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32 Internacional VIENTOS DE GUERRA EN ORIENTE PRÓXIMO LUNES 24 7 2006 ABC ISRAEL Y LA ALIANZA DE CIVILIZACIONES SULTANA WAHNÓN finales de mayo, el jeque Hasan Nasralah, líder del Hizbolá, pronunciaba un discurso ante las cámaras de Al- Manar, anunciando que su organización contaba ya con más de doce mil proyectiles, entre misiles y cohetes, capaces de atacar todo el norte de Israel e incluso más allá. El pasado jueves 12 de julio y en una operación a la que no por azar se dio el nombre de Promesa cumplida Hizbolá penetró en territorio israelí, mató a varios soldados, secuestró a otros dos, y, sobre todo, comenzó a lanzar las anunciadas oleadas de cohetes, en concreto de eficaces cohetes Katiusha sobre ciudades del norte de Israel y sobre puestos militares del Ejército. Ante estos hechos, Israel, con la Carta de las Naciones Unidas en la mano y haciendo uso del derecho de autodefensa al que ésta autoriza en caso de agresión armada, emprendió una operación militar llamada Cambio de rumbo destinada no sólo a liberar a los soldados secuestrados, sino también y sobre todo a repeler un ataque, el de Hizbolá, que a día de hoy no ha cesado, que ha causado bajas civiles y militares y que sigue amenazando por tiempo indefinido a Israel en la que ya es una declara- A ción de guerra abierta por parte de la organización libanesa. Desde el punto de vista de la legalidad internacional, la situación es tan clara que ni siquiera Kofi Annan ha podido reprochar nada a Israel más allá de la posible desproporción de la respuesta. Se comprende, pues, el estupor que causaron las declaraciones de Rodríguez Zapatero en el mitin de Valencia, cuando dos días después de iniciado el conflicto y supuestamente bien informado de los hechos, arremetió contra Israel, reclamándole el cese de las hostilidades (sic) y exigiéndole que respetase la legalidad internacional (sic) al mismo tiempo que guardaba un sepulcral silencio no ya sobre el ataque de Hizbolá, sino sobre Hizbolá misma, a la que sencillamente no mencionó. Es cierto que días después, y a raíz de la polémica generada por estos hechos, el presidente del Gobierno rectificó, pero incluso en esta otra intervención, que no cabe imaginar improvisada, se limitó a rechazar la violencia de la organización terrorista, en tanto que era a Israel a quien seguía exigiendo que respetase la legalidad y cesase de inmediato sus acciones bélicas. Dos soldados israelíes rezaban ayer junto a una pieza de artillería AP Ni siquiera el consabido antisionismo del que a veces hacen gala los dirigentes de la izquierda española bastaría para explicar este discurso, sobre el que quizás pueda arrojar algo más de luz el vínculo que el propio Rodríguez Zapatero ha venido estableciendo a lo largo de estos días entre la actual crisis israelo- libanesa y la guerra de Irak. Al poner el énfasis en el presunto incumplimiento del principio de proporcionalidad por parte de Israel, relegando a un segundo plano la cuestión, mucho más esencial, de su derecho a la autodefensa frente a un ataque, la cuestión de debate puede seguir siendo, como lo fue ya en la guerra de Irak, la necesidad de que las naciones civilizadas combatan el terrorismo respetando escrupulosamente la legalidad internacional. De haber puesto en primer plano, en cambio, la agresión de Hizbolá, la discusión habría tenido que girar en torno a cuestiones más difíciles de resolver a partir de las premisas en que se apoya la propuesta a la que se ha dado el nombre de Alianza de Civilizaciones. Porque, al fin y al cabo, lo que esta crisis ha venido a poner de manifiesto es que, más allá de cuáles sean los factores que puedan estar en el origen del terrorismo, y más allá de cuál sea la manera correcta de luchar contra él a largo plazo, estaría el hecho indudable de que algunas organizaciones terroristas cuentan ya con la capacidad armamentística propia de un Ejército y de que, por lo mismo, pueden poner en jaque a un país entero, dando así lugar a una situación en la que nadie en su sensato juicio podría exigirle al país atacado que, en nombre de no se sabe qué legalidad internacional, pusiera fin a sus acciones bélicas, sin que antes hubiesen cesado las del ejército terrorista.