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ABC MARTES 25 7 2006 Nacional 13 EL DIÁLOGO GOBIERNO- ETA INCOMPRENSIÓN DEL ODIO unque el sumario del 11- M fuera perfecto, aunque todas esas lagunas pendientes destacadas ayer por este periódico hubieran podido ser resueltas, las dificultades de la sociedad española para entender y asimilar ese atentado serían las mismas. No es un problema de insuficiencia de datos o de perfección de las pruebas. Es una cuestión de incapacidad de asunción moral y política de aquel crimen. De hecho, tal como pudimos leer en el primer informe sobre el sumario publicado en estas mismas páginas, las motivaciones políticas están más que explicadas y documentadas. Y da igual. Dos años después, la cerrazón respecto al significado del 11- M sigue siendo la EDURNE misma. URIARTE El rechazo psicológico más que político a aceptar la génesis del 11- M me hace recordar un libro de André Glucksmann y una de sus primeras preguntas: ¿por qué misterio insondable, por qué inconmensurable ingenuidad, el pasajero del siglo XXI se condena a hacerse el sorprendido cuando el odio fuerza su puerta? (El discurso del odio, Taurus, 2005) Es la incomprensión del odio. Y luego vienen las consecuencias, como una de las apuntadas por Glucksmann, la búsqueda de explicaciones exteriores, de tal forma que hasta el dato más claro e incontestable de la investigación del 11- M, el fundamentalismo islámico, es deformado y oscurecido. En nuestro caso, el español, la explicación exterior presenta una doble vertiente, la de quienes encuentran excusas sociales y políticas para los crímenes del fundamentalismo, sean los de Al Qaeda o los de Hezbollá estos últimos días. Y la de quienes se niegan a aceptar que una célula islamista local haya sido capaz de organizar este atentado. Me refiero a la teoría de unos cuantos moritos Tras cuarenta años de pedagogía del odio proporcionados por ETA, Txapote sigue causando una conmoción cada vez que abre la boca o simplemente mira a la cámara. La incomprensión del odio, nuevamente, las dificultades para aceptar que este monstruo moral sea un hijo de nuestra sociedad, un chico normal y corriente que, sin enfermedad mental alguna, dictadura política, intolerable explotación o terrible injusticia, asesina con saña y placer. Con la diferencia de que la experiencia directa de tantos crímenes ha conseguido convencernos, por ejemplo, de que una persona intelectualmente tan limitada como Txapote ha podido ser nada menos que jefe militar de ETA. Pero algunos insisten incrédulos en que unos cuantos moritos no han podido perpetrar el 11- M. A pesar de que la acción de células locales coordinadas en las redes de la yihad global, explicada en el sumario del 11- M, es común a casi todas las acciones de Al Qaeda. A pesar de que la sofisticación organizativa de Al Qaeda es bastante mayor que la de ETA. A pesar de que sus dimensiones y sus posibilidades de acción son inmensamente mayores. Y a pesar de que su odio a España y el objetivo de sojuzgarla, la motivación del 11- M, es al menos tan grande como el de ETA. Henri Parot y Juan Lorenzo Lasa Michelena se sentaron ayer en el banquillo de la Audiencia Nacional en la vista por el asesinato del general Víctor Lagos el 4 de noviembre de 1982. Su viuda, que tiene hoy 92 años, por fin cree en la Justicia A Juzgados 24 años después TEXTO: NATI VILLANUEVA MADRID. Ayer no estaba allí, pero su corazón, destrozado por la voluntad de los que el 4 de noviembre de 1982 decidieron acribillar a tiros a su marido, el general Víctor Lago, permanecía al lado de cuatro de los ocho hijos que tuvo con el militar y que ayer acudieron al juicio contra los presuntos asesinos de su padre. Esta anciana, a sus 92 años de edad, por fin confía en la Justicia. Han pasado 24 años desde entonces, una generación, y las dos hijas del sanguinario Henri Parot, procesado junto con Juan Lorenzo Lasa Michelena Txiquierdi por estos hechos, coincidieron en el juicio con cuatro de los hijos del general asesinado, que hoy, por edad, bien podrían ser sus padres. Desde el último banco de la sala de vistas, las jóvenes saludaban a Parot, quien, derrochando sonrisas para sus niñas, una generación mayores que las que mató en la casa cuartel de Zaragoza, permaneció inmerso todo el juicio en una animada charla con el coprocesado Txiquierdi portavoz de los presos de ETA. Uno y otro se negaron a declarar, el primero, alegando que no reconoce a este tribunal de excepción y el segundo, porque no tiene ninguna intención de jugar en esta farsa ¿Expresaría Txiquierdi la opinión de los presos o la suya propia? Pese a ello, el comportamiento de los dos terroristas se alejó mucho de la actitud desafiante y chu- Parot, en primer término, y Txiquierdi al inicio del juicio ayer lesca de García Gaztelu Txapote el pasado viernes ante la Sección Tercera, la misma que le volverá a juzgar hoy por el atentado contra una discoteca sin víctimas mortales en el año 2000. Parot y Txiquierdi se limitaron a ignorar al tribunal, a las acu- POOL saciones y a los testigos, por lo que no tuvieron ocasión de escuchar el estremecedor testimonio del conductor del vehículo en el que viajaba el general Lago cuando fue acribillado a tiros desde una motocicleta. Este hombre, que declaró ayer, tenía entonces 22 años y toda una vida por delante. Hoy, con 46, todavía está pendiente de una delicada operación en el cráneo (una bala le atravesó la cabeza) y una enorme cicatriz en la región occipital derecha (menos profunda que la que tiene en el alma) le recuerda cada mañana el atentado en el que mataron a mi general como se sigue refiriendo a él 24 años después. Servidor de España Este testigo relató cómo Víctor Lago, entonces jefe de la División Acorazada Brunete, había renunciado a tener escolta porque decía que cuantos menos fueran en el coche, mejor, que así había menos riesgo para sus vidas Narró cómo el general no le dejaba ir armado para que no tuviera que enfrentarse a nadie y cómo no quería subirse al coche hasta que se hubiese desplegado el banderín de España en la parte delantera del vehículo. Para los etarras, la petición de las acusaciones (50 años) ya no aporta nada a su negro futuro penitenciario. Para la viuda y los hijos del general lo supone todo. Creen que esperar 24 años para mirar a los ojos a los asesinos de su padre ha merecido la pena.