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ABC LUNES 24 7 2006 Cultura 59 ELOGIO DE DON RAMÓN (II) LA VISIÓN DE ESPAÑA MANUEL FERNÁNDEZ ÁLVAREZ ras tantos años de reflexión sobre la Historia de España, tras tantos años de estudios, de investigaciones, de ensayos, con el dominio de los autores clásicos y de los principales hechos históricos, Menéndez Pidal bien podía tener y escribir una visión de la Historia de España. Lo hará, y de forma magistral en el prólogo que hace para la Historia de España que lleva su nombre, un prólogo que se publica en 1947, cuando don Ramón ha cumplido ya los 78 años de edad y está en la cumbre de su trayectoria intelectual. Para don Ramón, el historiador tiene ante sí una noble tarea: la de descifrar las claves de identidad de su pueblo. ¿Y cuáles son, para él, las del pueblo español? Nos lo dirá con estos concisos términos: sobriedad, idealismo, individualismo. Un pueblo afectado por serios problemas, por fuertes corrientes que se entrecruzan y entran en conflicto: centralismo versus periferia, tradicionalismo versus progresismo. Por lo tanto, esas claves del homo hispanicus que Menéndez Pidal nos analiza. Veamos la sobriedad. La sobriedad del español, el sustine et abstine; esto es, la firmeza en el resistir y la fortaleza en el abstenerse. Una sobriedad que se aprecia también en las tareas que acomete, de modo que puede emplear un esfuerzo tremendo para vencer y más tarde, de forma asombrosa, despreocuparse a la hora de recoger y de disfrutar los frutos de la victoria; como si eso fuera un signo de arrogancia con un no se qué de despreciable. Pero oigamos al propio don Ramón: Repugna al español insistir sobre lo que se alcanza de una vez; esto basta. Pretender más es una intemperante falta de sobriedad De forma que en el español pueden darse las dos notas que se contradicen y hasta se combaten: la energía más trepidante y la apatía más anuladora. Oigamos de nuevo a don Ramón: Fuertes sufridores de lo peor, flojos en procurarse lo mejor De ahí también esas frases que con tanta frecuencia emplea el español para expresar sus sentimientos, frases que casi son idénticas en la forma aunque en el fondo sean distintas. Así cuando exclama: ¡No importa! O bien: ¡No me importa! De modo que, ante tareas que parecen inasequibles, y aún a costa de la propia vida, el español acomete las hazañas más increíbles, afrontando los mayores riesgos, y que lo haga apretando los dientes y exclamando: ¡No importa! Y de igual modo, puede caer en el abandono que le haga ir rodando al abismo, encogiéndose de hombros con esta otra frase: ¡No me importa! En cuanto al idealismo, lo ve con frecuencia impregnado de religiosidad; un idealismo que también puede hacer al español poner en peligro su vida en T Manuel Fernández Álvarez SERRANO ARCE Su mayor anhelo: lograr una España en la que nadie quiera suprimir al disidente Para don Ramón, el historiador tiene ante sí una noble tarea: la de descifrar las claves de identidad de su pueblo Aquel sabio, de porte tan liberal, nos da una gran lección que sigue aún siendo válida para la España de nuestros días la brega, buscador de la fama, aunque le cueste la vida; aquello de: ¡Viva el nombre, aunque muera el hombre! Y sobre la religiosidad, que tanto ha supuesto en la historia de España, Menéndez Pidal nos recuerda la frase de los hombres de la España imperial: Pon la honra pon la vida y pon las dos, honra y vida, por tu Dios Ahora bien, una religiosidad que a veces cae en formalismo y, lo que es más grave, también puede caer en fe- roz intransigencia; esto es, en fanatismo. Vayamos al individualismo, esa nota tan exaltadora de la personalidad. Un individualismo que va acompañado con frecuencia de esa carga peyorativa: la falta de civismo, el dar las espaldas a la convivencia. De forma que el español, tan amigo de sus amigos, puede mostrarse indiferente para el resto de la colectividad. ¿Podríamos traer aquí una frase popular, para acompañar el pensamiento de don Ramón? Esa frase chabacana tan insolidaria que penosamente emplea con tanta frecuencia el español: ¡El que venga detrás de mí, que arree! También don Ramón reflexiona sobre los agudos conflictos que afloran en la Historia de España: el unitarismo frente al regionalismo, o bien los que se muestran tan reverentes con el pasado, que parecen en él anclados, frente a los que pugnan por la renovación progresista, hasta tal punto que parece pesarles cualquier legado histórico y hasta los lleva a renegar de él. Unos caen en un patrioterismo infantil y los otros en un desprecio de los valores patrios verdaderamente asombroso. Y es aquí donde vemos a Menéndez Pidal mostrarse como un patriota insigne, como aquél que se desvela en su oficio de historiador para fabricar la llave que le permita abrir el arca de la convivencia nacional. ¡La convivencia nacional! ¡Qué objetivo tan admirable! pero ¡cuán difícil conseguirlo en España! Esa convivencia nacional que busca conciliar a los tradicionalistas con los renovadores; a conseguir, en suma, la síntesis de la esencia de lo hispano. De ahí su mayor anhelo: lograr una España en la que nadie quiera suprimir al disidente. Una España en la que pudiera pronunciarse la consigna alemana: Zwei Seelen wohnen, ach! in meiner Brust (Dos almas habitan, ay, en mi pecho) Pero oigamos a don Ramón exaltar los valores de la convivencia: ...Por los que cada español, movido de profunda simpatía hacia su hermano, deje agitarse dentro de sí las dos tendencias, tradición y renovación; las dos fuerzas que han de contender y de compenetrarse, impulsando los más beneficiosos aciertos, las dos almas contradictorias que siente dentro de sí todo el que pugna en los altos problemas y aspiraciones de la vida De modo que, al reflexionar sobre las dos Españas tantas veces enfrentadas, podría don Ramón alzar su voz para convocar la tercera, integradora y tolerante. Y lo haría de esta soberbia forma: La comprensiva ecuanimidad hará posible y fructífero a los españoles el convivir sobre el suelo patrio, no unánimes, que esto ni es posible en un mundo entregado por Dios a las disputaciones de los hombres, ni es deseable, pero sí aunados en un anhelo común hispánico... En suma, aquel sabio, de porte tan liberal, nos da una gran lección que sigue aún siendo válida para la España de nuestros días. Alfredo Bryce Echenique rechaza la acusación de plagio b El escritor advierte a sus colegas que se abstengan de citar a Garcilaso de la Vega, Mario Vargas Llosa y Trahtemberg dado que su acusador los considera de su propiedad ABC LIMA. El autor peruano Alfredo Bryce Echenique rechazó las acusaciones de plagio que le hizo el pasado lunes su compatriota e historiador Herbert Morote, según informa el diario El Comercio Morote afirmó que Bryce copió partes de su libro inédito Pero, ¿tiene el Perú salvación? en el artículo La educación en ruinas publicado el pasado 25 de junio en El Comercio El historiador, que reside en Madrid, dijo a los periodistas en Lima que, gracias a su amistad y aprecio intelectual por Bryce el escritor fue elegido como una de las cuatro o cinco personas a las que envió el manuscrito de su libro. Bryce niega en un comunicado emitido el viernes desde Barcelona enfáticamente esta infame acusación informa Efe. El escritor indicó en su nota que quien le difama sufre de algún extraño complejo que le lleva a intentar clavar un puñal en la espalda a quienes dice que son sus mejores amigos informó El Comercio Además, asegura que tiene un estilo literario lo suficientemente propio como para que cualquier lector atento aprecie si hubo o no plagio textual como irresponsablemente se ha afirmado Amenaza con ir a los Tribunales El pasado 28 de junio, Bryce ya señaló en una carta publicada por El Comercio que debió agradecer a Morote por su manuscrito, ya que consideró que le fue de gran utilidad en la redacción de mi artículo Morote, quien ha amenazado con llevar al escritor peruano a los tribunales si no reconoce su plagio en los próximos días, afirma que más del 70 por ciento del texto del artículo de Bryce le pertenece. Bryce respondió que esta afirmación es absurda pues, como cualquiera puede constatar, más del 60 por ciento está compuesto de citas textuales y referencias a obras de connotados intelectuales que se han ocupado de estudiar la problemática de la educación en el Perú; el 40 por ciento restante es de mi cosecha El autor de Un mundo para Julius que se recupera de una operación quirúrgica, advirtió a la comunidad internacional, en especial a mis colegas escritores, que se abstenga de citar a Garcilaso de la Vega, Mario Vargas Llosa y León Trahtemberg dado que su acusador los considera de su propiedad según el rotativo.