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88 Deportes TOUR DE FRANCIA LANDIS SUCEDE A ARMSTRONG LUNES 24 7 2006 ABC Landis y Pereiro, primero y segundo de la general, se felicitan mutuamente en el transcurso de la última etapa de la carrera AFP La épica responde a la Operación Puerto Landis, secundado por Pereiro, Kloden y Sastre, pone su nombre a una edición fantástica J. GÓMEZ PEÑA PARÍS. Los americanos son ciclistas simbólicos. Armstrong llegó en 1999, justo después del caso Festina Desde una camilla de quimioterapia, rodeado de vómitos, fármacos abrasivos y escasas probabilidades de vida. Renació. Y con él, el Tour. Se convirtió en un icono para la resurrección. Una esperanza para millones de enfermos y un mito para el ciclismo. A Floyd Landis le precedió la Operación Puerto la desarticulación de una trama de dopaje ramificada en la constelación del ciclismo internacional. Y él, con la ayuda de Pereiro, Kloden, Sastre y Menchov, ha rescatado al Tour de esa sombra. A su manera. La que conoce. Vieja. De antes. En sepia. Con una escapada palpitante camino de Morzine. Ese día abrió las compuertas de la emoción. Enormes: de 130 kilómetros de hazaña. El Tour que había comenzado a tientas, sin los expulsados Ullrich, Basso y Mancebo, mutó en una carrera salvaje. En un remolino de líderes. En una prueba descosida que fue ganando estatura etapa a etapa. Hasta alcanzar la talla del viejo ciclismo. El de otra época. Ojalá el futuro de este deporte sea como su pasado. Y quién mejor que Landis para asegurarlo. Él nació en el pasado, en un granja menonita anclada en el siglo XVIII. El más antiguo de los ciclistas de hoy. Un símbolo. A Landis, todo esto se lo contó Eddy Merckx. El estadounidense acababa de fundirse en la ascensión a La Toussuire. Llegó a nueve minutos. Lejos de todo. Sólo sostenido por la rabia. La regó con una cerveza y charló con el viejo belga. Escuchó al pasado. Se trasladó a la Provenza, al paraíso. Allí donde un Merckx desabrochado pedaleó en 1971 hacia Marsella. Un día antes, Ocaña le había humillado en la cima de Orcieres- Merlette. A los campeones se les reconoce mejor en las derrotas. Marsella recibió a un Merckx renacido, que acabó ganando ese Tour. También le habló de Charly Gaul, la mirada metálica de Luxemburgo. El Ángel. De aquella etapa del Tour de 1958 sembrada en el macizo de la Chartreusse, el balcón de Grenoble. Una leyenda ya: Gaul distanció en doce minutos a Geminiani en otro Tour loco, con once líderes distintos. Le contó, además, su propio desfallecimiento ante Thevenet en Pra- Loup, y los de Anquetil, Hinault o Induráin. De Armstrong le ha- bló menos. La perfección no escribe libros. Landis escuchó. Al día siguiente se presentó en la salida y advirtió: El que quiera este Tour, que me siga Llegó solo. Con el Tour amasado en el puño de su victoria. Las sorpresas del 6 Hay algo en los Tour acabados en 6 Son lugares de cambio. Territorio de sorpresas. Frontera entre eras. En 1956, un tal Walkowiak tejió a base de fugas la edición más trepidante de la historia y batió a Bauvin y Adriaenssens. Ese papel ha querido jugarlo ahora un gallego sonriente, Óscar Pereiro. Un ciclista valiente. Un impulso con piel de bronce. Él fue Walkowiak hasta la contrarreloj final, hasta que un minuto le apartó del resplandor amarillo. Ningún ciclista ha crecido tanto como él en este Tour. Segundo en París. Otro español pudo ser tercero y acabó cuarto: Sastre. Un escalador añejo. Como Van Impe, vencedor de otro Tour en Londres da la bienvenida a 2007 El periscopio universal del Tour se asoma a Inglaterra en 2007. La carrera saldrá de Londres, la ciudad olímpica en 2012 que ya se frota las manos, al tiempo que da la bienvenida a la caravana. El ayuntamiento realizó una inversión de 2,2 millones y espera unos beneficios de 102. El Tour es rentable. Y además, habrá un acceso inmediato a las estrellas. Es imposible tener tal proximidad con Beckham dijo un portavoz, Peter Hendy. 6 el de 1976, por delante de los favoritos Zoetemelk y Poulidor. A la mirada taciturna de Sastre le ha venido bien una Grande Boucle tan divertida. La del cambio tras la era Armstrong La de Landis, heredero de Greg Lemond, que en 1986 acabó con Hinault. O de Riis, que en 1996 cerró el currículo de Induráin. Landis es el siguiente en la lista del 6 Si la operación quirúrgica que le espera en unas semanas no cuadra la cabeza de su fémur con la cadera, será un campeón fugaz. Si no, y pese a tener 31 años, quizá sea el comienzo de un nuevo reinado. Eso cree Merckx. Opinión de peso. De ese porvenir ya hablará el Tour. De la esencia del ciclismo se ocuparon ayer los que llegaron a París. La ciudad que vio ganar en los Campos Elíseos a Hushovd. Que subió al podio a Rasmussen (montaña) De la Fuente (combatividad) McEwen (regularidad) Cunego (mejor joven) y al T Mobile (equipos) ante un público que no echó de menos los apodos de la Operación Puerto Ya lo dice la ley de esta carrera: No son los campeones los que hacen grande al Tour, sino que es el Tour el que crea campeones De esa factoría salieron ayer Pereiro (segundo) Kloden (tercero) Sastre (cuarto) Evans (quinto) Menchov (sexto) o Zubeldia (noveno) Y, claro, Landis, un campeón de otra época para un Tour eterno.