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86 LUNES 24 7 2006 ABC Deportes El menonita rebelde Landis viene de otro mundo, huyó en bici de su comunidad evangélica, se enfrentó a Armstrong y ayer le sucedió en el podio de París J. GÓMEZ PEÑA PARÍS. Menonita viene a significar algo así como bautizador de creyentes Es la iglesia evangélica más antigua. Sus miembros no se sienten de este mundo. Son peregrinos. Extranjeros vivan donde vivan. Hay algo más de un millón de devotos repartidos por el planeta. La mayoría se confunden con sus vecinos, pero aún quedan grupos perdidos en el tiempo. Sin reloj. Como el de Farmersville, una aldea de Pensilvania, un trozo de la América profunda que nada tiene que ver con este mundo. Lejos. A siglos de distancia. Floyd Landis ha tardado 31 años en llegar hasta París. La vida de los amish. Un menonita en el Tour. Es un rebelde. Nació así. Creció entre gente vestida de negro. Él prefiere el amarillo del maillot del Tour y del sol de California, la meta de su huida adolescente. Rebelión en la granja. En Farmersville, los bigotes están prohibidos: son símbolos de guerra, de violencia. Él presenta mostacho y perilla. Doble ración contestataria. Allá, en su pueblo, todo es austeridad. Comunidad en patinete Sin un atisbo tecnológico. Se desplazan en patinete. Se come lo que se cosecha. Han tenido que obligarles a colocar intermitentes en los carros. Es un lugar de silencio. Ayer, en París, cientos de miles de personas convirtieron su apellido, Landis, en el estribillo de este Tour. Y millones de espectadores le aplaudieron a las pantallas. Hasta en Farmersville algún pecador se trasladó a un pueblo cercano para ver la televisión. Para asistir al milagro del hijo pródigo de los Landis. Desde que Floyd anda en el Tour, el índice de pecadores televisivos ha crecido en la granja. La primera fue su madre. La tentación siempre se hace hueco. Para Landis tuvo forma de bicicleta. Un regalo inocente para un chaval de 15 años, el único de su comunidad que asistía a un escuela pública. En la linde con el nuevo mundo. En 1990. A Paul Landis, el padre, nunca le gustó aquel artilugio. Notó la metamorfosis de su hijo, siempre pedaleando, alejándose del ordnung el catón de los menonitas estadounidenses. Su ley. Por eso obligaba al chaval a trabajar hasta la noche en el campo. Sin tiempo para el vicio. Pero Floyd era ya un rebelde. Con causa: la bicicleta. Pedaleó de noche, rascándole horas al sueño. La Policía local le persiguió durante años. Un loco dando tumbos por los caminos. Sin luz. A él no le importaba. En su granja, nunca hubo una bombilla, ni una televisión. Para ellos, nadie las había aún inventado. Del nuevo siglo, sólo hablaba la bicicleta. Bastó. Con ella se escapó de casa. La comunidad menonita era un mundo exacto, ordenado en la médula de otra época. Feliz. Pero Floyd se sentía en libertad provisional. Antes de cumplir los veinte años compartía ya un apartamento en California. Al sol de otro planeta. Era como si hubiera llegado a Marte Un gran paso para Landis. Le costó andar. Desnortado por la modernidad. Repudiado por sus padres. Desheredado por los suyos. Solo. Vaciló ante ese abismo. Pero siguió encima de la bicicleta. Con su músculos de granjero. De oso grizzly Ganaba todo Se apuntaba a cada carrera. Todos con culottes de licra y él con un pantalón de footing Ganaba. En 1993, en el ecuador de la era Induráin, se impuso en el campeonato de Estados Unidos de mountain bike. Un montañés. Pronto le sedujo una nueva tentación. De la tierra al asfalto, el símbolo del nuevo paisaje de su biografía. El mountain bike era demasiado breve para él, un corredor de fondo. Un chico al que sus padres enseñaron a ser humilde, a tener paciencia. Se dio tiempo. Y escuchó algo sobre una carrera francesa. La mejor. El reto. París y el Tour de Francia. Agarró su bici y tiró hacia allá. Primero corrió en el desaparecido Mercury. Fue tercero en el Tour del Porvenir de 1999, justo después del primer Tour de Armstrong. Era aún un americano lunático que sólo sabía correr como vivía: al ataque. En 2002, Armstrong le fichó. Un toro menonita para tirar de su carro. Acabó segundo en el Dauphiné y conoció el Tour. Apenas pudo con él. Demasiado grande aún. Dos años después, su relación con Armstrong explotó. Landis era el único del equipo que protestaba, que cuestionaba al líder. Rebelde. No había salido del viejo mundo menonita para entrar en otra secta. Insumiso. Lo pensó y se fue: su decisión coincidió con un portazo. Armstrong no le Cuadro de honor Ganador Floyd Landis (Phonak) Podio Landis, Pereiro (Caisse d Epargne) y Kloden (T- Mobile) Montaña Rasmussen (Rabobank) Puntos McEwen (Davitamon) Jóvenes Cunego (Lampre) Equipos T- Mobile. Combatividad De la Fuente (Saunier) Victorias españolas (3) Freire (dos, 5 y 9 y Mercado. Días de amarillo Pereiro (5) Velocidad media 40,784 kms. h.