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58 Cultura LUNES 24 7 2006 ABC Saldrán a subasta en Londres 700 objetos personales de Agatha Christie ABC LONDRES. La casa de subastas Bearne s de Exeter (suroeste de Inglaterra) sacará a la venta el próximo día 12 de septiembre una colección de objetos que la escritora de novelas de intriga Agatha Christie tenía en su casa de verano de Greenway. Tanto la reina del crimen como su hija Rosalind y su yerno, Anthony Hicks, fueron unos grandes coleccionistas de obras de arte, por lo que la residencia, situada en el suroeste de Inglaterra, está llena de recuerdos, destacó la casa de subastas en un comunicado. La casa Bearne s pondrá a la venta más de setecientos lotes que incluyen libros, cerámicas, fotos, grabados, mobiliario inglés, joyas y vestuario, informa Efe. La puja será una buena oportunidad para los seguidores de la autora de Asesinato en el Orient Express ya que los precios de salida oscilan entre las 100- 150 libras (unos 150- 225 euros) de una tetera, hasta las 5.000- 7.500 libras (7.500- 11.250 euros) que se espera que alcance un cuadro de George Cluade Leon Underwood. Greenway House, una enorme casa de estilo georgiano adquirida por la escritora en 1938 por unos 9.600 dólares, fue donada en diciembre de 1999 por su familia a Patrimonio Nacional, aunque la hija de la escritora y su marido continuaron viviendo en ella hasta su muerte en 2004 y 2005, respectivamente. La puja coincidirá con la celebración de la Semana de Christie con la que se conmemora el nacimiento de la autora. Una escena de Rigoletto ópera en la que la cineasta alemana Doris Dörrie traslada la acción a un planeta- tierra destruido Este fin de semana el festival bávaro ha hecho desfilar por su ópera los títulos Rigoletto y Medusa producciones que, en alguna medida, despliegan el panorama de posibilidades de su ópera, siempre con un punto de atrevimiento El riesgo controlado de Múnich TEXTO: JUAN ANTONIO LLORENTE MÚNICH. Toda apuesta tiene riesgo Esa premisa ha movido la gestión del sobreintendente de la ópera de Múnich Peter Jonas, cargo que abandona este año de relevos, organizando temporadas equilibradas y suculentas citas veraniegas. Como la actual por la que, hasta el 31 de julio, cuando Los Maestros Cantores wagnerianos ponen ritualmente el punto final, junto a un par de estrenos, ha hecho desfilar a modo de catálogo las producciones que, en alguna medida, despliegan el panorama de posibilidades de la ópera de Baviera, siempre con un punto de atrevimiento. Ejemplo de ello son las dos óperas de este fin de semana, estrenadas en 2005: Rigoletto y Medusa En la primera, la cineasta alemana Doris Dörrie traslada la acción a un planeta- tierra destruido, donde, como restos del pasado, sobreviven dos coliseos operísticos: el muniqués, paradigma clasicista, y el de Sidney, emblemático contemporáneo. En este caos- -potenciado por la discutible dirección de actores, que a veces ocasionan ruidos excesivos- al que Rigoletto y su hija Gilda han llegado en astronave, una tribu de simios, los nuevos pobladores, dan vida a los personajes de la ópera de Verdi con indumentaria dispar: desde trajes de reputadas firmas al terno de torero- -rojo y oro- -de Ceprano. El ejemplo típico de ópera- escándalo que ocasionó deserciones de cantantes, como el argentino Marcelo Álvarez, primer destinatario del Duque de Mantua ahora encomendado a Giuseppe Gipali, tenor de voz, potente y limpia, que necesita depurar técnicamente. Como el barítono Paolo Gavanelli, demasiado plano en sus registros, hasta resultar monótono. Para escuchar buen canto hubo que esperar a Gilda, la soprano Norah Amsellem- -Violetta y Mimí en el Real- -que, transformada en Melissande de cabello hasta los pies, logró momentos de singular belleza en sus arias y en los dúos con Gipali. De la quema se salva el último acto, presidido por un burdel donde Elena Maximova- -notable Maddalena transformada en estricta gobernanta seduce con técnicas sadomasoquistas al Duque, ayudada por Sparafuccile, el bajo Paata Burchuladze más medido y sobrio de lo habitual. Frente a este montaje contrastaba el sábado la otra apuesta: Medusa del joven compositor italiano Arnaldo de Si en Rigoletto el grueso de aplausos fueron para Zubin Mehta, en Medusa los recibió Enrique Mazzola, joven batuta española Felice (Florencia, 1965) conocido en el área germánica desde el estreno hace cinco años en Zúrich de su anterior ópera, Akumo En su escritura atonal, con dominio del cromatismo de la percusión, apoyada en una cuerda con peso romántico, de Felice, que en junio abría la bienal de ballet de Venecia con el estreno de Illuminista denota la influencia de su maestro Berio, a quien rinde homenaje en esta obra, ejecutada en la desacralizada iglesia neobizantina de Todos los Santos. Un espacio reducido a 200 espectadores para albergar la propuesta escénica: una pared inclinada practicable- -a su vez pantalla para proyecciones- -y la estructura de una serpiente metálica que recorre el pasillo central del antiguo templo, donde se mueven los ejecutantes, separando en dos bloques audiencia y orquesta. Buenas voces las de los seis jóvenes que integran el reparto, para un texto del propio compositor, trabajado a favor de los cantantes. Superados ambos retos, el mayor triunfo correspondió a las batutas. Si en Rigoletto el grueso de aplausos fueron para Zubin Mehta por su labor frente a la orquesta titular del foso, en Medusa los recibió, por su esfuerzo ante un reducido conjunto de músicos de la misma, Enrique Mazzola, joven batuta española con nombre forjado en Italia, Francia y Alemania, que espera la merecida oportunidad en su país.