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34 Internacional LUNES 24 7 2006 ABC La ofensiva contra los talibanes avanza hacia el sur de Afganistán b Los integristas reivindicaron los atentados del sábado que causaron ocho muertos y afirmaron haberlos programado para causar el mayor número de víctimas AFP KANDAHAR. Un total de 22 afganos, 19 de ellos rebeldes, murieron ayer en Afganistán, donde el Ejército realizó una nueva acción antitalibán en el sur del país, mientras Kandahar se recuperaba de los dos atentados suicidas del sábado que causaron ocho muertos. Un total de 19 talibanes murieron y 17, incluidos dos ciudadanos paquistaníes, fueron detenidos en una operación de las fuerzas afganas llevada a cabo en la sureña provincia de Helmand, señaló el vicegobernador, Mulá Amir Ajundzada. El Ejército gubernamental puso en marcha dicha operación en las inmediaciones de la capital provincial, Lashkar Gah, tras recibir numerosas quejas de los consejos de ancianos de varios poblados por las exigencias de dinero de los talibanes a los habitantes. Vista aérea de los miles de tráilers almacenados junto al aerodrómo de la localidad de Hope (Arkansas) AP Miles de casas móviles que nunca llegaron a las víctimas del huracán Katrina se convierten en un monumento a la mala gestión, el despilfarro y los laberintos burocráticos de EE. UU. Tres policías muertos Los flecos del Katrina PEDRO RODRÍGUEZ. CORRESPONSAL HOPE (ARKANSAS) Hasta ahora, este rincón idílico de Arkansas era únicamente conocido por sus enormes sandías y haber sido la cuna de Bill Clinton The man from Hope Pero aunque el topónimo se traduce como esperanza, Hope ha terminado por convertirse en un informal pero contundente monumento a la mala gestión, despilfarro y falta de coordinación de las diversas administraciones y burocracias implicadas en la hecatombe del huracán Katrina. En mitad de un surrealista descampado, parte de una antigua base militar de la Segunda Guerra Mundial, se acumulan miles y miles de casas móviles que teóricamente debieron ser distribuidas con premura entre los damnificados sin hogar de la terrible temporada de huracanes sufrida el año pasado en el sur costero de EE. UU. En los días posteriores al Katrina, la denostada Agencia Federal de Gestión de Emergencias (FEMA) adquirió estos tráilers con un coste de cientos de millones a cambio de su inmediata entrega. Llegándo a ordenar unas 100.000 unidades. Pero ante una asombrosa incapacidad a la hora de repartirlos entre las víctimas necesitadas, Hope se ha convertido en una especie de Guantánamo para miles de estas viviendas prefabricadas, pagadas, entregadas pero nunca utilizadas. Y es que FEMA, con las prisas, se olvidó de la estricta prohibición federal contra viviendas móviles en zonas con evidente riesgo de inundaciones. Precisamente como las costas de Luisiana, Alabama y Mississippi, embestidas sin piedad por el Katrina. Estas regulaciones, junto a reluctancias locales ante la idea de crear permanentes campos de refugiados, han abortado los planes para desplegar este tipo de soluciones habitacionales Alquiler mensual El Ayuntamiento de Hope recibe todos los meses 25.000 dólares (unos 19.600 euros) en concepto de alquiler por toda esta irónica ocupación de casas desocupadas en torno a su aeródromo municipal. Además del boom económico que ha supuesto el despliegue de un pequeño ejército de contratados para mantener, organizar y vigilar esta ciudad de tráilers deshabitados. Con el paso de los meses, todos estos ingresos extras han perdido gradualmente su gran atractivo inicial. Además del bochorno de servir como escenario a este egregio mal uso de recursos públicos, la peligrosa temporada de tornados en Arkansas ha servido para recordar el peligro que supone toda esta acumulación de estructuras sin anclajes junto al pueblo de Hope con una población censada de 10.600 habitantes y otros tantos tráilers. Hasta el propio presidente Bush ha reconocido su enorme malestar por la situación kafkiana de Hope. Diversos congresistas han realizado televisivas visitas de denuncia y múltiples comités parlamentarios han puesto el grito en el cielo. Pero, pese a este intensivo y bipartidista aluvión de quejas políticas y reproches periodísticos, los tráilers siguen ahí reconvertidos supuestamente en un depósito para futuras emergencias. Y acompañados de rumores de un remate al mejor postor. Aunque el alcalde, Dennis Ramsey, admite que su municipio se ha beneficiado económicamente de esta situación excepcional, no deja de reconocer que toda esta historia no debería ser sobre Hope sino sobre la gente necesitada en Luisiana, Alabama y Mississippi Para Mike Ross, diputado demócrata por Arkansas, resulta intolerable como FEMA ha malgastado una fortuna para terminar almacenando tráilers totalmente nuevos y totalmente vacíos literalmente en un campo de vacas En el colmo de los colmos, FEMA se ha visto obligada a desembolsar otra partida adicional de varios millones de dólares para sus tráilers. Las casas móviles, en su precario estado, tienden a hundirse en el pasto cuando llueve. Con lo cual ha sido necesario recubrir una extensión adicional con grava para preservar del barro toda esta ayuda humanitaria. Los rebeldes talibanes son muy activos en Helmand, en cuyo territorio llevan a cabo ataques regulares contra las fuerzas británicas allí destacadas. Asimismo, tres policías fallecieron este domingo en otros actos de violencia, mientras que otros tres agentes fueron secuestrados tras el ataque de un grupo de talibanes a un puesto de control policial en la provincia de Ghazni (sureste) Además, dos militares de la coalición internacional y un afgano resultaron heridos cuando una bomba por control remoto estalló al paso de una patrulla en la provincia de Paktia, en el este del país. Mientras tanto, a 100 kilómetros al este de Helmand, la principal ciudad del sur de Afganistán, Kandahar, se recuperaba de los dos atentados suicidas perpetrados el sábado por sendos kamikazes cuya identidad no pudo ser verificada, ya que sus cuerpos quedaron totalmente destrozados según un comunicado del Ministerio de Seguridad. Los talibanes reivindicaron ambos ataques y afirmaron haberlos programado de forma que pudiesen causar el mayor número de víctimas posibles. Kandahar es el escenario de la mayor parte de los ataques suicidas perpetrados por los estudiantes de teología, derrocados del poder a finales de 2001 tras la entrada en el país de una coalición internacional liderada por Estados Unidos. Unos 60 militares extranjeros, 19 de ellos canadienses, han muerto en lo que va de 2006 en acciones de los rebeldes talibanes.