. Para el autor, no son lo mismo los hechos, constitutivos de la Historia, que las representaciones de los mismos, que forman la memoria. Y esa dualidad es lo que parece no entenderse hoy en día, como demuestra la puesta en marcha de la polémica ley de Memoria El autor comparte la tesis de Ayala: Nadie recuerda ni puede recordar lo sucedido fuera del ámbito de su propia existencia Memoria colectiva y otras denominaciones equivalentes no existen fuera de una concepción organicista de la sociedad equivalentes no existen fuera de una concepción organicista de la sociedad y no es sorprendente que hayan sido sociólogos franceses, herederos de Durkheim, quienes tanto han insistido en estas figuras. En nuestro tiempo, pródigo en totalitarismos de diverso signo, han sido los regímenes nacionalistas los que han acumulado Histórica. Juliá afirma que lo que realmente se nos dice cuando se nos exige recuperar la memoria es que hemos olvidado culpablemente a los fusilados, a las Trece Rosas, a los enterrados en fosas, a los presos en campos de concentración El problema es que nadie recuerda ni puede recordar lo sucedido fuera del ámbito de su propia existencia según nos dice el historiador parafraseando a Francisco Ayala. Así se desmonta la contradictoria expresión de la memoria histórica que tanto se utiliza en España en la actualidad, ya que memoria colectiva, memoria histórica y otras denominaciones más experiencia en este empeño: la tuvo el nazismo, la tuvo el franquismo y la tienen hoy, en otra dimensión puesto que deben manejarse en marcos institucionales democráticos, los nacionalismos vasco o catalán Más adelante, el artículo hace un repaso de cómo se ha estudiado en España la historia de la Guerra Civil con el paso del tiempo. Y, en ese sentido, Juliá defiende a los historiadores- -ahí se incluye él mismo- -de la década de los setenta. Es falso que los años setenta fueran tiempos de silencio y es falaz titular como historia de la desmemoria cualquier incursión culturalista por aquellos años Para concluir, Juliá usa una frase que resume la esencia del artículo y que muestra claramente su postulación hacia estos tiempos de tanta memoria histórica en España: Las guerras civiles sólo pueden terminar en una amnistía general