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ABC LUNES 24 7 2006 Cultura 61 El trío británico vence al cansancio de los asistentes al FIB, donde anoche representó su cuidado espectáculo videográfico, horas antes de la clausura de la muestra castellonense Depeche Mode, fundido en negro TEXTO: JESÚS LILLO FOTO: PAU BELLIDO BENICASIM. De rigurosa y elegante etiqueta gansteril, Madness abrió anoche el desfile de clausura del FIB. Armados de metales hasta los dientes, los británicos dieron una soberana lección de ska, rock steady, vigencia y saber estar. One step beyond abrió un concierto que, como un sobrecillo de reggae blanqueado reanimó a los espectadores en estado terminal tras cuatro días de fiesta. Volaron los vasos de cerveza y hasta una vaca hinchable- -toque Pink Floyd de andar por casa- -se apuntó a una verbena de las de quitarse el sombrero y el pudor. Depeche Mode, acto seguido, probó con éxito, fijo en la quiniela del FIB, siempre juegan en casa, la adaptación del rock de estadio al formato de un festival cuyo ambiente sigue siendo familiar: se provocan interferencias en la pantalla que emiten el rótulo del patrocinador y se despide al excelente equipo de realización del FIB para que personal propio reproduzca las señales videográficas diseñadas por Anton Corbijn. ¿Sobre el escenario? Depeche Mode, fundido en negro de penas y torturas. Dolor para las masas según el patrón de su gira de otoño, demasiado reciente todavía para aportar algo nuevo a una función en la que vestuario, maquillaje, mobiliario, repertorio e incluso coreografía eran casi idénticos y en el que sólo la producción- -más ajustada al tecno- pop y al metal pesado- -fue distinta. Que la profesionalidad y grandeza de Depeche Mode no sorprenda dice, pese a todo, mucho a su favor. La pista grande del FIB- -Escenario Verde se llama: verde como la cerveza que lo patrocina y como el trigo verde- -no ha sido estos días más que el centro de una urbanización de carpas que, como cualquier pueblo, tiene barrios buenos y regulares, todos recomendables. Peor es, a ciertas horas, el extrarradio de vallas metálicas y malas compañías que rodea el recinto. Este año, la sensación ha sido la Silent Disco, aún en fase experimental y de reducidas dimensiones, un juego de cables mentales que divide a gente con auriculares inalámbricos en una pista de baile callado. De vez en cuando se oyen gritos sin dirección en la fiesta wi- fi. -Métete para adentro, que están poniendo One More Time Como si estuvieran poniendo Los diez mandamientos A cien metros de allí, en una enorme pantalla LED, proyectan videoarte traído de los archivos del Musac, piezas como el Technocharro de Kaoru Katayama, tan populares para el público de esta edición como las cosas de la Terremoto de Alcorcón, que andaba reivindicando el triquini. Mientras, el marido de Alaska monta un número alternativo- -cabaret con sombrilla de playa- -para los invitados que descansan en la Depeche Mode, durante su actuación anoche en la última jornada del Festival Internacional de Benicasim piscina y de un lado para otro van Borja y Laia, los dos concursantes del reality show Yo soy Fiber que la MTV ha grabado en Benicasim. Esto no es un programa de ésos denigrantes: nos cuidan mucho y anoche, de premio por pasar las pruebas, nos llevaron a dormir a un hotel dice el muchacho. Acaban de conocerse y no se separan, pero no comparten tienda de campaña. Ella tiene novio formal desde hace siete años. Él, muchos amigos a los que casi no puede ver tras la frontera de los medios y la cinta aislante de la fama. Bajando por la avenida principal del FIB y de lejos se puede escuchar a Rufus Wainwright, con su piano y su guitarra, otra vez solo, o al maestro Lou Barlow, también sin compañía, en seco y en sucio. Abajo del todo no hay espacio para aplaudir a Morrissey y Franz Ferdinand, estrellas del prime time del sábado. El temor a una nueva avalancha de espectadores se ha saldado con la instalación de un segundo quitamiedos, triángulo isósceles de metal para romper la presión, que habilita un espacio exclusivo y seguro frente el escenario. Doble barrera en beneficio de todos y, en particular, de los afortunados espectadores a los que se les permite el acceso a primera línea de playa. Crema protectora contra el pánico. En su tercera visita a España en lo que va de temporada, Franz Ferdinand no pudo sino repetir, letra por letra, un espectáculo del que todo lo bueno está dicho y escrito. Like Sunday su obra maestra, pero interpretó algunas de las mejores piezas de los Smiths, como Panic himno de apertura, Girlfriend In A Coma Still Ill o la tremebunda How Soon Is Now? reproducida con brillantez por una banda a la que el astro de Manchester vistió en esta ocasión con pantalones negros y camisetas rojas, impresas con una vieja portada de la revista Playboy Morrissey, por su parte, mojó de sudor tres camisas, reliquias que repartió entre el público. La primera, bien restregada por el cuerpo, también de cintura para abajo, era amarilla. En la sección de complementos, una bandera española convertida en falda por el cantante antes de ser izada en el micrófono o en el mástil de una guitarra. Detrás, la enseña nacional de Italia, nueva patria del autor de Vauxhall And I vibraba en el bombo de la batería. Y al fondo, lord Byron, bandera y escudo del país imaginario del tormento y el castigo, cuyo retrato sirvió de única escenografía a un recital que, entre provocaciones, angustias de alcoba y fiebre fanática, derivó despacio y en línea recta hacia el drama. Aunque a esas alturas la audiencia no se supiese la letra del guión, Morrissey cantaba cada vez mejor y más hondo. Hasta que se fue. Acababa de anochecer y casi era domingo. Morrissey, de menos a más Morrissey, en cambio, llevaba dos años sin pasar por aquí y el público le tenía ganas, tantas que llegó a aplaudir sin rechistar una fase de calentamiento inicial en la que el divo británico no dejó de desafinar y que deslució la primera parte de su concierto. Poco a poco, la garganta de Morrissey se fue calentando, como la de un cantaor, para bordar las cenefas y los gorgoritos de su catálogo de ropa y poesía de cama. De menos a más, el fundador de los Smiths se fue metiendo en ese papel que lleva escribiendo desde los años ochenta y depurando el perfil de esa tormenta pasional que despliega en sus álbumes. Se olvidó Morrissey de Everyday Is Anteriormente, Madness dio una soberana lección ska, rock steady, vigencia y saber estar