Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC LUNES 24 7 2006 Sociedad 55 Medio Ambiente ACTUALIDAD NATURAL MÓNICA FERNÁNDEZ- ACEYTUNO LOS ÁRBOLES NOS IMPORTAN UN PEPINO n España se le da más cuidados a un pepino que a un árbol, por lo que se puede colegir que los árboles nos importan menos que un pepino. Mientras a la cucurbitácea se le presta toda suerte de atenciones, riego y nutrición gota a gota, nubes de plástico, manos cuidadosas; a los árboles se les lleva al monte siendo unos brinzales y, tras el trasplante, si te he visto no me acuerdo. Las plantas crecen con la luz del sol y con la inteligencia humana. Es hora de revolucionar la silvicultura. Imaginar y proyectar montes con riego por goteo y todos los nutrientes que le faltan al suelo, para hacer crecer especies resistentes al fuego, que se endurezcan poco a poco y que medren alentadas por el recuerdo de lo que fueron antes de que la agricultura se hiciera con todo. Además de nubes de plástico, atraídas por las copas de los árboles, tendremos nubes verdaderas. Y acudirán un día los arrendajos, igual que en esta soleada mañana acuden las palomas torcaces a los rastrojos de los sembrados. E Una vista del Gran Mar de Arena de Egipto. Éste fue un buen lugar para vivir hace 8.000 años Lo que ahora es un ecosistema hiperárido y desocupado, era hace aproximadamente entre 5.300 y 9.500 años un lugar donde el clima era muy húmedo, perfecto para que se extendieran los asentamientos humanos Nómadas del agua en el antiguo Sáhara TEXTO: A. ACOSTA FOTO: SCIENCE MADRID. Durante la década pasada se hizo cada vez más evidente que las señales climáticas extraidas de las capas de hielo polar y de los sedimentos del suelo oceánico no podían ser directamente trasladadas para explicar las fluctuaciones climáticas y ambientales de las regiones continentales del trópico y el subtrópico. En oposición al concepto del Holoceno como un periodo climáticamente estable, todas las evidencias geológicas y arqueológicas del Sáhara oriental indican unos cambios climáticos y ambientales drásticos durante los últimos 12.000 años. El Sáhara oriental se extiende más de dos millones de kilómetros cuadrados e incluye el desierto occidental de Egipto, el noroeste de Sudán y las partes adyacentes de Libia y Chad. Todas estas zonas juntas tienen el tamaño de Europa occidental. Hoy en día es el mayor desierto hiperárido sobre la Tierra, con lluvias de sólo dos litros por metro cuadrado al año en su parte central y una precipitación máxima de 30 litros en sus extremos frente a una evaporación potencial superior a los 6.000 milímetros al año. Como consecuencia de la aridez extrema y la escasez de manantiales, el Sáhara oriental, fuera del valle del Nilo y de los oasis de aguas subterráneas del New Valley en Egipto, ha estado completamente vacío de asentamientos humanos permanentes en los últimos milenios. Por esta razón, es un laboratorio natural único para la reconstrucción de los vínculos entre un clima y un ecosistema cambiante y la ocupación humana y su adaptación, usando a los humanos prehistóricos como indicatores del clima pasado y las condiciones de vida. Y precisamente eso es lo que han hecho los investigadores alemanes Rudolph Kuper y Stefan Kröpelin, combinando registros de radiocarbono de 150 sitios arqueológicos, para ilustrar en Science cómo la habitabilidad cambió con los patrones de precipitación durante los últimos 10.000 años. Las lluvias del monzón Lo que ahora es un ecosistema hiperárido desocupado, era hace aproximadante entre 5.300 y 9.500 años un lugar donde el clima era muy húmedo y perfecto para que se extendieran los asentamientos humanos. Los investigadores describen cómo los asentamientos afloraban por toda la región cuando las lluvias se incrementaron de forma abrupta para luego desaparecer cuando la aridez se extendió de norte a sur hace 5.300 años. Así entre el 11.900 y 10.800 antes de Cristo el Sáhara oriental era hiperárido y sin ningún tipo de ecosistema acuático. Sin embargo, hacia el año 8.500 comenzaron las condiciones húmedas tras un movimiento hacia el norte del cinturón de lluvias tropicales y comienza la ocupación humana. Los investigadores distinguen cuatro fases en ella. La fase de reocupación (8.500- 7.000) comenzó con un asentamiento en la parte egipcia. Con la llegada de las lluvias del monzón a esta parte de África, grupos procedentes del sur extendieron su tradicional modo de vida siguiendo ese cambio al norte de las lluvias, mientras que los habitantes del Nilo tuvieron que abandonar su inhóspito valle que se volvió pantanoso. Restos arqueológicos demuestran que rápidamente hubo una migración de las poblaciones de cientos de kilómetros hacia la parte central del Gran Mar de Arena, donde encontraron unas condiciones de vida satisfactorias en lo que hoy es la parte más árida del desierto de Libia. Las lluvias habían convertido las dunas de finales del Pleistoceno en pastos, preludio de las sociedades pastorales africanas. Después, hasta el año 5.300 antes de Cristo los asentamientos se generalizaron en todo el Sáhara oriental, salvo en zonas sin agua permanente. En los dos milenios siguientes, el agua empieza a faltar y las poblaciones se refugian en las tierras altas, etapa que coincide con una nueva colonización del valle del Nilo, hasta que en el 3.500 las lluvias cesan y la ocupación permanente queda reducida al norte de Sudán.